La calle de la memoria
Charcos y hasta hierba dentro de los trolebusesLos trolebuses de la Compañía del Tranvía de San Sebastián empezaron a funcionar en julio de 1948. Con buen tiempo, no daban problemas pero en ... los meses fríos y lluviosos se llenaban de agua y resultaban ingratos. Hace 75 años, el 22 de noviembre de 1950, encontramos en el 'Sirimiri' de DV un comentario demoledor contra aquellos vehículos en los que incluso se formaban charcos. Leamos...
«Mucho se ha hablado y escrito de los trolebuses. Para la breve vida que tienen, tanto o más que los pobrecillos tranvías. Pero de éstos jamás se pudo decir con verdad lo que vamos a referir de los trolebuses (...)».
«Que llovía dentro de los tranvías -y de los trolebuses-; que las puertas del tranvía -y de los trolebuses- no cerraban; que entraba el aire en los tranvías -y en los trolebuses-; que había charcos en los tranvías -y en los trolebuses-; que lo que ustedes puedan imaginase de los tranvías -y de los trolebuses-. Todo esto y más».
«Pero ¿a que nunca se vio crecer la hierba en los tranvías? Pues en los trolebuses, sí».
Se ve que la humedad aportada por la lluvia más la tierra por la mala limpieza en el suelo de los trolebuses hacía que apareciesen por allí inesperadas briznas de hierba, con las que hacían sangre en aquel comentario de 75 años atrás...
«Además de llevar gente, bultos, cáscaras de fruta, charcos, puertas que no cierran, aire, goteras y etcétera, ¡llevan plantada hierba! La hemos visto, talludita ya, en el trolebús número 24 -'Igueldo'- frente por frente al estradillo del cobrador. Es de esperar que en el verano ofrecerán a los forasteros la novedad de 'parterres' floridos o de frutales», ironizaban.
¿Cómo se quedan? A todo esto, la mención al «estradillo del cobrador» nos recuerda que durante décadas los billetes no se pagaban al conductor sino al cobrador, que tenía su espacio en la parte trasera de los trolebuses.
Peligro en San Martín
El redactor de la sección 'Sirimiri', que aún no se basaba en las cartas de los lectores, se quejaba a gusto. Si dibujaba un trayecto en trolebús casi como un paseo por un jardín con tormenta, la víspera había comparado una visita al mercado de San Martín con una arriesgada carrera de obstáculos...
«Varias veces hemos solido advertir del peligro que corren las personas que van al mercado de San Martín, a causa del estado de suciedad de las escaleras de la entrada por la calle de Hermanos Iturrino (actual Arrasate) y del 'procedimiento' que, para echar las cajas vacías, emplean desde el piso superior dedicado a pescadería. Pero es inútil pedir limpieza y cuidado. Así, son frecuentes las caídas, golpes y lesiones».
«Presenciamos el día pasado cómo unas cajas que 'descendían' por la improvisada rampa, al tropezar con una señora que en aquel momento subía al mercado, la tiraron a tierra, lesionándola».
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