Lances en defensa del honor

Lances en defensa del honor

Durante siglos, también en Gipuzkoa, los duelos han sido la forma de dirimir ofensas que han utilizado todos los estamentos sociales, desde militares, aristócratas, abogados, políticos, literatos a profesionales liberales

Antton Iparraguirre
ANTTON IPARRAGUIRRESan Sebastián

¿Protagonizaron Caín y Abel el primer duelo de la historia de la humanidad? Tal vez. Lo que sí es cierto es que los germanos fueron los que extendieron por Europa en la Edad Media los lances de honor basados en un código supuestamente caballeresco. Durante siglos han sido la forma de dirimir ofensas que han utilizado todos los estamentos sociales, desde militares, aristócratas, abogados, políticos, literatos a profesionales liberales. Tal vez existan en la actualidad de una forma clandestina, ya que sigue siendo delito. En San Sebastián hace cien años había tanto duelista que hasta los médicos lanzaron una voz de alarma.

Afortunadamente, las disputas a espada o pistola que acababan con la muerte de un contendiente eran infrecuentes. En España entre 1870 y 1930 sólo se conocen oficialmente media docena de fallecimientos. Según los historiadores, el último -al tratarse de una actividad clandestina puede que alguno posterior no se documentara- fue en Zaragoza en 1906. Uno de los dos periodistas que se batieron murió de un tiro en la espalda -era Juan Pedro Barcelona- y el otro, Benigno Varela, pasó casi un año en la cárcel hasta ser amnistiado por el rey Alfonso XIII.

El último gran duelista español fue 'El Caballero Audaz', que era como firmaba el periodista falangista José María Carretero, que acabó escribiendo novelas eróticas. Otro dato curioso es que, supuestamente, los capitanes Dupont y Fournier, del ejército francés, fueron los protagonistas del duelo más largo, ya que duró de 1794 a 1813. Ya en pleno siglo XXI, copó los titulares que en 2015 un general retó al actor Willy Toledo a un «duelo a muerte» por unas polémicas declaraciones del artista el día de la fiesta nacional, 12 de octubre.

En los tiempos de los Reyes Católicos los lances de honor tenían tanto éxito que los monarcas se vieron obligados a publicar en 1480 en Toledo una pragmática prohibiéndolos en todo el reino. Aunque lo cierto es que el soberano castellano desafió en una ocasión al rey de Portugal. El duelo se incluyó como delito en el Código Penal a principios del siglo XIX. Se condenaba con el destierro a quien aceptara o propusiera el duelo; con el arresto mayor si el enfrentamiento se verificaba sin consecuencias; con la prisión menor si se producían lesiones graves y con la prisión mayor si se abatía en duelo a su adversario. Los padrinos, cómplices y responsables de los retos incurrían en las mismas penas. Por parte de la Iglesia existía la amenaza de excomunión y la privación de cristiana sepultura. Pero estas amenazas no evitaron que los duelos se fueran extendiendo por todo el Estado. Gipuzkoa no era una excepción, con casos de lo más curiosos y variopintos.

La singularidad de Gipuzkoa Todos los guipuzcoanos podían batirse en duelo al ser hidalgos

El historiador donostiarra Carlos Rilova Jericó publicó en 1998 el libro 'El honor de los vascos: El duelo en el País Vasco, fueros, nobleza universal, honor y muerte', en el que reconstruye más de 500 expedientes judiciales. Relata casos ocurridos en Gipuzkoa entre los siglos XVI y XVIII. Lo primero que destaca es que a partir del siglo XV el régimen foral convirtió a los plebeyos vascos y navarros en nobles e hidalgos, lo que les permitía batirse, algo que en el resto del Estado solo podían hacerlo los miembros de la aristocracia. Mantiene, además, que la hidalguía universal no era un simple instrumento retórico en manos de los políticos de la época, sino un sentimiento verdaderamente interiorizado por todos los guipuzcoanos durante la Edad Moderna.

