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-¿Qué quería ser de mayor?
-De pequeño era un fanático de Lego. y siempre quise construir productos innovadores y útiles. Dudé entre Diseño Industrial e Informática, y me puedo dar por satisfecho, ya que combino ambas inquietudes: lo práctico y lo creativo.
-Y hoy, ¿qué le preocupa del futuro?
-Como investigador, quiero sacar provecho para el bienestar a las tecnologías digitales, que son palanca de transformación con efectos exponenciales. Me preocupa el efecto de la digitalización, lo que algunos definen como «predeciblemente impredecible». Los nuevos negocios digitales tienen un punto de inflexión en su crecimiento que es difícil de prever. Debemos estar preparados.
-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito de la ciencia?
-Estamos viviendo el renacer de la carrera espacial, junto con grandes avances en la computación y la inteligencia artificial. Ahora se trabaja con mayor colaboración privada, ya que los grandes presupuestos públicos se han reducido.
-Dentro de diez años, ¿cómo se ve?
-Junto a mi familia y, aunque dentro de una empresa, colaborando con otras, transitando a modelos abiertos y colaborativos, como está realizando Tecnalia. Crear una red de colaboración para generar valor en un nicho implica dirigir esfuerzos al resultado, en vez de a cumplir la jornada.
-¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?
-A nivel de sociedad, esforzándonos por mantener el balance entre la calidad de vida, el trabajo y el tiempo compartido con los allegados. Parece obvio, pero es un activo que valora quien nos visita. También tenemos retos basados en globalización y nuevas tecnologías, como la vejez o los cambios de paragidmas económicos.
-¿Cómo cree que puede el ámbito institucional mejorar el bienestar colectivo?
-Las instituciones deben ser instrumentos de comunicación, regulación y apoyo a la transformación, centrados siempre en las personas y en la transparencia. Es una frase simplista, pero es difícil de implementar en ciertos ámbitos cuando aumentan las velocidades de cambio social. Hay que incrementar la innovación pública en formas organizativas, servicios y marcos administrativos.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-Un futuro verdaderamente humano y sostenible requiere equipararnos en puestos directivos y de alta responsabilidad. Ninguna desigualdad de facto puede ser aceptable. Además de justicia, es necesidad.
-¿Qué aspectos no deben perderse de vista para asegurar una sociedad de bienestar en el futuro?
-La educación es la base en cualquier país. Si la diferencia de velocidad entre economía, sociedad y política incrementa, provoca una separación. Política y sociedad se perciben de forma disgregada, aunque deberían ir unidas. Actualmente, los referentes políticos e intelectuales escasean o no se valoran. Ha calado la «posverdad» y se habla de democracia participativa, pero sin avances.
-¿Qué opinión le merece el programa de la Diputación 'Etorkizuna Eraikiz'?
-Vivimos un momento dulce por las nuevas oportunidades, pero lleno también de incertidumbres, por lo que la reflexión y el debate son necesarios para cualquier acción posterior. Es el momento de establecer mecanismos para decidir cómo abordar los retos.
-¿Qué otros campos ve potencialmente explotables o interesantes para las tecnologías Big Data?
-Movilidad y finanzas ya están siendo explotadas por el Big Data, aunque todavía no se ha visto todo su potencial. Personalmente, me interesan más la salud y la ciencia, las que producirán grandes avances en calidad de vida. Big Data es el término de moda, pero si pensamos en la computación cuántica y su capacidad de resolver problemas, nos percatamos de que son los primeros compases de la era digital.
-¿Qué le diría a la pyme industrial guipuzcoana que todavía recela de la Industria 4.0?
-Que reflexione, mirando e identificando aspectos de la vida que están siendo transformados y que piense en las generaciones venideras. Después, y siempre en clave de negocio, se debe priorizar por dónde empezar a aprovechar las oportunidades de las tecnologías 4.0. No se trata de pensar en grande, sino en práctico.
-Le hemos oído decir que las máquinas son cada vez más humanas. ¿Hay algo que temer?
-Las máquinas son cada vez más amigables y colaboran y comparten espacio con los humanos, pero todavía hay un gran reto tecnológico por resolver. Los ordenadores aprenden mucho, bien y rápido, pero no saben explicar el conocimiento. Son cajas opacas, con un nivel de consciencia que parece quedar lejos, aunque cada vez nos entienden mejor.
-¿Qué tenemos que aprender del sistema educativo alemán del que tanto se habla y que conoce de primera mano?
-Lo diferente no es el currículo académico, sino cómo se realiza la transición paulatina entre la vida de estudiante, la especialización y la integración al mundo laboral. Disponen de una máquina bien engranada entre la universidad, la investigación aplicada y la empresa. Aquí se ha mejorado, pero se avecina el reto de fortalecer las actitudes y aptitudes emprendedoras y de autoempleo, como forma natural de inserción laboral.