Últimas monjas agustinas de Errenteria: «Es una pena decir agur a la que ha sido nuestra casa»
Las últimas monjas agustinas abandonarán el convento de Errenteria este próximo miércoles tras casi cinco siglos en los que «siempre hemos ayudado»
Pena, tristeza y algo de dolor. Eso es lo que siente sor Rosalía. No es para menos. Tras más de 65 años, esta religiosa y sus dos compañeras (de la orden de las Agustinas) del convento de la Trinidad en Errenteria dirán adiós a la que ha sido su casa este próximo miércoles. Un hogar que es parte de la historia de la villa galletera con casi cinco siglos de vida. Sin embargo, ha llegado el momento de decir agur. Y para despedirse de su gente, hoy celebrarán una misa a las 11.00 horas en la iglesia de la Santísima Trinidad.
A medida que pasan las horas aumentan esos nervios de los últimos días. El órgano acompaña las palabras de esta monja, entre las que se denota pena. Un pequeño dolor por marcharse ya no solo de su casa, sino de su vida. Ya que, como reconoce, «este ha sido mi hogar durante mis últimos 65 años». A pesar de ello, se muestra satisfecha por el trabajo que se ha realizado durante tanto tiempo. «Siempre hemos estado listas para ayudar a todo el que hiciera falta», recuerda mientras esboza una pequeña sonrisa.
No es para menos. Y es que más allá de las horas dedicadas a la reflexión y la oración dentro de las paredes del convento, sor Rosalía destaca que «aquí siempre hemos trabajado, y mucho». Algo que se confirma cuando se charla un rato con ella. A pesar de sus 92 años, que «en apenas unos meses serán 93», sor Rosalía continúa con ganas de ayudar. Quizás por ello evita que se le eche una mano a la hora de recoger unos libros, o bajar el tramo de escaleras. Ella mantiene la salud para seguir haciéndolo por su cuenta.
Algo que seguramente continuará en su nueva casa, el convento de Santa Mónica de Bilbao. Allí se reunirá con más personas de la congregación. «Ahora es el momento de que nos cuiden, porque tenemos ya una edad», subraya mientras sonríe. «Ya cada vez nos queda menos para ir al cielo», añade.
«Notamos que las personas a las que ayudábamos nos están agradecidas, y eso es importante», valora sor Rosalía a sus casi 93 años
No obstante, hubo un tiempo en el que fueron ellas quienes cuidaron del resto de personas. «Además de darle nombre al barrio, fuimos las agustinas quienes abrimos un colegio de San Agustín para que las madres pudieran dejar a sus hijos», asegura satisfecha. Una labor que se suma a muchas otras que han llevado a cabo en silencio. «Ha habido muchas ocasiones en las que hemos dado de comer a la gente sin techo». Situaciones que «no se olvidan».
Asimismo, recuerda cómo «dimos un techo a esos vecinos que realizaban obras en sus casas para que pudieran estar más tranquilos». Y es que, según subraya, «la comunidad siempre se ha distinguido por colaborar».
En esta línea, sor Rosalía afirma que «siempre hemos sentido que las personas a las que ayudábamos nos estaban muy agradecidas, y eso es algo que para nosotros es importante».
«Ahora tenemos que recoger»
A pesar de la edad, todavía queda trabajo antes de despedirse del convento. Por ello, tras bajar las escaleras que dan acceso al claustro que colinda con la iglesia, las figuras de las esculturas de los santos comienzan a ver el final de sus días en Errenteria. «La capilla interior ya está prácticamente recogida, quedan algunas cosas, pero el altar y las figuras ya las hemos sacado», asevera mientras continúa con un paso lento. Asimismo, enumera una quincena de estatuas que se ubican en el patio.
Los libros tampoco son una excepción. Uno de ellos es titulado 'Cantos de misa'. «¿Quién usará esto?», se pregunta. No tiene respuesta, pues no sabe qué sucederá a partir del miércoles. «No sé que pasará con el convento y con la iglesia, pero es una pena que después de tanto tiempo nadie se vaya a encargar de ella». Sobre todo cuando dicho edificio cuenta con un instrumento impresionante como es el órgano que se encuentra en la iglesia, una joya. «Era uno de los órganos favoritos de José Manuel Azkue», afirma.
