Miren Dobaran: «Euskaraldia nos va a unir más, va a generar nuevas complicidades y ahuyentará recelos»

Miren Dobaran, como ahobizi de a pie, se prepara para la experiencia. «Tendré que cambiar de actitud», anticipa./MAIKA SALGUERO
Miren Dobaran, como ahobizi de a pie, se prepara para la experiencia. «Tendré que cambiar de actitud», anticipa. / MAIKA SALGUERO

«Hay que motivar a los belarriprest, reconocer el esfuerzo que han hecho y animarles a que se inscriban, porque son imprescindibles», afirma

NEREA AZURMENDIBILBAO.

«Miles y miles de personas» se han inscrito ya para participar, como ahobizi o como belarriprest, en Euskaraldia. Miren Dobaran está viviendo las semanas previas como responsable institucional y como ahobizi de a pie. «Con muchísima ilusión» en ambos casos.

- ¿Ya se ha inscrito para participar en Euskaraldia?

- La primera, en la presentación pública que se hizo en Iruñea, en cuanto se abrió el plazo. Me hizo una ilusión tremenda y fue un gran honor.

«El proceso está siendo increíble. Parece que se han alineado los planetas para que todo funcione»

«Las instituciones solas no habríamos llegado, y las asociaciones de euskera, solas, quizás tampoco»

- ¿Ahobizi o belarriprest?

- Ahobizi. Tuve mis dudas, pero entendí que esa era la mejor opción, que me tenía que comprometer a pronunciar la primera palabra en euskera, y a hablar en euskera con todas las personas que lo sepan.

- ¿Por qué dudó?

- Pensé en inscribirme como belarriprest para hacer un ejercicio de empatía con las personas que entienden el euskera pero no se atreven a hablarlo, porque todos tenemos nuestros miedos y nos ponemos nuestros límites. Hay que reconocerles el esfuerzo que han realizado, hay que animarles y hay que motivarles, porque son importantísimos. Al final, son los que nos dan la oportunidad de que podamos seguir hablando en euskera sin tener que cambiar de lengua. Me planteé esa opción como una manera de animar a los belarriprest a que se apunten.

- Dada la realidad sociolingüística del euskera, debería ser el grupo más numeroso. ¿Les está costando animarse?

- Ya sabemos, por las experiencias previas, que es el rol que más cuesta atraer, y es lógico. Es mucho más fácil no tener ningún problema para hablar y entender y hacerse ahobizi. La del belarriprest es una figura a la que no estamos acostumbrados, es un ejercicio novedoso. Normalmente, cuando una persona en un grupo no sabe euskera, o no está cómoda hablándolo, cambiamos de idioma. Lo que está proponiendo este ejercicio es que quienes todavía no son capaces de hablar con fluidez, pero sí de entender, nos ayuden a seguir hablando el euskera, aunque participen en la conversación en castellano.

- Sin embargo, el que tiene que romper inercias y arriesgarse a respuestas poco amistosas es el ahobizi.

- Desde ese punto de vista sí pero, por lo que hemos visto en las anteriores experiencias, quienes han dado ese paso son gente comprometida que asume esas incomodidades. De todas maneras, todo eso lo vamos a saber cuando acabe la experiencia, porque va a haber un trabajo muy serio de evaluación, entre otras cosas porque hay implicado dinero público. Este primer Euskaraldia es un ejercicio de prueba, y queremos saber qué problemas tienen los dos roles, que debilidades y que fortalezas.

- ¿Euskaraldia es también, además de un ejercicio colectivo, una especie de trabajo de campo?

- Así es. Todo el mundo pregunta por los 11 días, pero yo siempre digo que Euskaraldia empieza el día número 12, cuando se inicie la evaluación, que es la que realmente demostrará si sirve para fomentar el uso social del euskera; para cambiar inercias y hábitos, que no es fácil, y para ver por dónde deben ir las cosas.

- Antes de pensar en el futuro, ¿qué tal está siendo la fase de preparación?

- El proceso que se está produciendo en los municipios es espectacular. Yo diría que lo que está sucediendo es increíble. Vemos cómo a las comisiones que están preparando Euskaraldia se están sumando masivamente caras nuevas, caras jóvenes, caras mayores... Las salas en las que tienen lugar las reuniones se llenan con personas de todo tipo. Y eso, con lo difícil que es implicar a la gente, está siendo una de las partes más positivas de la dinámica que se ha puesto en marcha entre las instituciones de todo Euskal Herria y las asociaciones de euskera. En el caso de Gipuzkoa, por ejemplo, tengo que decir que la implicación tanto del Ayuntamiento de San Sebastián como del resto de los ayuntamientos es espectacular. Se ha hecho una apuesta clara, se ha creído en el proyecto, y de ahí la fuerza que está teniendo. Las instituciones solas no habríamos llegado, y las asociaciones de euskera, solas, quizás tampoco. En este proceso estamos aprendiendo a trabajar juntos, a acercarnos y a superar reticencias, y eso nos dará pie a seguir colaborando en otras muchas iniciativas.

- En la parte que le toca como Viceconsejera de Política Lingüística, ¿hay algo que le esté sorprendiendo especialmente?

- Me ha tocado estar en la comisión institucional, desde la que mantenemos reuniones con diferentes sectores y hablamos con todos para ver cómo se están moviendo las cosas. Y las sorpresas son continuas. La principal está siendo que, en lugar de tener que llamar nosotros a empresas, organismos o asociaciones, son ellos los que nos llaman diciendo que quieren participar, que ya están haciendo cosas por su cuenta... Las redes educativas, por ejemplo, se están implicando a tope, centro por centro. Por medio de ellos estamos llegando a muchos padres y madres a los que, de otra manera, no tendríamos acceso. Constantemente están ocurriendo cosas que no estaban ni previstas ni planificadas. Eso es algo nuevo que demuestra no solo el compromiso de la sociedad con la promoción del euskera, sino también su ilusión.

