https://static.diariovasco.com/www/menu/img/gipuzkoa-memoria-desktop.jpg

1944 Después de tomar salmonetes, chuleta y tarta... se va a cenar

Estos comensales sin identificar parecen satisfechos./PASCUAL MARÍN
Estos comensales sin identificar parecen satisfechos. / PASCUAL MARÍN

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUISan Sebastián

Marchando una de estampas donostiarras de hace 75 años, todas relacionadas con el mucho yantar. Para empezar, unos hombres cenando... acaso por primera vez en la noche.

'Sirimiri', 6 de febrero de 1944: «En un típico bodegón, mano a mano, hacían ayer su afari-merienda dos popularísimos donostiarras: estaban comiendo unos salmonetes asados, rociándolos -mejor diríamos ahogándolos- en vino. Luego, sendas e impresionantes chuletas, igualmente bien regadas; y un trozo de tarta, también empapada. Café, copa y el 'farias' del racionamiento. Al terminar, uno de ellos -no diremos el nombre- se levantó diciendo que se iba a casa a cenar. El otro comentó: todos los sábados lo mismo, para que la mujer no le note que ha comido un bocadillo...».

En aquellos tiempos de penurias y hasta hambre para no pocos donostiarras, aquello de la doble cena sonaría especialmente llamativo. Cierta fijación había con las comilonas, porque al día siguiente aparecía la siguiente historia...

'Sirimiri', 7 de febrero de 1944: «Una docena de amigos se han reunido recientemente para comerse un cerdo de ciento cuarenta kilos. ¡Y se lo han comido! Así, a primera vista, la cosa parece imposible; y pensándolo bien, parece más imposible. Por mucha merma y muchos desperdicios -¿pero tiene desperdicios un animal cuyos interiores son chorizos y morcillas?- que tenga, les tocó buena ración a cada comensal; y se supone que, con tan fuerte y grasiento manjar, el líquido ingerido estaría en proporción. Bueno, pues para final, una botella de coñac por barba con el café y el puro. ¡Que aproveche, 'tripasais'!».

Un día después llegó cierta matización. 'Sirimiri', 8 de febrero de 1944: «No fueron doce, sino catorce los comensales del cerdo de ciento cuarenta kilos, según nos comunica uno de los 'atocinados'. De todas maneras es igual; tocan a una enorme cerdada por persona. Nada nos extraña que alguno -¿verdad, don Cástor?- haya tenido que guardar tres días de cama a dieta (...)».

 

Fotos

Vídeos