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Daniel Zubillaga posa ante un montón de maderas almacenadas en su pabellón para que sean cortadas. FOTOGRAFIAS LOBO ALTUNA

La madera, una opción cada vez más demandada

Temporal. La llegada del frío dispara el consumo de este combustible, aunque según el maderero Daniel Zubillaga los más previsores ya empezaron a almacenarlo en primavera

Viernes, 21 de noviembre 2025, 01:00

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Cuando el frío aprieta... manta, unas txapinas y un buen libro pueden ser la mejor opción para algunos tras encender la calefacción, la chimenea de leña o la cocina económica (los más afortunados). Para ello, es imprescindible contar con un buen montón de leña, porque «aunque creas que has amontonado para todo el invierno, nunca hay suficiente en nuestra casa», comentan entre risas unas vecinas de Leitza.

En la localidad ya han visto caer los primeros copos de nieve este año e incluso un imponente manto blanco ha teñido los montes de Eguzkizko muinoa, Bastarloa o Guratz. Mientras los bucólicos disfrutan de las bellas estampas y los más pequeños preparan los trineos para deslizarse por las campas, son muchos los que se acercan a la empresa Maderas Zubillaga Saralegui para encargar o llevarse leña con la que calentar sus casas mientras el termómetro ronda los cero grados.

Daniel Zubillaga es el encargado de la empresa leitzarra y reconoce que «ha sido un otoño inusual, porque no se ha notado el frío hasta ahora, pero en cuanto hay previsión de nieve, la gente se apura y empieza a encargar». El lei-tzarra reconoce que «la gente mayor, que durante años se ha encargado de preparar la leña para consumo propio, nos llama en mayo y desde la primavera la tiene colocada y preparada para cuando empiezan los primeros fríos».

Meses de secado

Es habitual encontrarse esas paredes de madera apilada casi perfectas pegadas a los caseríos. Colocadas como piezas de un panel de Tetris que se mantienen inamovibles, mientras reciben un baño de sol antes de ser consumidas, ofrecen una bella estampa. Antes, esa madera permaneció durante meses en el monte o en el almacén de los Zubillaga Saralegui. Unos seis meses, más o menos, en el monte. «Si traemos madera húmeda al almacén, se pudre; por eso la traemos todo lo seca que se pueda», y en su mayoría es madera «de haya, aunque también solemos contar con algo de roble del Norte o autóctono; el 90% de lo que destinamos a consumo doméstico para su combustión es madera de haya».

El leitzarra reconoce que «nos dedicamos a la extracción de madera de los bosques de Gipuzkoa y Navarra, sobre todo. Parte de esos árboles los destinamos al consumo doméstico y, cuando nuestros operarios no pueden trabajar en el bosque, aprovechamos para preparar los leños que después trasladamos a los domicilios».

Zubillaga ofrece «leños de dos medidas, de unos 40 centímetros, que son los más consumidos por los clientes que tienen fuego bajo, y de unos 30 centímetros para las cocinas económicas. También hay gente que se lleva los troncos enteros para después cortarlos en casa a su gusto, en cuanto a la medida o lo seco que lo quieran».

«Al inicio de la guerra de Ucrania hubo un repunte del consumo de madera, por si afectaba al suminitro de gas y gasoil»

«La mitad de la madera de un árbol es agua, por eso es importante que esté bien seca. Por eso, calculamos una tonelada de madera, pero cuando un cliente me pide madera, yo le ofrezco el material que entra en un carro de 4 metros cúbicos; aunque la manera de denominarse es estéreo, ese metro cúbico con espacios libres, ya que los leños no encajan a la perfección». Un término poco utilizado por la mayoría de los mortales, pero que el leitzarra traduce como «cuatro metros cúbicos, son más o menos 2.500 kilos de madera», a lo que añade «2.500 kilos con toda la humedad correspondiente, por lo que una vez seca, pesará menos, pero es el mismo volumen de madera».

Daniel Zubillaga reconoce que «en mi casa, yo necesito unos diez mil kilos de leña al año. Yo tengo una caldera de llama invertida que me calienta el agua de un acumulador de 2.000 litros que utilizo tanto para la ducha como para la calefacción, pero el consumo varía mucho en cada caso, ya que hay gente que tiene económica y la enciende casi todos los días, por lo que es difícil decir cuánto se consume».

Guerra de Ucrania

El ojo de Daniel ya sabe perfectamente si un tronco está lo suficientemente seco, o no, para ser destinado a su consumo en una casa. Años y años de experiencia y seguir los pasos de sus progenitores, ya que su madre Esther ha trabajado también en este oficio, le han dotado de mucho conocimiento en un sector que exige mucho esfuerzo físico, pero también empresarial.

Las cosas no están fáciles para los que se dedican al sector maderero, pero el leitzarra junto a su hermano Aitor continúa con el legado de sus padres. «Hace unos tres años, tras el inicio de la guerra de Ucrania, hubo un repunte exponencial del consumo de madera doméstica. La gente recuperó el hábito de encender las chimeneas por el temor que se extendió de que iba a afectar al suministro de gas y gasoil, porque se temían que iba a encarecerse mucho su precio, así como el de la luz eléctrica».

«La leña elaborada la vendemos en estéreo a 66 euros, pero antes de la guerra estaba a 60 euros»

Aunque sorprenda el dato, Zubillaga tiene claro que «el precio del gasoil repercute directamente en la demanda de madera». Cuando el precio del petróleo se encarece, la gente recurre a la madera». El precio de la madera también ha subido, «especialmente hace tres años, coincidiendo con el inicio de la guerra. Desde entonces se mantiene. La leña en rollo se vende ahora entre 65 y 75 euros la tonelada en base al transporte. La leña elaborada, en este momento, la vendemos en estéreo a 66 euros, pero antes de la guerra de Ucrania estaba a 60 euros; por lo tanto, esta no ha afectado tanto a este tipo de combustible como al gasoil o el gas doméstico».

«Creo que la gente también está muy concienciada en que el consumo de madera es bueno para el medio ambiente, de manera controlada», asegura Zubillaga. La extracción de madera ayuda a limpiar los bosques y rejuvenecerlos, según su parecer. «No se puede negar que el consumo de gas y electricidad es más cómodo porque le das a un botón y ya está. Además, es más limpio y no te supone ningún esfuerzo a priori, pero la gente es más consciente de la repercusión ambiental por su consumo».

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