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Precio de la suscripción 4,95€/mes-¿Qué quería ser de mayor?
-Cuando era chaval, no lo tenía muy claro. Fui la primera persona de la familia que fue a la universidad y sí tuve sensación de responsabilidad, pero estudié Empresariales, luego Derecho y fui recorriendo el camino que la vida me ofreció hasta que la gastronomía me atrapó.
-Y hoy, ¿qué es lo que más le preocupa?
-Viendo la evolución actual, sobre todo me preocupa el mundo que estamos generando: el calentamiento global, que el consumo tenga semejante importancia en nuestras vidas, las desigualdades... Creo que la evolución va muy rápido y estos cambios están generando un mundo que parece que puede ser desigual, lo cual me resulta muy preocupante.
-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito de la gastronomía?
-Se ha consolidado como algo que incide en nuestra cultura, en nuestra economía, en nuestra sociedad y su forma de ser... En casa cocinaremos menos, seguirán teniendo fuerza la preocupación por el producto local y por la calidad; y seguramente, la restauración, como gastronomía profesional, cobrará más fuerza, bien porque vayamos a restaurantes o compremos comida que nos traerán a casa: el delivery. Estamos en un proceso de cambio en nuestra forma de comer, de consumir y también de cocinar.
«Para mí, la ecuación del bienestar pasa por dos grandes elementos: desarrollo y cohesión»
-¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Implicado en nuevos proyectos, en convertir en realidad ideas, en ese contexto de seguir emprendiendo, implicado en proyectos innovadores... Creo que seguirá habiendo muchas oportunidades de llevar a cabo proyectos que contribuyan al desarrollo económico y social.
-¿Y cómo se imagina Gipuzkoa?
-Algunas cosas seguirán acelerando su incidencia y la tecnología y la transformación digital seguirán entrando con más fuerza en nuestras vidas, así como la globalización, pero mantendremos nuestra cultura, nuestra identidad y esa forma de ser tan arraigada.
-¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?
-Generar el contexto adecuado para que el bienestar ocurra. Eso significa, por supuesto, invertir en educación, a todos los niveles. La forma de vida y trabajo de nuestros hijos e hijas va a cambiar mucho en el futuro y la educación es la base por la que hay que apostar. También hay que promover nuestro espíritu emprendedor de siempre, pero adaptándolo al mundo contemporáneo.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-Que todavía hay mucho por hacer para que la igualdad entre mujeres y hombres sea plena. Nosotros en el BCC también ponemos nuestro granito de arena: el 40% de nuestros estudiantes son mujeres, el 70% de nuestros trabajadores son mujeres, 40% en el Consejo de Dirección... Pero hay mucho que hacer para un futuro en igualdad.
-¿Qué aspectos no deben perderse de vista para asegurar una sociedad de bienestar y qué papel debería desempeñar la política?
-Para mí, la ecuación del bienestar pasa por dos elementos: desarrollo (económico, social...) y cohesión. Y es trabajo de la política establecer el contexto y los mecanismos para que existan, teniéndolos muy presentes entre las prioridades políticas.
«Todo lo que rodea al acto de comer está muy influenciado por lo digital y la tecnología»
-La Diputación ha puesto en marcha el proyecto Etorkizuna Eraikiz con el fin de dar respuesta a retos como la ciberseguridad, el envejecimiento, la movilidad sostenible o la conciliación. ¿Considera apropiado activar una iniciativa así, que va más allá de la gestión del día a día?
-Se dice que los ciclos de la política están muy circunscritos a lo que dura una legislatura y muchas veces los retos de la sociedad tienen otros, normalmente más largos. Es vital que los políticos tengan visión de futuro y Etorkizuna Eraikiz es un buen ejemplo de cómo abordar grandes temas para marcar el camino.
-¿Le interesa de un modo singular alguno de estos desafíos?
-Todos son interesantes, pero el reto mayúsculo es el envejecimiento: lograr una sociedad envejecida que tiene que tener una calidad de vida, pero que también debe seguir siendo competitiva en su economía. Hay que pensar políticas para que sigamos teniendo talento, innovación y emprendimiento, e invertir en las personas.
-Gastronomía 4.0 es un concepto del que cada día se habla más: ¿A qué se refiere?
-A que la transformación digital también va llegando a cómo comemos, a cómo decidimos cómo comemos, a cómo cocinamos, a cómo contamos nuestras experiencias y cómo recomendamos a otros... Todo lo que rodea al acto de comer está muy influenciado por lo digital y la tecnología; y eso está cambiando qué y cómo comemos.
-Gipuzkoa es el territorio que más ha aportado a la alta cocina mundial. ¿Cómo afronta el reto de mantener su estatus?
-Gipuzkoa abrió un camino a nivel mundial que ahora muchos países siguen y el reto es apoyar el relevo generacional, formar a las nuevas generaciones y apoyar a emprendedores, en colaboración con las instituciones, en el marco de un plan estratégico de gastronomía que pretende mantenernos al más alto nivel.
-¿Y cómo maridamos modernidad con nuestra fértil tradición gastronómica?
-La tradición no es estática, sino una innovación que ha sido exitosa y ha calado en la sociedad; y que, por tanto, está en evolución. Lo que era tradición hace diez años ha cambiado y lo que era innovación se ha convertido en tradición. La tradición evoluciona con la sociedad.