«Mi madre dejó la quimioterapia porque se lo recomendó un curandero y ahora está muerta»

Cristina Beraza estaba casada y era madre de 2 hijos./DV
Cristina Beraza estaba casada y era madre de 2 hijos. / DV

Una familia denuncia por estafa a un naturista afincado en Gipuzkoa por inducir a su madre a dejar el tratamiento contra el cáncer que padecía

DAVID S. OLABARRISAN SEBASTIÁN.

«Mi madre tenía un cáncer de ano. Los médicos decían que no era tan grave, que tenía buen pronóstico y se podía curar con el tratamiento adecuado. Un día fue a una herboristería porque quería adquirir laxantes naturales. Los que le habían recetado no le sentaban muy bien y buscaba algo más suave. Fue allí donde le hablaron de ese curandero de Hondarribia, que decía que había estudiado medicina oriental. Poco después dejó la quimioterapia. Y dos años después murió en el hospital. El cáncer se le había extendido por gran parte del cuerpo. El curandero hacía semanas que ya ni nos cogía el teléfono».

La que habla es Elena Pérez Beraza, la hija de Cristina. Su ama murió con apenas 53 años. Fue hace un año, pero todavía hoy tienen muy presente todo lo que pasó en el tiempo que transcurrió entre que a su madre le diagnosticaron de cáncer y hasta que murió dos años después. Pasaron momentos muy duros. Elena reconoce que ella también llegó a creerse las «cosas» que decía el «naturista», nacido en Córdoba y afincado en Gipuzkoa, cuando le acompañaba a su «consulta». «Le decía que el cáncer estaba en su cabeza. Que si no dejaba el tratamiento de quimioterapia y radioterapia acabaría en una caja de pino. Cada vez estaba peor. Hasta que entró en fase terminal. Todavía ahí, en su última 'consulta', cuando ya no podía salir de casa, esta persona le decía que no tenía ninguna célula cancerígena», recuerda, indignada, esta joven guipuzcoana.

«A mi marido le dijo que los médicos le estaban dando veneno. Que si le hacía caso volvería a andar»

Por eso, el dolor inicial por la muerte de su madre dejó pronto paso a la impotencia y a la rabia. Y por eso se decidieron a acudir a la comisaría de la Ertzaintza para poner una denuncia contra Juan José G. Se trata de una denuncia por estafa. Le responsabilizan directamente de que su madre decidiese abandonar el tratamiento de Osakidetza. La cantidad de dinero supuestamente estafada ascendería «a unos 15.000 euros» entre las «consultas» del naturista -que suponían unos 120 euros cada una- y los productos que le decía que comprase en la misma herboristería cada diez días.

«Que no vuelva a pasar»

Este individuo tiene, al menos, otra denuncia por estafa, aunque sus denunciantes afirman que «pasaba consulta» a enfermos de diversos territorios. Esta otra denuncia fue presentada por un hombre con una enfermedad degenerativa, también residente en Hondarribia, al que supuestamente recomendó dejar seis de los ocho medicamentos que estaba tomando en aquel momento. En este caso, fue Susi, su mujer, la que acudió a la Ertzaintza. Lo hizo poco después del fallecimiento de Cristina -que era amiga suya y que fue quien le aconsejó que acudiese al naturista- y cuando recordó que el estado de salud de su marido empeoró de forma notoria «siguiendo sus indicaciones». Este periódico trató ayer de ponerse en contacto con el denunciado, pero no contestó a las llamadas ni a los mensajes. Por su parte, una responsable de la herboristería en la que supuestamente recomendaban sus servicios y que suministraba los productos que esta persona recetaba aseguró que la decisión de dejar la quimioterapia fue de Cristina. También afirmó que ya no colabora con ellos.

Ambos casos están siendo investigados por un juzgado de instrucción. Elena, en todo caso, subraya que su decisión de denunciarle persigue, sobre todo, que «a nadie más le vuelva a pasar algo así». Esta joven también ha aportado a la Policía vasca un diario que su madre escribió durante su enfermedad. Aquí -dice- se puede comprobar hasta que punto estaba influenciada por el naturista. También les ha entregado las hojas en las que escribía el tratamiento que debía seguir y los productos que debía comprar. Escritos que se encuentran sin firmar.

Tres meses de 'quimio'

Elena acudió a muchas «consultas» con su madre. Afirma Juan José G. le dijo que no podía decir «a nadie» -sobre todo a los doctores que la estaban tratando- que iba a iniciar un tratamiento con él ya que, según relata la joven guipuzcoana, sus métodos no estaban «bien vistos» por los médicos. En agosto de 2015, tres meses después de iniciar el tratamiento de quimioterapia, solicitó su suspensión. A partir de ahí -censura- sustituyó la sanidad pública por «costosas» sesiones de una hora de duración. Un espacio de tiempo en el que el denunciado dedicaba 10 minutos a palpar el cuerpo de Cristina y el resto, a decirle que no tenía células cancerígenas, que todo estaba en su cabeza.

Susi Hernández era amiga de Cristina. De hecho, acudió al naturista aconsejada por ella para tratar de buscar soluciones a una enfermedad que a su marido le está dejando sin poder caminar. «Nos soltó que la medicación que le estaban dando era veneno. Y nos aseguró que si seguíamos sus instrucciones la próxima vez que nos viese mi marido vendría andando», relata. Su esposo volvió pronto a hacer caso a los médicos. «El problema es que a Cristina le convenció para que no hablase con nadie. Tenía fe ciega en él», lamenta Susi.

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