Irun habilita el Antiguo Hospital para atender a los migrantes de Lakaxita

Mohamed ayudó a recoger Lakaxita. Pronto volverá a intentar cruzar la frontera./ JUANTXO LUSA
Mohamed ayudó a recoger Lakaxita. Pronto volverá a intentar cruzar la frontera. / JUANTXO LUSA

Se trata de una medida «temporal» tras el cierre del gaztetxe, a la espera de poder «flexibilizar los criterios de entrada» al centro de Martindozenea

AIENDE S. JIMÉNEZSAN SEBASTIÁN.

La Red de Acogida Ciudadana de Irun les echó ayer un pulso a las instituciones guipuzcoanas. Tras dos meses en funcionamiento, decidió desmantelar el gaztetxe de Lakaxita, que desde el pasado mes de agosto ha servido de albergue y centro de día para los migrantes en tránsito que se quedaban fuera de los recursos oficiales ofrecidos en el albergue de Martindozenea. Las razones, afirmaron los voluntarios que conforman este movimiento, eran por un lado la «insostenibilidad» de la situación en el lugar, especialmente con la llegada del mal tiempo, y por otro «la obligación de las instituciones» de hacerse cargo de la atención de estas personas. En su lugar, y con el objetivo de provocar una reacción por parte de los servicios sociales del territorio, anunció el traslado del campamento a la plaza Urdanibia, frente a las dependencias de Bienestar Social del Ayuntamiento de Irun.

Ante este órdago, al Consistorio no le quedó más remedio que reaccionar, para evitar que la veintena de migrantes que pernoctan cada día en la Lakaxita se quedasen en la calle. El primer movimiento fue recurrir a la mesa interinstitucional, encargada de la gestión de los migrantes de tránsito en Euskadi y formada por el Gobierno Vasco, diputaciones y ayuntamientos de las tres capitales e Irun, además de Cruz Roja. Una mesa a la que solicitó «flexibilizar los criterios de acceso de Martindozenea para poder acoger a estas personas que por diversos motivos» no cumplían los requisitos.

Actualmente, estos se fijan en un periodo máximo de estancia de cinco días, llevar menos de 30 días en el Estado y portar un documento expedido por la Policía a su llegada a las costas del estrecho. Sin embargo, y ante la ausencia de una respuesta a esa petición, el Ayuntamiento decidió tomar una decisión «transitoria», y habilitar el Antiguo Hospital como albergue temporal para las personas migrantes que se queden fuera del recurso de Martindozenea.

Se han dispuesto 24 plazas y también podrán acceder al comedor social

En dicho espacio, que ya ha sido habilitado anteriormente como centro de acogida de emergencia durante este verano y que habitualmente se utiliza como 'piso del frío' para dar cobijo a personas sin hogar en las noches más crudas del invierno, se habilitaron desde ayer un total de 24 plazas. La atención correrá a cargo de «personal profesional en este ámbito», tal y como informaron desde el Ayuntamiento, aunque ayer, en su primera noche, fue Cruz Roja quien se ocupó de la gestión del recurso.

Además de pasar la noche, durante el día los migrantes podrán «acceder a otros recursos municipales como el comedor social y el punto de encuentro donde hay duchas, aseos, etc., ubicados en las mismas instalaciones del Antiguo Hospital», señalaron fuentes municipales.

Acogida «digna e integral»

Por la tarde, un centenar de personas se concentraron en la Plaza Urdanibia, precisamente frente al Antiguo Hospital, para reclamar una acogida «digna e integral» para los migrantes que recalan en Irun en su tránsito hacia Francia y otros países, informa Iñigo Morondo. Ruth López, miembro de la Red de Acogida de Irun, declaró que la medida adoptada «no responde para nada a nuestras expectativas. Lo que reivindicamos es que Martindozenea se abra para todo el mundo, que eliminen los requisitos restrictivos». No obstante, señaló que la aceptan «solo si es temporal».

Por otro lado, los voluntarios de la red anunciaron que a partir de hoy todas las actividades diurnas que se realizaban en Lakaxita se llevarán a cabo en el campamento de la plaza Urdanibia. «Que nos vean. Llegan muchas personas, y queremos que se sepa», señaló Ruth López.

Horas antes, en Lakaxita, voluntarios de la Red de Acogida y los propios migrantes que han sido atendidos en el gaztetxe comenzaron a desmontar el campamento que ha hecho las veces de albergue y centro de día desde agosto. Los colchones sobre los que han dormido se apilaban uno detrás de otro contra una pared, se retiraban los bancos que han servido de somieres, se reunían mantas y prendas de ropa para clasificar entre lo reutilizable y lo desechable...

«Hemos estado durmiendo con los colchones mojados, con mucha lluvia... Aquí no se puede estar, es muy difícil, los baños son casetas de madera en la calle, hace frío...», cuenta Mohamed, un joven de 28 años de Costa de Marfil que dejó su hogar igual que hizo su hermano antes que él, y quien le espera en París, donde vive actualmente. Llegó el domingo, pasó una noche en el recurso de Martindozenea, tras la cual le dijeron que no podía permanecer allí porque en sus documentos constaba que llevaba más de un mes en el Estado.

Desde entonces ha vivido en Lakaxita. «Intenté cruzar la frontera, pero la policía francesa me interceptó en la estación de tren. No tenemos papeles y entiendo que se establezcan unas reglas, pero no podemos estar en condiciones tan lamentables», denuncia el joven.

 

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