Según detalla el Padre Larramendi en Gipuzkoa únicamente estaba vetado llevar a cabo un lance de honor a los tejeros y a los cortadores de carne. Sin embargo, Rilova detalla en su libro el caso un carnicero de Irun que se batió en duelo porque su opositor le había llamado cornudo. Es curioso también que las luchas banderizas posibilitaron que muchos guipuzcoanos fueran diestros con la espada a la hora de batirse en duelos, al igual que su participación en los ejércitos del reino los siguientes siglos. Aunque los lances de honor también se podían resolver con palos, bastones o makilas, algo que ocurría en las clases más modestas que no podían permitirse un sable por dinero o debido a que carecían de la pericia suficiente para garantizar un uso victorioso del mismo.

Al igual que ocurría en el resto de Europa, los duelistas guipuzcoanos casi nunca se enviaban un mensaje para citarse a duelo en las afueras de la localidad en la que residían. Casi siempre era la ofensa en público y la reacción inmediata con todos los presentes en aquella ofensa, que se convertían en testigos. Ellos certificaban la venganza a esa deshonra que desembocaba con las armas en la mano.

Los motivos del litigio podían ser tanto las afrentas al honor como las disputas por bienes materiales. Desde ganado hasta unas lindes de un terreno o una propiedad inmobiliaria. Para un noble lo más ofensivo era acusarle de mentiroso. Pero un duelo también podía estar motivado por empujar o no ceder el paso a otra persona, fuera declarado enemigo o no, ya que se consideraba una gran falta de respeto. Otra razón era tratarle de 'vos' en lugar de 'vuestra merced'. Propinar al contrario una bofetada era mayor deshonra que un puñetazo. La espada era el arma más utilizada en los lances de honor y los duelistas se veían obligadas a escoger entre continuar afirmando su nobleza, defendiéndose con la espada, o renunciar a tal condición.

A las espadas y sables les fueron sustituyendo las pistolas. La comercialización de las armas de fuego se inició a partir de 1770. Para los duelos se fabricaban siempre por pares. Se presentaban a la venta en estuches de madera que contenían múltiples accesorios para la carga, manejo y limpieza de las pistolas. Generalmente, un cebador, un molde para fundir las balas de plomo, una varilla de madera para cargar las armas ante la carga, un mazo de madera y un pincel para limpiar los restos de pólvora, papel para munición, balas de plomo…. El elevado precio de las cajas hacía que sólo pudieran ser adquiridas por clientes con cierto poder económico. Hoy día los descendientes de los compradores los guardan como objetos pertenecientes a su histórico patrimonio familiar. A los que tal vez les parece honroso ese pasado los venden en internet a través de páginas especializadas. Una pareja de pistolas de duelo avancarga fabricadas en Eibar en el siglo XX, y con su estuche de madera de caoba, se puede adquirir por más de 2.500 euros.

Estos son algunos de los duelos conocidos en Gipuzkoa.

Zumarraga 1555 En defensa del honor de su padre, el señor del solar de Zabaleta

En el libro 'Ensayo de un padrón histórico de Guipuzcoa, según el orden de sus familias pobladoras', escrito por Joaquín Muñoz-Baroja y publicado en 1928 por la editorial La Primitiva Casa Baroja, se relata la historia del zumarragatarra Santuru de Zabaleta y Zabalo, señor del solar de Zabaleta, que sirvió al rey Felipe II en la guerra con Francia el año 1558, cuando los guipuzcoanos quemaron San Juan de Luz, y también el año 1565 en el recibimiento de la reina Isabel de Valois. En 1555 Santuru de Zabaleta y Zabalo fue procesado por pendencia con Juan Pérez de Beidacar debido a un altercado que éste mantuvo con Juan de Zabaleta, su padre. El autor narra que el día de San Marcos, después de misa, y al salir del Ayuntamiento, tratando sobre castaños plantados en lo concejil, como Santuru terciara en la discusión, le atajó Beidacar diciendo despectivamente: «Ya le tomaría cuenta en otra parte á él, con sus ojos de ratón». No rehuyó el lance Zabaleta, y, en cuanto se vieron fuera del casco urbano, camino de sus solares, desenvainaron las espadas y comenzaron a lanzarse certeras cuchilladas. Pero algunos vecinos que les habían seguido cautelosamente y lograron detener a los contendientes y llevarlos ante las autoridades. El licenciado Soraiz, alcalde ordinario de Villarreal, les condenó a ambos el 15 de mayo a la prohibición de portar espadas. A Santuru, además, al pago de dos ducados de oro, a Beidacar de quince reales y a Juan de Zabaleta a un ducado. Ese dinero era para gastos de Justicia y obras públicas. Los tres abonaron esas cantidades y pudieron abandonar la prisión.

