Romero: «Es imposible reeducar a un menor si tiene un entorno conflictivo que no cambia»

Romero, en las instalaciones de El Diario Vasco. /USOZ
Romero, en las instalaciones de El Diario Vasco. / USOZ

Afirma que los centros de acogimiento residencial de menores en protección de Gipuzkoa tienen un «alto nivel de éxito»

Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZSAN SEBASTIÁN

Juan Carlos Romero es director de dos centros de Gipuzkoa para jóvenes con adolescencias complicadas, además de psicoterapeuta y pedagogo de Irse-Ebi, el Instituto de Reintegración Social de Euskadi, entidad gestora de los centros de integración de menores de la Diputación. Con 25 años de experiencia en el campo, considera que el modelo de intervención con menores «funciona bien», aunque es «susceptible de mejora».

- ¿Gipuzkoa cuenta con los recursos necesarios para ayudar a menores con problemas?

- Tenemos un montón de elementos a nuestra disposición. Desde los servicios sociales de los ayuntamientos a todos los programas impulsados desde la Diputación: apoyo psicológico para padres y menores; sistemas de coordinación específicos con salud mental infantil; terapia asistida con animales; programas para ampliar la red social de estos chavales, como el Izeba, con el que familias voluntarias se ofrecen a pasar tiempo con ellos; programas de apoyo escolar; todo el acogimiento familiar profesionalizado; además de los centros de integración de menores.

- ¿Con qué nota valoraría el funcionamiento y la eficacia de todos esos recursos?

- Si lo hiciera individualmente les daría un nueve. Pero si valoro la coordinación entre todos los programas, la nota sería de siete. Cuando tienes muchos dispositivos que están creados con una finalidad pero que trabajan con la misma población, los problemas radican en coordinar la acción conjunta de todos ellos. Para mí ese siete es una muy buena noticia, y creo que tenemos un sistema que funciona lo suficientemente bien, pero al que, por suerte, todavía le queda mucho margen de mejora.

- ¿Se revisa el funcionamiento de todos esos programas para medir su eficiencia y detectar carencias?

- Constantemente. Por poner varios ejemplos que lo demuestran, la Diputación de Gipuzkoa ha participado en una investigación para detectar si todos los recursos que está destinando al apoyo psicológico de menores estaban sirviendo o si se podían mejorar. Asimismo, está inmersa en un estudio para evaluar el grado de satisfacción de los jóvenes y sus familias con la intervención realizada en los centros de protección del territorio. Por otro lado, una vez al mes nos reunimos todos los directores y responsables de centros educativos de Gipuzkoa con técnicos y asesores de la Diputación para analizar problemas y dificultades, y se están empleando a fondo para que todos los programas que se lleven a cabo en acogimiento residencial estén basados en la evidencia, por lo que hay que demostrar que funcionan.

- ¿Qué nivel de éxito tienen los jóvenes que pasan por los centros de menores en Gipuzkoa?

- No sé si se habrán hecho estudios al respecto, pero si entendemos el éxito como que a los 18 años la inmensa mayoría de estos jóvenes puedan desempeñarse prosocialmente en la sociedad, el índice es alto. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de intervenciones destinadas a paliar los problemas por los que esos jóvenes llegan a nuestros centros. Con algunos adolescentes tratamos de reintegrarles en su familia, con otros esa opción no es posible y fomentamos su emancipación. Además hay programas por los que una vez cumplidos los 18 años se sigue prestando apoyo a esos jóvenes.

- ¿Considera que se está fallando en la prevención y detección temprana de menores conflictivos?

- La red institucional destina programas y dispositivos a ayudar a la sociedad en los problemas con los jóvenes, y creo que la calidad y la cantidad de esos recursos preventivos es alta. Existen equipos de intervención socioeducativa, educadores de calle, programas específicos y especializados que intervienen con las familias en el hogar, apoyos psicológicos individuales y familiares. Pero esta red no puede suplir todas las carencias existentes y no se puede pretender que cumplan la labor educacional que en otras épocas han tenido padres, colegios y adultos del entorno social de esos jóvenes.

- ¿Por lo tanto padres, profesores y demás personas implicadas en la educación de los menores están incumpliendo su parte?

- Todos los expertos lo mencionan. Afortunadamente Euskadi tiene unos medios que no tiene ninguna otra región del Estado, pero no podemos llegar a todo si las estructuras sociales que estaban destinadas al control social y a la educación de los jóvenes están delegando su función. Fenómenos como la violencia filoparental, con casos que aumentan cada año, se explican porque los padres, los maestros y el entorno social ha perdido el poder y autoridad con los adolescentes, y eso es clarísimo.

- ¿Jóvenes como los acusados de los últimos crímenes en Bilbao están a tiempo de ser reeducados?

- Por supuesto. Trabajamos en programas psicoeducativos y la ley penal de menores es de responsabilización, porque creemos en la reeducación de estos jóvenes. Pero hay una realidad muy clara. Es imposible que un menor pueda cambiar si en el entorno del que proviene, que es problemático, no se producen también cambios. Es lo que los terapeutas conocemos como la amenaza de la identidad, el miedo a ser bueno. Si un menor procede de entornos muy conflictivos y hace bien las cosas, no le reconocen. Por lo tanto se ve obligado a cambiar para hacer lo que esperan que haga, porque necesita pertenecer a ese entorno. En esos casos tan graves, si no conseguimos el apoyo de la familia, el éxito es muy difícil.

- ¿Los recursos sociales que se destinan en Gipuzkoa a la intervención con menores pueden evitar casos tan graves como los ocurridos recientemente en Bizkaia?

- Nunca se han dado, y aunque eso no quiere decir que no pueda ocurrir, si no han saltado casos es porque los servicios de protección del menor y los servicios de justicia juvenil del territorio están haciendo un trabajo suficientemente bueno.

- ¿El modelo de intervención es el correcto o se puede mejorar?

- Creo que se puede mejorar. El acogimiento residencial de menores en protección está regido por un decreto del Gobierno Vasco, que es realmente bueno, pero tiene determinados aspectos que se pueden pulir, para mí dos especialmente. Uno de ellos es el tipo de profesionales que pueden desempeñar su labor en esos centros. En este momento recoge que solo pueden trabajar integradores y educadores sociales, por lo tanto excluye a psicólogos, pedagogos, profesores e incluso gente que aunque no tenga titulación, tiene una gran experiencia de trabajo con jóvenes . Eso habría que retocarlo cuanto antes, porque el decreto nos limita y estamos perdiendo un potencial humano y un bagaje técnico que es lamentable. Y por otro lado, tiene que haber un replanteamiento por parte de las fiscalías y las diputaciones en los casos más graves que se tratan en los centros de alta intensidad, para que se distinga el derecho a la libertad de la autonomía y la responsabilización. Hay que entender que con determinados menores que con sus acciones ponen en grave riesgo su integridad física, psicológica, moral e incluso jurídica, el hecho de internarles durante más tiempo o solo permitir que salgan con el acompañamiento de un educador, es un acto de responsabilidad, y no se puede considerar que se están coartando sus libertades.

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