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-¿Qué quería ser de mayor?
-Quise ser futbolista, dibujante, parecerme a Rodríguez de la Fuente... Pero al final fui abogado y presidente del CD Fortuna. Nunca me imagine pasar más de media vida en este cargo, pero estoy contento, tranquilo y satisfecho.
-¿Qué le preocupa del futuro?
-Creo que vivimos en un mundo cuyo único valor es la competitividad económica, además de la deriva que lleva en cuanto a desigualdades sociales y pérdida de derechos. Me preocupa el legado que se vaya a dejar en ese ámbito.
-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito del deporte?
-Actualmente se encuentran dos polos opuestos. Por un lado, las disciplinas más seguidas se han convertido en negocios multimillonarios. En el extremo opuesto, el deporte base. El reto es conseguir que todo ese dinero que se mueve en el deporte de élite se revierta en el fomento del deporte de base y recreativo, lo que además revierte también en ganancia en salud física y mental.
-¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Espero que con una buena condición física para poder seguir haciendo lo que me gusta: ir al monte, andar en bicicleta... Pero, sobre todo, mantener la cabeza despierta y la mentalidad crítica, condición indispensable para seguir vivo
-¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?
-Gipuzkoa es un territorio muy pequeño con una presión humana muy grande. Me preocupa que se mantenga el equilibrio natural entre la humanización del territorio y la conservación de los espacios naturales. Espero también que se siga manteniendo la cohesión social.
-¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?
-La economía y la producción considero que están deshumanizadas. Y, aunque en Gipuzkoa llevamos una buena dirección en comparación con otros territorios, creo que hay que ser críticos y profundizar en el bienestar de los ciudadanos. Ese es el fin principal de cualquier institución. Para ello, creo que hay que intentar recuperar cierto control sobre la economía y dirigirla a garantizar la redistribución de la riqueza. Todo ello va a generar justicia, cohesión y paz social; va todo unido.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-Es válida siempre que se diga que el pasado ha sido hombre y que el presente sigue siéndolo. Me gustaría que el futuro fuera de las personas libres, independientemente del sexo. En el porvenir espero que no se tenga en cuenta, a la hora de desenvolverse, ni la distinción de género, pero tampoco la orientación sexual, ni ninguna otra. Está claro que todas las personas debemos tener los mismos derechos y oportunidades.
-¿Qué opinión le merece el programa de la Diputación Etorkizuna Eraikiz?
-Me parece positivo que los poderes públicos hagan una proyección del futuro en distintos ámbitos de la sociedad e intenten anticiparse profundizando en las buenas direcciones que se siguen y corrigiendo las erróneas.
-Aunque no se ha alcanzado el objetivo que se plantearon de una participación femenina del 30%, sí que se ha incrementado. ¿Por qué se pusieron esa meta?
-Vamos despacio porque hay una gran inercia social en cuanto a la participación de la mujer en todos los espacios activos públicos. No se puede hacer un giro brusco porque, además, hay casos en los que son las propias mujeres las que se resisten al cambio. Si no, mira el ejemplo del Alarde. Me hubiese gustado haber crecido más, pero en los 80 había un 10% de mujeres y en la edición actual rozaremos el 25%. Hay una evolución. En Estados Unidos tienen otra inercia y en las carreras de esta distancia hay ya mas mujeres que hombres. A nosotros nos está costando más, pero es cuestión de ir introduciendo cambios y actividades que contribuyan a visibilizar la participación de las mujeres. Es importante adoptar medidas, además de dar tiempo para el cambio.
-Los corredores de la Behobia, vengan de donde vengan, destacan la importancia del público apostado a pie de carretera. Esto traslada una buena imagen de Gipuzkoa y los guipuzcoanos, ¿no?
-La gente así lo traslada y la verdad es que es un gusto. La Behobia - San Sebastián tiene de base un recorrido atractivo, además de un público excepcional y una buena organización. Eso da sus frutos y, a día de hoy, es uno de los eventos deportivos más destacados de la ciudad. En el fin de semana que se celebra la carrera se genera un impacto económico importante que ronda los 19 millones de euros. Nos sentimos orgullosos de contribuir a la vida deportiva activa del territorio y al sostenimiento económico del mismo, aunque nos preocupa que haya sectores como el de los alojamientos que intenten aprovecharse del evento para aumentar su propia recaudación.
- ¿Qué supone para la Behobia el contar con el apoyo de Kathrine Switzer, la primera mujer que corrió una maratón con dorsal?
-Surgió la oportunidad gracias a la Univeridad de Deusto y había que aprovecharla. Es una suerte tenerla aquí y poder poner el foco en eso que logró hacer en 1963 y su significado en la historia. Aunque finalmente no pueda correr por una lesión, a sus 74 años es el mayor icono del feminismo deportivo.