Zumarraga 1581 El esclavo que terminó en galeras por batirse con un noble de Azkoitia

Otro duelista singular fue Francisco de Aizpuru. Era un esclavo liberado afincado en Zumarraga que en 1581, tal vez olvidándose de su condición, se atrevió a batirse en duelo con Domingo de Mujika, un noble de Azkoitia. Nacido en Santo Tomé y de 30 años, Francisco de Aizpuru trabajaba como labrador al servicio de Miguel de Aizpuru, que lo heredó de su hermano Juan. El motivo de la disputa fue, saliendo de misa y en presencia del alcalde, en respuesta a la paliza que recibió mientras estaba sirviendo en una boda por parte de Domingo de Mujika, el capitán Hurtado de Salzedo y Tomás de Gurrutxaga. Fue atado, pateado y apaleado. Sufrió heridas en el rostro y en un brazo. Durante el juicio no fue defendido por su amo. Incluso pasó a ser llamado 'Francisco Esclavo', en lugar de Francisco de Aizpuru. Fue condenado a azotes, escarnio público y galeras. Los agresores fueron obligados a pagar las costas del proceso.

San Sebastián 1659 El sacerdote que se dueló con un artesano platero en la Parte Vieja
Espada de conchas del siglo XVII.
Espada de conchas del siglo XVII. / Museo San Telmo

Un duelo curioso tuvo lugar en San Sebastián en 1659. Cuatro vecinos estaban jugando a cartas y dados en una taberna de la Parte Vieja. Uno de ellos, el sacerdote Juan de Ibarra, tuvo un altercado con Domingo de Garay, artesano platero. Se desafiaron a salir en duelo a la calle San Jerónimo. El joyero cayó muerto a tierra de una estocada penetrada por la espalda, sin que sus amigos -que habían salido rápidamente del local tras él- pudieran hacer nada por impedirlo. El cura se refugió en el convento de San Telmo, y de una de sus ventanas arrojó sus armas al mar. Según las crónicas de la época la mujer del fallecido «estaba entonces preñada y junto a su hija han quedado desamparadas». Se subrayaba que la muerte se había realizado con gran violencia y se hacía hincapié en que, «sin atender a la obligación de su hábito sacerdotal y con poco temor de Dios, y en gran cargo de su conciencia… Juan de Ibarra lo mató, pero también tienen culpa los que lo consintieron y se hallaban presentes y no lo estorbaron, pudiéndolo hacer, de lo que quedó escandalizado todo el pueblo. Y además por el enfado que tuvieron con el dicho difunto entre todos le dieron muchos golpes y le rompieron la valona y arañaron su pescuezo. El fiscal por todo ello pide las más graves penas…». Se ordenó el ingreso de Juan de Ibarra en la cárcel y que «se publique censuras en la iglesia parroquial de Santa María y San Vicente en las puertas principales». Posteriormente se dictó su destierro de la ciudad. Sin embargo, el cura había conseguido llegar hasta el convento de San Francisco, extramuros de la ciudad, y posteriormente huyó a Roma.

