José Miguel Lanzagorta: «La fábrica Orbea se paraba para beber una Coca-Cola»

José Miguel Lanzagorta posa ante varios vending en la facultad de la UPV en Eibar donde colocó las primera máquina. /Morquecho
José Miguel Lanzagorta posa ante varios vending en la facultad de la UPV en Eibar donde colocó las primera máquina. / Morquecho

Se cumplen 50 años de la primera máquina expendedora de España. El vizcaíno puso el mecanismo en cinco fábricas de Eibar, comenzando una revolución alimentaria

IRAITZ VÁZQUEZEibar.

Para muchos su apuesta fue temeraria, para otros ha sido todo un visionario. Pero de lo que no cabe duda es que José Miguel Lanzagorta inició una auténtica revolución alimentaria hace cincuenta años. Cuando los trabajadores aún acudían con botijos de agua a sus puestos de trabajo, este empresario vizcaíno colocó las primeras máquinas expendedoras de bebidas frías de España en cinco empresas eibarresas. «Este tipo de mecanismos solo los habíamos visto en las películas americanas», recuerda con absoluta nitidez. Era el 17 de octubre de 1967, a partir de esa fecha nada volvería a ser igual en las empresas españolas.

Lejos de la interminable lista de productos que se puede encontrar hoy en día en las máquinas de Vending, hace cincuenta años la oferta era ostensiblemente menor. «Solo vendíamos botellas de Coca-Cola, Fanta de naranja y de limón», rememora. Una máquina que revolucionó para siempre los modos de consumo. Y nada volvería a ser lo mismo. Bicicletas Orbea con dos, la Escuela de Armería también con dos y la empresa SKF con una máquina de vending fueron los lugares elegidos por Lanzagorta, que entonces era delegado de Coca-Cola para la zona norte, para colocar estos aparatos que supusieron un «gran éxito».

Imagen del modelo de la primera máquina que llegó a Eibar.
Imagen del modelo de la primera máquina que llegó a Eibar.

La película americana se convirtió en realidad en Eibar. Aquello que veían en los cines en blanco y negro lo podían tocar con sus propias manos. Lo que supuso toda una revolución en estas empresas. «En la fábrica de Orbea, la producción se paraba para que los trabajadores pudieron beber Coca-Cola». Lanzagorta aún recuerda con nitidez la marca de la primera máquina que aterrizó en nuestras tierras. «Era un vendo V-190, con una capacidad para 190 botellas», recuerda.

El modo de funcionamiento nada tenía que ver con las modernas máquinas que se colocan hoy en día en fábricas, universidades o estaciones de transporte. Con cinco pesetas y tras accionar una palanca que tenía a un costado, el cliente podía contar con una botella de cristal de Coca-Cola o Fanta «fría, gracias a los hielos que tenía en su interior y enfriaban las bebidas», rememora con algo de nostalgia Lanzagorta.

«Este tipo de maquinarias solo las habíamos visto en las películas», señala el empresario

Solo vendía botellas de Coca-Cola y Fanta naranja o limón después llegaron las bebidas calientes

A medida que la sociedad ha ido dando pasos, el negocio de los vending ha continuado un camino paralelo y se ha ido adaptando a las necesidades que se le han ido requiriendo. Y en los años 70 entraron en el mercado las máquinas de bebidas calientes. A partir de ese instante el negocio fue cogiendo cada vez más cuerpo porque en las empresas comenzaron a demandar nuevos productos. «Empezamos a trabajar con Nestle y la cosa empezó a cambiar. Por ejemplo, se daban café pero en aquella época lo que más se vendía era el consomé. La gente a media mañana tomaba un caldito para entrar en calor», recuerda Lanzagorta.

Las máquinas también se fueron expandiendo por buena parte del tejido empresarial guipuzcoano. Las cinco que se habían colocado en Eibar comenzaron a multiplicarse como champiñones. Así, Iberdrola, Luzuriaga de Hernani, Porcelanas Bidasoa y Chocolates Elgorriaga en Irun o la Tabacalera de Donostia comenzaron a ofreces este servicio a sus trabajadores. «A la gente le gustaba mucho eso de ir a las máquinas y encontrarse con algo caliente», reconoce Lanzagorta.

Desde que Lanzagorta tuviera la idea de colocar la primera máquina expendedora de bebidas, el negocio no ha parado de crecer. Y los datos también así lo corroboran. El pasado año los ingresos derivados de las máquinas de bebidas frías aumentaron un 4,5%, hasta los 392 millones de euros. Asimismo, la facturación total por explotación de máquinas expendedoras de bebidas, alimentos y tabaco creció un 1,5%, hasta situarse en los 2.050 millones de euros.

Ahora José Miguel Lanzagorta es presidente del grupo Iparvending, quinto operador a nivel nacional. Cuenta con 8.500 fuentes de agua, 8.300 máquinas y 2.000 cafeteras de cápsula, una muestra de cómo ha ido cambiando el negocio en el último medio siglo. Ahora los restos de esta empresa se centran en ofrecer cada vez productos más saludables y enterrar la mala imagen con la que cuentan las máquinas expendedoras. Una opinión con la que no está nada de acuerdo el empresario vizcaíno. «Tenemos productos saludables y vamos hacia la excelencia en la calidad. Por ejemplo, las máquinas ahora muelen el café al momento. La gente cada vez es más exigente y les debemos dar los que piden», reconoce Lanzagorta.

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