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1929 | Tras el baño, espera para vestirse por el colapso de las cabinas

Casetas de Ondarreta en 1929./FODO MARÍN / PASCUAL MARÍN
Casetas de Ondarreta en 1929. / FODO MARÍN / PASCUAL MARÍN

Mikel G. Gurpegui
MIKEL G. GURPEGUI

Hemos visto fotografías de las casetas de baños o cabinas que antaño, antes de las cabinas colectivas, había en las playas de la Concha y Ondarreta, pero no imaginábamos el jaleo que se montaba en ellas por la caótica acumulación de usuarios.

Nos lo explica un lector de 'La Voz de Guipúzcoa' en una carta publicada hace noventa años, el 19 de junio de 1929.

«Parece natural que la persona que alquile una cabina tenga derecho, por el precio estipulado, a usarla para desnudarse y vestirse, siendo suya mientras se baña, y fijándose para ello su pago con relación al tiempo que la tiene ocupada».

«Pues bien: en esta playa, el bañista alquila la cabina, y en cuanto se mete en el agua, el bañero, mediante otro pago, permite la entrada en la cabina, con el mismo objeto que al primero, a uno, dos o seis bañistas más, con el consiguiente lío de ropas, que se pone de manifiesto cuando al salir del baño uno de ellos comienza a buscar las suyas, revolviéndolas todas».

«Si a esto se une la falta de higiene que representa y la forzada espera para vestirse después del baño, se comprenderá la necesidad que existe de que por la autoridad de la playa se fije claramente el precio de la cabina y su limitado tiempo de alquiler».

«Gran concurrencia»

Gorrocha, en 'La Voz de Guipuzcoa' del 19 de junio de 1929, apoyaba la protesta y la trasladaba «a la Comisión de Sanidad-Beneficencia, que es la encargada del buen orden y funcionamiento de los servicios de la playa. Creemos sinceramente que, de momento, esto tiene una solución difícil, ya que -afortunadamente por otra parte- el número de cabinas es insuficiente para la gran concurrencia de bañistas».

«Pero a esto ha de ponerse un remedio, que facilitará la adquisición por el Ayuntamiento del balneario La Perla. Esperemos, pues; pero esperemos andando. Que no vale dormirse cuando en la puerta suenan aldabonazos».