Zumaia 1679 El carpintero que retó al hijo de un 'jauntxo'

Carlos Rilova narra en su libro el caso de Juan de Ayalde, que aparece en la portada. El duelo tuvo lugar en Zumaia en 1679. Fue la disputa entre el hijo de un carpintero y un miembro de la poderosa familia Idiáquez. El primero dirigía una kalejira, en las fiestas, a la que no invitó al segundo. El conflicto se resolvió con un duelo, cuando en otras localidades del Estado el poderoso podría haber apaleado o matado impunemente a quien le ofendía, al ser ambos guipuzcoanos eso no era posible.

San Sebastián 1685 El enfrentamiento entre cónsules por el tamaño de los barriles de grasa de ballena

Otro caso que ha quedado para la historia se produjo en 1685 en San Sebastián. Sus protagonistas fueron Juan Beltrán de Irizar y Martín de Lanz. Prior y cónsul del recién erigido consulado, respectivamente. Ambos pretendieron, en contra de lo estipulado por los Fueros de Gipuzkoa, reducir el tamaño de los barriles de grasa de ballena. A esta medida se opuso el otro cónsul, Santiago de Arribillaga. La discusión derivó en un duelo de espadas, aunque sin graves consecuencias físicas, más allá de los golpes y de alguna que otra poco grave estocada. Este lance motivó la intervención judicial del alcalde de San Sebastián. El regidor les ordenó en un auto que no volvieran a protagonizar ningún otro enfrentamiento armado. El conflicto no volvió a tener un carácter bélico, prosiguió por la vía judicial, en la Chancillería de Valladolid.

Dos espadachines guipuzcoanos muy letales La temida 'Monja Alférez' llegó a matar a su propio hermano

Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez, y Antonio de Oquendo y Zandategui
Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez, y Antonio de Oquendo y Zandategui

En los siglos XVI y XVII también había ilustres donostiarras que se destacaron como avezados duelistas. Uno de los más letales fue nada menos que Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez. Nacida en San Sebastián en 1592 y fallecida en el Virreinato de Nueva España en 1650. No resulta extraño si se tiene en cuenta que su primer duelo fue una pelea a puñetazos con otra monja, lo que hizo que con 15 años decidiera escaparse del Monasterio de San Bartolomé e iniciar una nueva vida en Sudamérica. Comenzaba el mito de una mujer de armas tomar que pasaría a llamarse Francisco de Loyola, aunque posteriormente lo cambiaría por otros nombres. Abatió a su tío de un disparo y le robó 500 pesos. Ya en Chile, actuó como padrino de uno de los duelistas y tuvo que luchar contra el padrino adversario. Cuando lo atravesó con la espada mientras moría le dijo que se llamaba Miguel de Erauso y era secretario del gobernador, con lo que se dio cuenta de que había matado a su propio hermano, siendo encarcelada ocho meses. Luego incluso llegó a matar en Argentina a un marido celoso. A pesar de su sangriente expediente, una vez en España el rey Felipe IV le mantuvo su graduación militar y la apodó la 'monja alférez', a la vez que le permitía emplear su nombre masculino y le concedía una pensión por sus servicios a la Corona en el Reino de Chile.

Destaca también el caso del marino y general de la Armada Antonio de Oquendo y Zandategui, que tras destacar en batalla de los Abrojos (1631), y la de las Dunas (1639) fue encarcelado en 1636 por batirse en un lance de honor en Madrid. Fue provocado por un caballero italiano al que sin herir gravemente dio una fuerte lección, según los documentos de la época. Llegó a ser uno de los duelistas más temidos de la época.

