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1949 | Fiesta «espléndida» con «gente joven y divertida» en la Hípica

Jóvenes en una fiesta de gala en 1946./FOTOCAR / VICENTE MARTÍN
Jóvenes en una fiesta de gala en 1946. / FOTOCAR / VICENTE MARTÍN

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUI

Las muchachas estaban todas ellas con ataque de belleza» en una fiesta en la Hípica, que terminó «bailándose mucho y muy bien hasta la madrugada».

Nos colamos en una fiesta al viejo estilo, de jóvenes de alta sociedad a punto de casarse. Nos dejamos llevar por cómo se veían y se contaban las cosas entonces, hace setenta años, con la crónica de Pedro de Alcántara en la sección 'Ecos de Sociedad' que publicó nuestro DV el 5 de junio de 1949...

«Ayer, al anochecer, Maite Letamendía que, como ustedes saben en una chica guapísima (con permiso de su futuro marido, futuro perfecto y casi presente), recibió, junto con su dentro de poco consorte, a un grupo de sus íntimos, gente joven y divertida a quienes recibieron en la Hípica».

«Debería hablar de las flores y decir que las chicas que a la fiesta acudieron las hacían palidecer, pero lo malo es que eso está ya demasiado viejo. Las muchachas estaban todas ellas con ataque de belleza y los señores 'ositos', galantísimos, las atendieron en todo momento, bailándose mucho y muy bien hasta la madrugada».

«Juan Mari Araluce Villar, que es el feliz caballero que está al borde del... paraíso, ha dado un altísimo ejemplo que todos los caballeretes se proponen seguir. Por de pronto, empezaron a flirtear de lo lindo. Muy simpático el grupo de Tolosa. No cito nombres, por no patinar. 'Todo el mundo conocido' y, como he dicho, las damitas, elegantísimas».

«Mi padre fue testigo de boda de los padres de Maite. ¡Quién le iba a decir a él, cuando recién concluída su carrera se instalaba muy flamante en el presbiterio, que un hijo suyo haría esta crónica! Por eso mojo en tinta de cariño especial, deseando a los novios una felicidad plena».

«Vino medio Bilbao, y aunque no sé cómo será el otro medio, 'las muestras', colosales. Todo resultó espléndido. Después del copeteo de entrada, una magnífica cena, y a las once un tente en pie, que algunos maliciosos calificaron de tente tieso. Todo espléndido».