1925 | Ampliación de la Librería Internacional
«Basta girar una visita, recorriendo sus galerías y alzando la vista a las surtidas anaquelerías, para cerciorarse de que está en condiciones de servir lo que se le pide»
Las librerías dedicadas exclusivamente a la venta de libros, es decir, que no combinasen tal función con la de papelería, tardaron en llegar a nuestra ... Donostia. Eso apuntaba Alfredo de Laffitte en su crónica semanal 'Notas de la vida donostiarra', publicada en 'El Pueblo Vasco' del 18 de noviembre de hace un siglo.
«En distintas ocasiones –dejó escrito– se han lamentado muchas personas de que en San Sebastián, población muy progresiva y adelantada, no se contase con una librería propiamente dicha, esto es, un centro en que exclusivamente se vendiesen libros. Había, sí, alguna que otra tienda mixta, de objetos de escritorio, papelería y libros; pero dedicada únicamente a la expedición de volúmenes y suscripciones, el almacén, por decirlo así, del espíritu, no existía».
«Y era sensible que nadie intentase llenar este vacío, alegando que aquí no se vende un solo libro».
Sacaba Laffitte a colación un texto de José María Salaverría en el que indicaba que entonces los literatos escribían más en los periódicos que en los libros...
«El libro es el lujo, el romanticismo, la tarea puramente platónica. Y entonces, porque los tiempos no tienen piedad y la vida no gasta contemplaciones, todos, pero lo que se dice todos los escritores, caen en la servidumbre del artículo, en la precipitación maquinista y cotidiana del periódico. En los periódicos españoles está actualmente la flor de la intelectualidad española».
«Modelo en su género»
En todo caso, para el año 1925 ya existían varias librerías en nuestra ciudad. El artículo, de hecho, surgía de la noticia de que la Librería Internacional de la calle Churruca había ampliado su local...
«Sin considerar lo arduo del negocio, y corriendo el riesgo de toda empresa montada con gran gusto, la antigua Librería y Papelería Internacional ha tenido el valor de ensanchar sus locales, convirtiéndolos en un modelo en su género y ampliando sus servicios con la adquisición de obras y suscripciones nacionales y extranjeras».
«Basta girar una visita al establecimiento –continuaba Alfredo de Laffitte–, recorriendo sus galerías y alzando la vista a las bien surtidas anaquelerías, para cerciorarse de que la nueva librería está en condiciones de servir lo que se le pide. ¿Que estas palabras redundan en beneficio de la Librería Internacional? Bien ganadas las tiene, y cuanto tienda al mejoramiento de los intereses públicos merecerá nuestro elogio».
Se congratulaba el colaborador del crecimiento de la Librería Internacional, sin olvidarse el 18 de noviembre de 1925 de las demás...
«Hay otras librerías en Donostia, muy acreedoras también de que las favorezcan las gentes: todas han mejorado, y entre las más significadas la centenaria de Baroja».
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