Mujeres duelistas en topless

La 'Monja alférez' no fue la única mujer duelista. Fue comentado a finales del siglo XIX que en agosto de 1892, la famosa princesa Pauline Metternich participó en un duelo que pasó a la historia, ya que tuvo lugar en plena época del sufragismo y la aparición del feminismo contemporáneo. Su rival fue la rusa Anastasia Kielmansegg, con quien ya había tenido enfrentamientos verbales. La razón oficial del duelo fue el desacuerdo en el arreglo floral para un evento. Antes de comenzar el duelo, la mujer especialista en medicina, una baronesa, que las asistía, decidió que se batirían en topless. La razón era sencilla: se pensaba que un corte con una de las espadas sobre la ropa podía dar lugar a una grave infección. Y así lo hicieron. Se quitaron sus corsés y blusas y lucharon de esta manera, que pronto se hizo popular entre las mujeres duelistas. El duelo siguió las reglas francesas. Terminaba quien primero fuese herida. Se desconoce quién se proclamó victorias. La imagen del duelo se reprodujo en extrañas postales y fotografías «picantes» que se comercializaron y fueron muy famosas en los sucesivos años.

También hubo lances de honor entre mujeres en España. En el parque del Retiro se produjo uno de los más famosos. Las duelistas era Paz Villavicencio y Lolita, apodada la 'de las Canas', enfrentadas por una disputa surgida en el bohemio Café Fornos, donde eran muy célebres. La estatua del Ángel Caído fue testigo del duelo con florete.

Irun 1766 Peleas a espada en el Ayuntamiento por la elección del alcalde

El 1 de enero de 1767 se produjo un grave altercado en el salón capitular del Ayuntamiento de Irun. Se produjo como consecuencia de que el 27 de febrero de 1766 el rey Carlos III promulgara la Real Cédula de Exención de Jurisdicción para la Universidad de Irun-Uranzu, que hasta entonces dependía de Hondarribia. Una cédula que establecía que cada 1 de enero, a la salida de la misa mayor en la parroquia del Juncal, los irundarras fueran en procesión hasta el ayuntamiento y allí, eligieran a su alcalde, seis regidores y dos mayordomos, estos al servicio de la iglesia. En la sesión hubo discusiones, gritos y hasta alguna pelea a espada.

Siglo XIX Los dos lances de honor entre aristócratas que conmocionaron a España

Ilustración del duelo entre el infante Enrique de Borbón, cuñado de la reina Isabel II (por parte del rey consorte), y el duque de Montpensier, Antonio de Orleáns.
Ilustración del duelo entre el infante Enrique de Borbón, cuñado de la reina Isabel II (por parte del rey consorte), y el duque de Montpensier, Antonio de Orleáns.

El duelo con mayor repercusión personal y política del siglo XIX en España fue el protagonizado por el infante Enrique de Borbón, cuñado de la reina Isabel II (por parte del rey consorte), y el duque de Montpensier, Antonio de Orleáns, esposo de la infanta María Luisa Fernanda y, por tanto, cuñado de la reina (por matrimonio con la hermana de la soberana). El lance tuvo lugar en la escuela de tiro de la Dehesa de Carabanchel el 10 de marzo de 1870. El infante perdió la vida y el duque sus esperanzas de acceder al trono de España, al que aspiraba tras el derrocamiento de su cuñada, en septiembre de 1868. Enrique de Borbón disparó al aire para no herir a su adversario y, sin embargo, Montpensier le mató de un tiro certero.

La muerte del marqués de Pickman en Sevilla en duelo con el capitán de la Guardia Civil Vicente Paredes, el 10 de octubre de 1904, también supuso una conmoción en el país. La prueba es que alentó una intensa campaña contra los duelos y propició la fundación de la Liga Nacional Antiduelista, que se organizó como las similares existentes en Austria e Italia. Denunciaron que pese a estar prohibidos, raramente los contendientes en un duelo acababan en la cárcel, ya que, aunque la identidad de los duelistas trascendiera, eran juzgados «por caballeros de honor», y «la tolerancia era absoluta». Como alternativa al duelo, la liga propuso la creación de tribunales de honor que dirimieran pacíficamente las disputas entre caballeros. En 1914 llegó a contar con 20.000 afiliados y fue tan influyente que llevó a las Cortes un proyecto de ley contra duelos, aunque finalmente no fue aprobado.

