Etorkizuna Eraikiz

Juanjo Álvarez: «Parecemos titulares de derechos y destinatarios de casi ninguna obligación»

Etorkizuna Eraikiz
Juanjo Álvarez. / Lusa
Juanjo Álvarez es catedrático de Derecho Internacional Privado
IZASKUN SALGADO

Juanjo Álvarez es catedrático de Derecho Internacional Privado de la UPV/EHU. Sus inquietudes vitales le permiten realizar un análisis del presente y futuro de Gipuzkoa que va más allá del ámbito del Derecho.

–¿Qué quería ser de mayor?

–La docencia siempre me atrajo, pero nunca llegué a plantearme seriamente cómo sería mi vida adulta; no reflexionaba mucho más allá de tratar de ser razonablemente feliz en una vida plena.

–Y hoy, ¿qué es lo que más le preocupa del futuro?

–La percepción de una cierta inmadurez sobrevenida: parecemos titulares de derechos (que exigimos con vehemencia) y en cambio destinatarios de casi ninguna obligación; me preocupa el individualismo que nos invade, capaz de gripar el motor de la solidaridad social y el hecho de que nos dejemos cegar por el brillo de la gran innovación tecnológica cayendo a la vez en un cierto analfabetismo en valores cívicos, incapaces de resolver problemas de convivencia y de dialogar desde el respeto.

–¿Cómo cree que evolucionará el ámbito del Derecho?

–Me gustaría que restituyera su prestigio y su función social como herramienta para encauzar los conflictos públicos y privados existentes. Sin justicia quiebra la confianza en el sistema, esa institución silente tan importante en democracia.

–Echando la vista al futuro, ¿cómo se ve dentro de 10 años?

–Activo, tal vez con más tiempo disponible, ese gran intangible que no sabemos gestionar; imagino una etapa vital con más tranquilidad para lecturas deseadas, pudiendo dedicarme más a la familia, a los amigos, y a la vez deseoso de seguir aprendiendo.

–¿Cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?

–No somos la Arcadia feliz, pero tenemos una inercia social y un potencial enorme en lo asociativo, en lo industrial. Si proyectamos nuestras energías individuales y colectivas (públicas y privadas) a ese objetivo de mejora y no nos dejamos llevar por la complacencia, conseguiremos dejar una vida mejor a nuestras futuras generaciones y seremos un excelente territorio de acogida y de vida.

–¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo de la sociedad?

–No monopolizar el debate desde lo político, abrir las grandes cuestiones a la sociedad, escuchar de verdad a la gente, y dejar que los expertos propongan soluciones a cuestiones como la cuestión demográfica.

–El futuro es mujer. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

–Una gran verdad, que comparto y apoyo no solo porque se trata de corregir una injusticia, sino porque nos hará mejores como sociedad, por más igualitarios y competitivos. Me sumo a la afortunada reflexión de la excomisaria europea Viviane Reding: no me gusta el sistema de cuotas pero me encanta la sociedad que está emergiendo gracias al mismo.

–¿Qué aspectos no deben perderse de vista para asegurar una sociedad de bienestar en el futuro? ¿Qué papel debería desempeñar la política en todo ello?

–La política es el gran instrumento para organizar nuestra convivencia. Cuando la política se hace bien, el pluralismo queda asegurado. Una sociedad políticamente madura no es una sociedad sin problemas o conflictos. Lo que exige una democracia pluralista es que esos conflictos tengan cauces de expresión y resolución.

–La Diputación ha puesto en marcha el proyecto Etorkizuna Eraikiz con el fin de ofrecer respuestas a retos futuros como la ciberseguridad, el envejecimiento, la movilidad sostenible o la conciliación. ¿Considera apropiado activar una iniciativa así que va más allá de la necesidad de afrontar la gestión del día a día en una institución como la Diputación?

–Más allá del cierto halo de escepticismo que este tipo de programas genera en parte de la sociedad, el programa es un acierto y debe tener continuidad: por encima del día a día hay que diagnosticar y proponer respuestas a nuestros grandes retos como sociedad.

–¿Cómo se puede conseguir que administraciones, universidades y empresa privada caminen de la mano en pos del bien común?

–La educación superior y el desarrollo científico y tecnológico son en la sociedad del conocimiento la herramienta imprescindible para conseguir el desarrollo económico y social sostenido. El tejido empresarial necesita, más que nunca, una verdadera y mayor interacción entre empresa, sociedad y universidad.

–¿De quién depende el futuro de Gipuzkoa?

–Suena a tópico, pero depende y hemos de construirlo y ganarlo entre todos, tratando de ser buenos profesionales, buenas personas, con civismo y responsabilidad. Si actuamos así individual y colectivamente, habrá problemas, pero los superaremos.

–¿Le ha tentado la política? Seguro que ofertas no le han faltado.

–Cada persona tenemos un papel en nuestra sociedad; vivo feliz con mi actividad profesional y la universidad es un reducto de libertad al que nunca renunciaría.

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