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–¿Qué quería ser de mayor?
–Aún sigo pensando en ello. De pequeña quise ser veterinaria, astronauta… Deportista ni se me pasó por la cabeza. Hoy soy piragüista y cada vez me queda menos para serlo. No sé aún qué quiero ser; sólo que estoy a gusto así y que quiero seguir de la misma manera.
–Y hoy, ¿qué es lo que más le preocupa del futuro?
–Varias cosas. Para empezar, la inseguridad laboral. También cómo los medios de comunicación transmiten como algo positivo un consumo rápido, casi sin escrúpulos, y que los niños y niñas ven desde pequeños en la pantalla. Me preocupa qué puede suponer. Tanto, que en casa no tengo TV y mi hija la ve en contadas ocasiones al año. En Internet, muy de vez en cuando ve algo, porque no me gusta que vaya consumiendo esa publicidad que nos genera una sociedad de querer tenerlo todo.
En cuanto a la educación, creo que cada vez tenemos un acceso a la tecnología cada vez más frecuente, pero no sabemos qué uso correcto se le da. Con las redes sociales pasa algo parecido: sólo enseñan lo fabuloso, pero todos tenemos problemas y debemos salir adelante.
El consumo de alcohol, muchas veces bien visto, incluso en el propio deporte, y de drogas también me preocupa.
–¿Cómo evolucionará el deporte?
–Los Juegos Olímpicos o el Mundial de fútbol son un espectáculo y cada vez serán más visuales y rápidos, pero el deporte, a nivel social, también aporta salud, bienestar y valores, y en ocasiones choca con el espectáculo. Queremos que nuestros hijos o equipo ganen, sea como sea, pero el deporte debe ser algo limpio, caer y levantarte, animar a tu equipo y aplaudir al contrario cuando ha hecho una buena competición.
El deporte es educación, salud y algo muy positivo para la sociedad. Debemos trabajarlo bien. Cuando aprendemos a respetar al rival, además, aprendemos a respetarnos a nosotros mismos, a ser menos intransigentes. Todos vamos a ser molestados, pero también molestaremos.
«Quería ser madre y piragüista y la solución fue mover a la familia a La Seu d'Urgell»
–¿Cómo se ve en 10 años?
–En Gipuzkoa, pasando muchas horas viendo a gente entrenar en un canal de aguas bravas. Me encanta la cultura deportiva del territorio, la cantidad de gente que practica diferentes disciplinas y un canal daría otra opción de que la gente pueda practicar el deporte que quiere.
–¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese tiempo?
–Me imagino una sociedad próspera, igualitaria, donde no haya discriminación por sexo, raza o religión; donde podamos elegir el deporte que queramos practicar y una sociedad sana.
–¿Qué se puede hacer desde las instituciones para mejorar el bienestar colectivo?
–La educación es muy importante y desde ella se pueden cambiar muchas cosas. Por eso debe ser sin discriminación, igualitaria, enfocada en el individuo y que trabaje muchísimo los valores. Intentaré siempre no hacer algo a alguien que sé que a mí me molestaría.
–«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
–Espero que la mujer no sea sólo futuro. Somos la mitad de la población y lo mismo que la otra mitad. Es un buen eslogan, pero somos también presente. Ha habido una discriminación muy fuerte y se ha trabajado desde la educación por una igualdad real. Aún existen unas cuantas desigualdades. Es muy duro pensar que por haber nacido mujer tienes menos derechos, oportunidades o un trato peor. Mi hija de 5 años no ve diferencias entre hombres y mujeres.
«El deporte debe ser algo limpio, caer y levantarte, animar a tu equipo y aplaudir al contrario»
–En muchos deportes hay gran diferencia entre cómo se valora a mujeres y hombres. ¿Pasa esto en el piragüismo?
–Estoy en un deporte que es muy igualitario: todos tenemos las mismas oportunidades y trato. Incluso se han cambiado las modalidades de slalom para que sean las mismas en hombres y mujeres en los JJ.OO. y hemos empezado a competir en una modalidad mixta. Me siento una afortunada por entrenar y competir juntos hombres y mujeres.
–¿Cambiaría alguna de sus medallas por vivir desde dentro la emoción y la repercusión de la Bandera de La Concha?
–Cambiarlas, no; pero me encantaría, sí. Antes la vivía desde la piragua, pero ahora solemos estar fuera en esa época y me da pena no haberla vivido de cerca desde que la mujer está en el agua. Es muy especial.
–En su perfil de Twitter se define como «madre de Ane y piragüista de slalom». ¿Hay que sortear muchos obstáculos para compaginar la maternidad con el deporte de élite?
–Como en cualquier otro trabajo, aunque nosotros explotamos nuestro cuerpo; es nuestro medio para competir lo mejor posible. Los primeros años fueron duros: el embarazo, su recuperación, los cambios que experimenta el cuerpo, el año y medio que le di pecho… Xabi, el aita de Ane, es mi entrenador y, como cada familia, lo hemos solucionado como mejor hemos podido; en nuestro caso, moviendo a la familia a La Seu d'Urgell. Quería ser madre y piragüista, por lo que los primeros años Ane tuvo una cuidadora. Ahora es más autónoma y aprende a estar en la orilla. Eso sí, es una conciliación compartida.
–Fuera del agua, este año estuvo entre los cinco precandidatos al Tambor de Oro: ¿Cómo vivió ese reconocimiento?
–Me llamó Eneko Goia y fue una gran sorpresa. Me quedé en blanco. Es un aprecio de la ciudad y la ciudadanía, algo que me cuesta asimilar. Fue un gran reconocimiento.