Rodrigo Soriano Barroeta-Aldamar El donostiarra que retó a un Primo de Rivera y hasta a Vicente Blasco Ibáñez

Otro donostiarra famosos por sus duelos fue Rodrigo Soriano Barroeta-Aldamar. Nacido en San Sebastián en 1868 y fallecido en Santiago de Chile en 1944, era un conocido político, literato, abogado, diplomático y periodista español. Se batió a espada en Madrid con el entonces coronel Miguel Primo de Rivera, que luego se convertiría en dictador, el 15 de marzo de 1906. El primer asalto se detuvo cuando Soriano hirió ligeramente a su oponente en la mejilla derecha; pero después, llegado el tercer asalto, sería Primo de Rivera quien infligiría una herida leve a Soriano en el metacarpo de la mano derecha lo que puso fin al combate.

También fue muy comentado el lance que mantuvo con José Sánchez Guerra, ministro de la Gobernación del gabinete de Antonio Maura. Éste llegó a dimitir como ministro para retarse con Soriano sin que su acto salpicase al gobierno. Rodrigo Soriano le acusaba de haber practicado manipulaciones electorales en Córdoba, además de ofender al ministro llamándolo «hijo de Cabra». La policía intentó impedir el lance, pero los duelistas y sus padrinos pudieron eludir la persecución policial gracias a la mayor velocidad de sus automóviles. Los aceros se cruzaron en un cuartel de Carabanchel, el 7 de diciembre de 1904. La lucha fue interrumpida, en contra de la voluntad de los contendientes, por causa de la herida que Soriano sufrió en una mano.

Pero el duelo más sonado lo protagonizó con el que fuera su amigo de antaño el escritor, periodista y político valenciano Vicente Blasco Ibáñez. La cita fue en una finca del barrio de Hortaleza, en Madrid, el 13 de julio de 1903.

En otro duelo a sable, acaecido el 2 de junio de 1914, tuvo por contrincante al hijo de Maura: Antonio Maura Gamazo. Soriano resultó herido en la cabeza y Maura en la frente. Los dos duelistas zanjaron sus diferencias con varios puntos de sutura.

En la revista chilena 'Ercilla', publicada el 23 de julio de 1943, escribió: «Enemigo yo de los duelos, pues nunca vi en ellos honor, gloria, timbre u orgullo, repugnando estas muestras de barbarie. (…) Mas obligado, sin embargo, por aquellos fanfarrones, monopolizadores del honor, envié tres carteles de desafío a los generales Weyler y Linares, por sus ataques a los republicanos en el Senado, y a Primo de Rivera, por sus injurias en los pasillos del Congreso»

Errenteria 1906 El duelo del marqués de Viana con el duque de Andría

El historiador Josean Ruiz de Azúa rescata que en los periódicos de la época -uno de ellos fue 'El Heraldo de Madrid' el 9 de septiembre de 1906- se publicó un caso ocurrido en 1906 cerca de Errenteria. El origen del lance se remonta a la noche del 8 de septiembre de ese año, cuando José de Saavedra y Salamanca, II marqués de Viana y su sobrino el duque de Andría cenaban en el comedor del Hotel du Palais, que estaba lleno, y comenzaron a discutir por un tema relacionado con caballos. El lance fue a sable y a «primera sangre» y no a muerte. El relato es muy curioso, por lo que merece la pena pinchar en el enlace para conocerlo.

San Sebastián 1919 La voz de alerta de los médicos donostiarras por las «mal llamadas cuestiones de honor»

Duelo a pistola.
Duelo a pistola. / Kutxateka / Colección Rafael Munoa

A principios del siglo XX los periódicos guipuzcoanos se alinearon con una opinión pública contraria a los duelos. El diario donostiarra 'La Constancia' publicó en su primera página del 12 de junio de 1919 una contundente información: «Con motivo de un reciente lance de los llamados de honor, se reunió ayer tarde buen número de médicos y se tomó el siguiente acuerdo: 'Que siendo bien conocidos de todos el origen y finalidad de esas cuestiones llamadas (mal llamadas) de honor, que con notoria injusticia han tenido también que sufrir algunos prestigiosos compañeros, los médicos aquí reunidos solicitamos de la Junta directiva del Colegio, como representación oficial de la clase, se tome el acuerdo, que procurará recabar de los demás colegios médicos de España, de negarnos en absoluto a concurrir como tales médicos a los ya demasiado frecuentes lances de honor'».

