Irati Jiménez Dorronsoro: «En Sudamérica hay un déficit de adaptación ante el cambio climático»

Irati Jiménez, en la sede del Banco Mundial en Washington. /
Irati Jiménez, en la sede del Banco Mundial en Washington.

Trabaja en proyectos de desarrollo delCaribe y Latinoamérica y tiene claro que terminar con la pobreza energética «requiere tiempo, inversión y educación»

MACARENA TEJADA

Tiene solo 25 años y es consultora de energía y embajadora de cambio climático del Banco Mundial. Irati Jiménez Dorronsoro, ingeniera civil de Eibar, no se lo pensó dos veces antes de subirse a un avión y sobrevolar el charco rumbo a Washington. Cada país con el que trata es único, pero asegura que tanto Latinoamérica como el Caribe –las zonas con las que trabaja– son mercados «sofisticados, que conocen tanto sus recursos no renovables como sus energías renovables». En cualquier caso, todavía «hay mucho campo para desarrollar nuevos proyectos e inversiones que permitan alcanzar las metas propuestas en el Acuerdo de París», entre las que destacan mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C sobre los niveles preindustriales o reforzar la capacidad de las sociedades a la hora de afrontar las consecuencias del cambio climático.

– ¿Dónde se veía cuando terminó la carrera de Ingeniería Civil en Donostia?

– En segundo de carrera fui a Corea del Sur en verano con una beca de la UPV. Estudié su idioma y su cultura. Me gustó mucho y en cuarto volví allí para hacer Erasmus. Al terminar mi experiencia en el extranjero, ya en casa, estaba perdida. Me sentía bloqueada. Me decidí por un máster de la UPV sobre dirección empresarial e internacionalización. Me apunté al título propio y estando ahí un amigo me avisó de que el Banco Mundial buscaba ingenieros. Me presenté a lo tonto. Nunca me hubiera imaginado que me cogerían.

– Lo intentó y lo logró. Ahora está en Washington.

– Así es. Hicieron una primera criba con el currículum. Después, con la experiencia. En mi caso, haber estado en Corea del Sur me dio muchos puntos. El último paso fue una entrevista vía Skype. En un lado estaba yo y, en el otro, seis personas del Banco Mundial. La conversación fue bilingüe, en castellano y en inglés.

– ¿Se lo pensó dos veces antes de aceptar el trabajo?

– Me acuerdo de que cuando recibí la noticia de que me habían cogido era el Día de Todos los Santos. Me desperté y tenía un email del Banco Mundial. Lo leí y fui corriendo al cuarto de los aitas, gritando que me habían cogido. Tenía miedo de no haber leído bien lo que ponía de la emoción y le pedí al aita que lo releyera por si acaso (ríe). Ni me lo pensé. Acepté al momento.

– La misión de este organismo es la de reducir la pobreza y generar prosperidad en los países en vías de desarrollo. ¿Cómo lo hacen?

– Nosotros hacemos dos trabajos, uno de financiación y otro de asistencia técnica. Somos un banco como tal, creamos préstamos a los países, pero, además de eso, les damos apoyo técnico.

– ¿Cuál es su labor concreta?

– Al ser ingeniera, me toca hacer las dos cosas. Tengo proyectos en los que me encargo más de la parte técnica, en los que reviso los cumplimientos y veo que se asumen las características que hemos prometido. En otras ocasiones, me encargo de buscar financiación. El banco tiene su propio presupuesto, pero además de eso hay países donantes y fondos específicos que ayudan a desarrollar este tipo de proyectos.

«Trabajamos con los gobiernos, con los contratiempos que eso supone»

– ¿Los países que reciben estos préstamos tienen la obligación de devolver el dinero?

– El Banco Mundial cuenta con dos instituciones dedicadas al desarrollo. Una de ellas es IDA (International Development Association) y la otra, IBRD (International Bank for Reconstruction and Development). IDA es la institución encargada de ofrecer préstamos sin intereses, créditos y subvenciones a los gobiernos de los países más pobres, mientras que IBRD busca reducir la pobreza en los países de ingresos medios y en los países pobres con solvencia crediticia mediante la promoción del desarrollo sostenible a través de préstamos, garantías, productos de gestión de riesgos y servicios analíticos y de asesoramiento.