- En esta ocasión, a los ciudadanos no se les han dado eslóganes, se les ha dado el protagonismo. ¿Propuestas nuevas despiertan ilusiones también nuevas?

- Lo que se ha hecho hasta ahora ha sido un trabajo increíble, era lo que tocaba, pero había que dar un paso cualitativo para que todo eso llegara a la calle. Nosotros nos hemos encontrado con las condiciones idóneas: masa crítica suficiente, unos datos de transmisión excelentes, un muy buen entendimiento entre todas las instituciones y todos los agentes, incluso a nivel de sintonía personal... En ese sentido, parece que los planetas se han alineado para que todo vaya saliendo bien. También tenemos que destacar que nos hemos encontrado con Topagune, con gente joven, y nos hemos llevado una sorpresa enorme. A veces tenemos prejuicios injustos hacia los jóvenes, pero lo cierto es que, aunque tal vez no tengan mucha experiencia, están trabajando fenomenal y están sacando adelante un programa muy potente y muy completo. Hay que confiar más en la gente joven, que viene con ideas nuevas y muchas ganas de trabajar.

«No hay que forzar las cosas, participar en la iniciativa tiene que ser una experiencia agradable»

«Va a haber un trabajo muy serio de evaluación, entre otras cosas porque hay implicado dinero público»

Cambiar de actitud

- En la parte que le toca como Miren Dobaran, ahobizi, ¿cómo imagina los 11 días de Euskaraldia?

- Se que no va a ser fácil, nadie ha dicho que lo sea. Para ir preparándome, he hecho el repaso de mi día a día. En el trabajo no hay problema, el equipo vive y trabaja en euskera. Fuera, lo primero que he pensado es que voy a tener que cambiar mi actitud. Siempre voy con prisa. Voy a la frutería y digo «lo de siempre», sin pensar si la persona que me atiende, con la que siempre me he relacionado en castellano, también podría hacerlo en euskera. Durante el Euskaraldia, como se ha visto en las experiencias previas, cambia la actitud. Entras con una chapa, si eres ahobizi inicias la conversación en euskera, tienes que tomarte las cosas con calma, ser más empática...

- No me diga que además de hablar más en euskera vamos a ser más amables.

- Seguro. En eso también vamos a ganar. A la mayoría ese ejercicio nos va a unir más, va a generar nuevas complicidades y va a ahuyentar recelos. Muchos euskaldunes estamos muy acostumbrados a no 'molestar'. Si no conocemos al interlocutor iniciamos las conversaciones en castellano, o cambiamos rápidamente de idioma sin explorar otras posibilidades, es como si fuéramos siempre disculpándonos. Ese es, de hecho, el temor que tienen muchos ahobizis, pero creo que nos vamos a llevar muchas sorpresas, y casi todas buenas. Estoy deseando de que llegue el día.

- Quienes no consigan ahuyentar esos temores por su cuenta ¿tienen alguna ayuda después de inscribirse?

- Efectivamente, se está viendo que hay muchas dudas, pero hay recursos. Se está dando un 'minicurso' en el que se explican muy bien los roles. Hay que llevar ambos, tanto el de ahobizi como el de belarriprest, a situaciones concretas, y eso es lo que se está haciendo en muchos municipios. Lo que está claro es que no hay que hacer cosas raras, ni forzar situaciones, ni hablar con quien no hablarías nunca... Hay que integrar el ejercicio, en la vida diaria, y ejercitarlo siempre que veas que lo puedes hacer. ¿Qué sentido tiene empeñarse en hablar en euskera con quien sabes que no te entiende o no quiere entenderte? No será fácil, pero en cualquier caso tiene que ser una experiencia cómoda y agradable.

- No hay ningún rol para esos numerosísimos ciudadanos que ni saben ni entienden euskera. ¿No se corre el riesgo de que se sientan excluidos?

- En algunos municipios ya lo están trabajando, porque muchos se han acercado preguntando cómo podrían colaborar. Y lo pueden hacer de muchas maneras. Por ejemplo, de su respuesta depende en muchos casos la experiencia del ahobizi. Si te dice «no te puedo contestar en euskera, no te entiendo, pero estoy contigo y apoyo lo que estás haciendo» ya te está ayudando, y mucho. Obviamente, ese colectivo es importantísimo, en ningún caso se le puede dejar fuera. Euskaraldia puede ser la motivación para que, por lo menos, se planteen llegar a belarriprest.

- Los menores de 16 años también quedan fuera. ¿Cómo se les puede incluir en la experiencia?

- Además de con los mayores de 16, la mayoría de los centros ya están trabajando con los más pequeños de cara a los padres y madres. Por primera vez, se les están dando a los pequeños deberes para los mayores, y eso les encanta. Los niños no son tontos. Ven que los mayores les dicen que hablen en euskera, mientras ellos, entre adultos, hablan en castellano. Ahora se puede producir el efecto contrario, con una repercusión directa en las costumbres lingüísticas.

- Honestamente, ¿cree que en 11 días se puede cambiar de hábitos?

- Los expertos dicen que hacen falta 21 pero, honestamente, creo que en el día a día de cada uno habrá cambios. Hay ámbitos íntimos en los que es más difícil cambiar, pero si durante 11 días te acostumbras a hablar en euskera con alquien con quien antes hablabas en castellano, ¿vas a volver a cambiar el chip el día 12? No creo... De todas maneras, lo más importante es lo todo lo que vamos a aprender, y la incidencia que tendrá de cara al futuro.

 

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