María Elósegui: «Aquí la corrupción es política, pero en muchos países implica a los jueces»

La catedrática donostiarra María Elósegui./AYGÜES
La catedrática donostiarra María Elósegui. / AYGÜES

La Catedrática de Filosofía del Derecho es una de los tres candidatos para ocupar la plaza española de juez del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

La donostiarra María Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho en Zaragoza, ha entrado en la terna que el Gobierno español ha presentado para ser uno de los jueces del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. En enero, la comisión de expertos primero y después la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, donde votan 324 personas, serán quienes tomen la decisión definitiva.

- ¿Por qué cree que reúne las condiciones para optar a ese puesto?

- Llevo cinco años trabajando en una comisión en Estrasburgo contra el racismo y la intolerancia. Durante este tiempo he visto de cerca cómo es el Tribunal de Derechos Humanos, su estructura, su funcionamiento..., y he comprobado que con la formación y con todos los años de compromiso puedo contribuir con mi experiencia. Además, soy mujer y puedo aportar una visión diferente.

«En materia de Derechos Humanos, en Europa somos unos privilegiados, hay una cultura sólida»

«Es un reto que nos viene grande a todos, pero tengo méritos y currículum para optar al puesto»

«Cuando elegían los gobiernos, se decía que las mujeres no quería aspirar al puesto. Se ha visto que no»

- Llama la atención que en un tribunal de 47 miembros hay poco más de una decena de mujeres.

- Hasta hace unos años eran los gobiernos quienes seleccionaban casi a dedo a los candidatos de cada país. Se decía que las mujeres no querían participar. Ahora, con el concurso abierto, se ha visto que ese argumento no es válido, que las mujeres queremos estar ahí.

- Entre los requisitos para acceder a este puesto se señala que los candidatos deben ser juristas de la más alta consideración moral...

- Sobre todo lo que se pide es imparcialidad, neutralidad e independencia. No es incompatible con la pertenencia a partidos políticos, pero es mejor no tener una vinculación con ellos. Si hay algo que puedo aportar es mi independencia. He trabajado en proyectos legislativos para distintas formaciones políticas, pero no estoy afiliada a ningún partido.

- Me imagino que el gobierno de cada país miembro tendrá su candidato favorito dentro de la terna que presentan. Esa imparcialidad política, no estar respaldada por ningún partido, ¿le puede lastrar a la hora de ser elegida?

- Efectivamente. La Asamblea Europea está formada por 320 parlamentarios de todos los países. Tiene una comisión, formada por una veintena de sus miembros, que deben ser expertos en Derecho, que examinan los curriculum y han rechazado muchas ternas porque entienden que no son imparciales porque son conscientes de que los gobiernos buscan gente afín para que se trate bien al país en el caso de que haya algún problema.

- Si sale elegida la responsabilidad tiene que ser enorme, teniendo en cuenta que el Tribunal de Derechos Humanos es el último recurso judicial que tiene el ciudadano.

- Sí y eso asusta. Hay muchos casos pendientes, unos 93.000. Lo que puedo decir es que hay mucho trabajo, tienes que sacar adelante muchos temas complicados, sensibles, siempre teniendo en cuenta que detrás de los papeles hay personas. Es importantísimo no perder de vista eso. Yo creo que tengo sensibilidad para empatizar.

- Lo mismo tienen que pronunciarse sobre la doctrina Parot que la talidomina o incluso si Berlusconi puede presentarse a las elecciones.

- Hay temas muy dispares. Al final todo se basa en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Todos son derechos y libertades, pero los niveles son muy diferentes dependiendo de los países, que son 47. Están los de transición del Este, que hay violaciones muy básicas en, por ejemplo, los derechos de los detenidos, torturas y otros temas graves como los desaparecidos, ataques a campamentos de gitanos...

- ¿Se puede considerar al Tribunal de Estrasburgo como una institución para la paz?

- Creo que sí. Uno de los temas fundamentales en los que se centra es la democracia y las libertades políticas. Los derechos políticos es un tema estrella en el tribunal. Todo lo que tiene que ver con la libertad de elección, los mecanismos de los partidos, la crítica al Estado, la oposición, la libertad en los medios de prensa... se protege mucho porque contribuye a la democracia.

- ¿El Tribunal de Estrasburgo se suele confundir con el de La Haya?

- Hay gente que lo hace. El de La Haya depende de las Naciones Unidas y por tanto tiene un carácter más internacional. Creo que lo que sucede es que hay bastante gente que no conoce el de Estrasburgo, que está constituido por 47 países, todos europeos. Otra diferencia es que a Estrasburgo pueden recurrir los ciudadanos particulares, mientras que a La Haya son los estados.

- ¿También los inmigrantes como aquellos que llegan en pateras?

- No hace falta ser nacido en Europa, basta con ser residente. Se tratan muchos de temas de inmigración y también, por ejemplo, de trata de blancas, prostitución... Los temas de inmigrantes ilegales, que son más vulnerables, o como el caso de las minorías gitanas en la República Checa y en Eslovenia que han acudido, suelen ser llevados al tribunal por ONGs o asociaciones vinculadas a ellos. Pero sí es obligatorio que antes de llegar a Estrasburgo hay que agotar los procedimientos judiciales internos como el Supremo y el Constitucional.

- Hay temas, como el rechazo a las expulsiones en caliente aplicadas por el Gobierno español, que implican directamente a un Estado y su buena imagen. ¿En esos casos hay muchas presiones?

- Sí, pero el Consejo de Europa tiene muchos más organismos además del tribunal. Hay comisiones más rápidas, que no son sentencias, que son avisos o recomendaciones. Se trata de una estructura con mucho control.

- ¿Cómo definiría a Europa en materia de Derechos Humanos?

- En general hay una cultura muy sólida de Derechos Humanos, sobre todo si se compara con lo que llamamos otras regiones como Latinoamérica. Estamos a años luz, siempre digo que somos unos privilegiados por tener estas instituciones, esta judicatura.

- ¿Qué no hay corrupción?

- Es otro tipo de corrupción, aquí es más política, pero en muchos países son los jueces los que están inmersos en ella. En Europa no se compra una sentencia con dinero. En España, los casos de corrupción que están saliendo es a costa de la profesionalidad e imparcialidad de los jueces. Hay que romper una lanza a su favor. En la mayoría de países europeos la democracia está consolidada. Después están los que se encuentran en transición del comunismo a países libres donde hay mucho lío.

- ¿Está ilusionada con este reto?

- Sí. Creo que es un reto que a todos nos queda grande, aunque los candidatos varones nunca lo crean. Yo lo reconozco, como también que tengo los suficientes méritos y currículum como para optar por el puesto. Conozco el derecho de muchos de los países que pertenecen al tribunal porque he vivido en el extranjero y he estado formándome porque, si salgo elegida, no solo tendré que juzgar temas relacionados con España.