«Es de celebrar y de aplaudir el acuerdo adoptado por personas tan sensatas y de tanta responsabilidad como los médicos contra esa farsa de los desafíos, que cuando pasa de la categoría de ridiculez entra francamente en el terreno del crimen. Condenado por la religión y por las leyes, bien está que lo condene también la ciencia».

«El honor de los ciudadanos puede estar siempre protegido por los tribunales de justicia y por los tribunales de honor y lo está positivamente por el respeto y la consideración sociales que cada uno haya sabido conquistarse».

Lances de honor entre periodistas Un director de periódico auténtico y otro 'de paja' para los duelos

Además de los aristócratas y militares los periodistas se convirtieron en unos 'profesionales' no solo de las noticias, sino también de los duelos. Los lances eran por motivos políticos -eran de distintas ideologías: monárquico, conservador, liberal, socialista, carlista, independiente...- que se mezclaban con rencillas personales. Algunos diarios tenían en nómina a dos directores, uno, auténtico, que asumía la dirección política y literaria de la publicación; otro, un «director de paja», sujeto diestro en el manejo de la espada y la pistola. La creciente prensa diaria era cauta al informar de la celebración de un duelo, pues evidenciarlo equivalía a denunciarlo e impedirlo. La prensa podía encubrir la personalidad de los duelistas mencionando sólo las iniciales de sus nombres y apellidos, derrochando imaginación para que lo real parecía fantasioso o informando de tragedias como que el duelista había fallecido mientras examinaba unas pistolas. Copiado de París, en algunas redacciones de Madrid había incluso un pequeño cuarto para que los periodistas practicaran con la espada por si tenían que batirse.

Los duelos entre periodistas también eran frecuentes en otros países. En 1864, el célebre escritor Mark Twain evitó tener un duelo con un editor de un diario rival a pesar de no tener apenas idea de disparar un arma. Su padrino logró convencer al oponente de que Twain era un tirador excepcional. Finalmente el editor se retiró del duelo.

Según los medios de la época en San Sebastián también hubo lances de honor protagonizados por periodistas. Así, está documentado que el 1 de enero de 1889 Eduardo de la Peña dejó de ser director de 'La Voz de Guipuzcoa' para crear otro periódico más personal y que reuniría a los republicanos de clase media y baja, pero con mucha menos incidencia social que la élite republicana de 'La Voz'. Este nuevo diario se llamó 'La Libertad'. Su puesto en la dirección de 'La Voz' la ocupó Ángel María Castell, republicano federal nacido en Burgos y corresponsal de 'El Imparcial'. La relación entre los dos directores y periódicos fue muy turbia, con constantes reproches, amenazas e incluso duelos.

Por lo que respecta en Bizkaia, en 1841 se produjo en Bilbao un duelo a pistola ente Antonio Escosura, periodista de 'El Vascongado', y el director de 'El Vizcaíno Originario', Víctor Luis Gaminde. El primero recibió un tiro pero no llegó a morir. El redactor sustituyó en el lance a su jefe, Antonio Alcalá Galiano, enemigo acérrimo de Gaminde.

El político socialista Indalecio Prieto contó de un amigo suyo, periodista bilbaíno, que se negó a acudir a un duelo porque no tenía una camisa decente, y sus amigos, que iban a ejercer de padrinos, le regalaron una de seda y un cambio de muda limpia, por si era herido y tenía que desnudarse. El periodista aceptó los regalos y fue a batirse con un ajuar de fundamento, pero antes avisó a la Policía, que interrumpió el combate y así salvó el honor y no se vio en la obligación de devolver los calzoncillos.