En este aspecto, se pregunta por qué no se le da continuidad a esta labor. «No hay un relevo, y así es imposible seguir con este tipo de cosas», reconoce mientras coge una silla en la que poder sentarse. Una vez sentada, sor Rosalía saca su móvil y comienza a ver fotos de estos años. En ellas ve a sus compañeras sor Anunciación y sor Arantxa, quienes también se marcharán a Bilbao. También aparece sor Monserrate, quien ya dejó el convento junto a la superiora Jane, «que nos acogerá en Bilbao».
Hoy, «una bonita despedida»
Por su parte, a la hora de despedirse de Errenteria, sor Rosalía prevé que la de hoy será una jornada «muy especial». No es para menos. «Hay muchos vecinos que ya se han acercado para decirnos agur, pero este domingo haremos algo especial», asegura.
Para ello los preparativos también están supervisados por ella, demostrando que hasta el último día hay alguna tarea que realizar. A las 11.00 horas se celebrará la misa con el Coro Parroquial. Previo a ello, a las 10.15 horas la Banda Municipal de Txistularis estará por el barrio antes de que a las 10.45 se citen en la puerta de la iglesia. En el interior del templo, los dantzaris de Ereintza ofrecerán un baile. «Será algo muy bonito, y nos tocará despedirnos de muchas personas», asiente emocionada.
«Hay que intentar ser bueno»
En cuanto a la vida, sor Rosalía trata de transmitir con sus palabras los valores que realmente importan. «Para mí lo fundamental es que las personas seamos capaces de hacer nuestras cosas pero intentando no herir a los demás por el camino».
Las monjas agustinas serán trasladadas a Bilbao tras el cierre del convento errenteriarra, que no tiene asignada su futura utilidad
Asimismo, destaca que «tenemos que ir haciendo nuestra vida día a día, respondiendo a lo que Dios nos ha dado». En este aspecto, otra recomendación es «buscar el bien con naturalidad».
La religiosa también manifiesta una inquietud por diversos asuntos de actualidad que asimismo preocupan a la sociedad fuera del convento. Entre ellos destaca la vivienda. Sonriente, se pregunta «cómo puede ser que se construya mucha vivienda, haya cada vez menos nacimientos y todavía exista escasez». A pesar de ello, lo único que quiere es que «todos tengamos una casa en la que poder vivir».
Casi 500 años
En lo referente a la historia del convento, cabe destacar que se inauguró hacia 1543 por las hermanas Bárbara, Catalina y Mari Juan de Asteasu, apellido que podría hacer referencia al lugar de su nacimiento, aunque algunos autores afirman que eran vecinas de Errenteria.
Su fundación fue muy mal acogida al no contar con el consentimiento de las autoridades municipales, que ni siquiera fueron consultadas. El Ayuntamiento interpuso entonces un pleito tratando de conseguir -aunque sin éxito- la demolición del monasterio. Años más tarde un nuevo conflicto enfrentó al convento con el consistorio errenteriarra, ya que las religiosas optaron por prescindir de los servicios sacerdotales de los clérigos de la villa, trayendo otros de la orden Agustina e incumpliendo así una de las cláusulas de las capitulaciones firmadas.
Entre 1588 y 1604 se pensó en trasladar las monjas al convento de San Bartolomé, en San Sebastián, después de que se desechara la primera idea que era la de instalar a las religiosas en la basílica de la Magdalena. Sin embargo, no llegó a fructificar y el convento de la Trinidad aún subsiste en el lugar en el que se erigió.
Ahora, tras casi cinco siglos de vida religiosa, las puertas del convento permanecerán cerradas sin que por el momento se sepa qué ocurrirá después.
«El papa León XIV vino a visitar este convento hace una década»
Tras más de seis décadas es inevitable tener muchos recuerdos. Por ello, mientras revisa algunas de las fotos que tiene, sor Rosalía se pregunta si entre ellas aparece «alguna del Papa». Y es que como cuenta con gran ilusión «tuve la oportunidad de conocer al papa León XIV en una visita que realizó a Errenteria hace diez años», antes de ser nombrado pontífice. Asimismo, «también tuve la oportunidad de estar con él en una reunión internacional de las distintas federaciones de la Orden Agustina, en Madrid», y lo vio como una «buena persona, humilde y que creo que sin duda hará un buen trabajo». En este aspecto, destaca de él su «sencillez como persona, además de estar preparado para ayudar a quien haga falta».