De la isla a Ondarreta, sin barreras

Nadadores y acompañantes, en la foto de familia después de la travesía. / J.M. LÓPEZ
Nadadores y acompañantes, en la foto de familia después de la travesía. / J.M. LÓPEZ

Personas con parálisis cerebral participan en una travesía organizada por Aspace

ENAR DERQUI SAN SEBASTIÁN.

Ir nadando desde la isla Santa Clara hasta la playa de Ondarreta es todo un reto para muchos bañistas. Ayer diez valientes lo consiguieron. Diez valientes con parálisis cerebral que demostraron que no hay barreras, ni mentales ni físicas, para esta travesía si hay voluntad y esfuerzo.

Sobre las once de la mañana de ayer llegó a Ondarreta una marea de gorros rosas porque Aspace, la asociación de personas con parálisis cerebral, celebró su quinta travesía desde la isla Santa Clara hasta la playa. Tras «llevar muchos años sin hacer este recorrido nos hemos vuelto a animar», contó Jose Luis Sirera, organizador de la iniciativa. Después de una década de parón y motivados por el 25 aniversario del Club Deportivo Dordoka (en el que se realizan actividades deportivas para personas con diferente discapacidad) decidieron dejar la piscina y se tiraron al mar.

En la travesía participaron los alumnos del curso de natación que ofrece la asociación para personas con parálisis cerebral. Todos los nadadores estuvieron acompañados por personal de apoyo. Deportistas y acompañantes fueron en barco hasta la isla Santa Clara y desde allí se lanzaron al agua. El recorrido se realizó sin ninguna complicación, todas las parejas consiguieron llegar sin ningún problema a la orilla de Ondarreta.

Este «bautismo en el agua del mar» duró unos veinticinco minutos. Cuando tocaron la arena todos estaban encantados de haber superado esta pequeña gran prueba, que para muchos era muy significativa porque «nunca antes se habían atrevido a meterse en el agua salada».

Al salir del mar, los más pequeños preguntaban que «si el año que viene se iba a volver a celebrar». Lo que es todo un logro, porque el principal objetivo de esta cita pareció haberse cumplido. «Lo que se pretendía era poner en práctica todo lo aprendido durante el curso y quitar el miedo al mar», explicó Sirera. Este es solo el primer paso para meterse al mar porque para los participantes es «fundamental» que haya un vínculo con sus acompañantes, ya que «tiene que haber una confianza, ellos saben con nosotros no les va a pasar nada. Igual si van a la playa con sus padres no se atreven porque no les da esa seguridad».

Así, demostraron que no hay barrera que separe Santa Clara de tierra firme y que «con esfuerzo todo se puede». No llegaron todos juntos, Carlos fue el primero en pisar la arena y no podía ocultar su cara de felicidad después de haber sido el primero. «Estoy muy contento», repetía una y otra vez mientras se secaba.

La segunda en tocar la orilla fue Sara Carracelas, nadadora paralímpica y presidenta de Dordoka. Carracelas ya había realizado esta travesía en dos ocasiones con el club, aun así contó que siempre le «da respeto, no miedo». Hacía diez años que no cruzaba nadando el tramo de la isla a la playa, «pero ha ido muchísimo mejor de lo que me podía imaginar». La nadadora aún mojada, ya estaba pensando que «si el año que viene se vuelve a celebrar no tengo ninguna duda en que volveré a participar».

Entre baños y risas tanto participantes como allegados se preparaban para hacer una pequeña merendola como despedida del curso de natación por un trabajo bien hecho. «Aunque se acabe el curso, no será la última vez que nos metamos al agua del mar», aseguraron.

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