San Sebastián 1923 Un marqués herido cerca de la plaza de toros

Aparcamiento de la plaza de toros en los años 20.
Aparcamiento de la plaza de toros en los años 20. / Kutxateka / Colección Marin

El diario madrileño 'El Sol' publicó el 18 de octubre de 1923 esta información titulada «El marqués de Portago herido». La crónica es: «En la mañana del día 14, una hora después de haber amanecido, dos automóviles de la matrícula de Madrid, procedentes de Biarritz, avanzaban por la carretera de Francia en dirección a San Sebastián. Al llegar a la capital de Guipúzcoa se dirigieron hacia la Plaza de Toros. Frente a la posesión que en aquel lugar tiene el marqués de Tenorio pararon los automóviles. De cada uno de ellos descendieron cuatro caballeros, que rápidamente penetraron en la finca.Desde el exterior de ella se ve cuanto en el jardín ocurre; pero ese día habla interés en qué la escena que se iba a desarrollar no fuese vista desde fuera. Para ello se habían colocado grandes lonas detrás de las verjas. Pero con ello no se pudo impedir que algún curioso, agudizada precisamente su curiosidad por las precauciones, viese cuanto ocurría en el jardín.

Dos de los ocho señores que habían entrado en la posesión se pusieron frente a frente espada en mano. El combate fue reñido. Mientras combatían los adversarios, el curioso pudo distinguir sus rostros. Uno de los duelistas era el marqués de Portago; el otro, el marqués de Salamanca. Este hirió a su adversario, y el marqués de Portago cayó a tierra. Inmediatamente, tres de los que presenciaban el duelo lo recogieron y condujeron en sus brazos al interior del hotel. Trató el curioso de saber la causa por la cual dos hombres acababan de exponer su vida, y sólo averiguó que la noche anterior ambos habían mantenido en Biarritz una violenta discusión. Esto es cuanto ocurrió, y tal como el curioso nos lo refiere lo contamos al lector. Según noticias recibidas anoche la herida del marqués de Portago no es grave. El día 15 se pudo trasladar nuevamente a Biarritz».

Pamplona 1930 El duelo del hermano del fundador de La Falange y futuro ministro de Franco

Conforme pasaban las décadas del siglo XX, los duelos eran considerados cada vez más asesinatos en primer y segundo grado, en la mayoría de los países. Así pues, comenzó a dejarse de usar este método para restaurar el honor de una persona o familia. Pero siguió habiendo excepciones, como es el caso de Miguel Primo de Rivera, hijo del dictador del mismo nombre -que también fue un conocido duelista-, hermano del fundador de Falange y futuro ministro de Franco se batió en Pamplona en 1930 con un capitán de artillería. Defendía la memoria de su progenitor. El lance terminó con unos arañazos leves.

Chile 1952 Salvador Allende salvó su vida gracias a un oportuno resbalón

Más lejos de nuestras fronteras tuvo mucho eco el lance de honor ocurrido a mediados del pasado siglo en Chile. No era para menos teniendo en cuenta el nombre de uno de sus protagonistas. El 6 de agosto de 1952 se produjo una escalada de violencia verbal entre los senadores Salvador Allende -que llegó a ser presidente de Chile y falleció en el golpe de Estado de Pinochet- y Raúl Retting. Se enzarzaron en un agrio debate relacionado con el sueldo de unos mineros, aunque otras fuentes mantienen que la disputa era por el amor de una mujer. Esa noche fue el duelo en un lugar indeterminado de Santiago. En el momento en que dispararon, Allende cayó al suelo porque se habría resbalado con el barro. Rettig pensó que lo había matado, por lo que se acercó a comprobarlo, viendo que el ex presidente estaba vivo. «Fue una estupidez. Yo era muy amigo de Allende y después volví a serlo», escribió Rettig en sus memorias.

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