– Usted trabaja con la zona de Latinoamérica y el Caribe.

– Sí. Cada día nos encontramos con situaciones diferentes. Nosotros trabajamos con el gobierno, les ofrecemos unos servicios, con los contratiempos que esto supone. Entre ellos, los cambios de gobierno.

– Entonces, en ocasiones, sus proyectos penden de un hilo.

– Eso es. A veces sucede. La última palabra la tiene el país.

– ¿Cuál es el último reto al que se ha enfrentado?

– Ahora me está tocando un cambio de gobierno. Puede que el saliente quiera una cosa y el entrante otra. Aparte de eso, no tenemos grandes problemas, aunque siempre hay pequeños imprevistos de última hora.

– ¿Ustedes proponen planes que consideran necesarios o son los gobiernos quienes se ponen en contacto con el Banco Mundial?

– Un poco de todo. Muchas veces ellos como país ya saben lo que necesitan y el Banco Mundial, además, tiene muchas oficinas en los diferentes países con los que trabaja y tiene una relación más directa con el cliente.

– ¿Con qué tipo de necesidades energéticas se encuentra en los países a los que asesora?

– Factores como el desarrollo económico, cambio climático y la situación política y social de los países puede afectar al desarrollo de nuevos proyectos, requiriendo así un esfuerzo y coordinación de apoyo al país para procurar garantías que permitan la inversión en nuevos proyectos. La determinación de necesidades energéticas es definida mediante análisis y estudios de disponibilidad de recursos y formas de generación, transmisión y distribución de energía. Estos informes permiten identificar las carencias y dar oportunidad a la implementación de nuevas tecnologías y uso de energías renovables que mejoren la capacidad de estos servicios del país en cuestión.

«Hay campo para crear proyectos que permitan alcanzar las metas del Acuerdo de París»

– ¿Les falta explotar sus recursos naturales?

– El mercado de América Latina y el Caribe es un mercado sofisticado. Los países de la región saben cuáles son sus recursos no renovables (petróleo, gas o carbón) y también sus energías renovables. Aun así, en pro de alcanzar las metas que se pactaron en el Acuerdo de París respecto a la instalación de energías renovables, descarbonización y reducción de emisiones; y teniendo en cuenta los NDC (Nationally Determined Contributions), hay mucho campo para desarrollar nuevos proyectos e inversiones que permitan alcanzar las metas propuestas.

– ¿Es preocupante la diferencia en cuanto a los recursos energéticos entre los diferentes países?

– Lo que preocupa no es la diferencia entre los recursos que tienen los países, sino la falta de resiliencia que tienen los mismos a las amenazas climáticas. La mayoría de los países son conscientes de cuáles son sus recursos, pero creo que hay un déficit de consciencia y preparación para hacer frente a la situación en caso de ausencia de estos. Por eso, en vez de hablar de una preocupación por los recursos energéticos hablaría más de la preocupación desde el punto de vista de resiliencia energética y la adaptabilidad al cambio climático.

– ¿Es posible terminar con la pobreza energética?

– El mejoramiento de la infraestructura de redes energéticas que desarrollamos para los países contribuye poco a poco al abastecimiento de las poblaciones más necesitadas. Es un trabajo que requiere tiempo, inversión y educación.

– ¿Considera que la crisis económica ha perjudicado la imagen de este organismo?

– No creo que la recesión haya tenido gran repercusión en el Banco Mundial. Es cierto que se alimenta de los países que, por lógica, si tienen una deuda corremos el riesgo de recibir menos porcentaje de su presupuesto. De todas formas, nosotros somos un banco de desarrollo y no creo que ningún país quiera que el desarrollo se paralice.

– ¿Está viviendo su propio sueño americano?

– No te diría que no. Los salarios que hay en EE UU, comparados con los que puede haber en España, son mucho más elevados. Esto te da la posibilidad de llevar un nivel de vida más alto. Este es un país mucho más caro, todo cuesta el doble. Pero el margen que tengo aquí es mayor que el que tendría en Euskadi.