El asesinato de un sacerdote de Hernani en el París de 1930 «en un barrio refugio de maleantes y vicios»
Cipriano Echeverría recibió en julio de 1930 un disparo por la espalda en uno de los peores barrios de la capital francesa. El crimen quedó sin resolver y la principal hipótesis fue un robo que salió mal a cargo de una prostituta y su proxeneta
El asesinato de un sacerdote siempre produce extrañeza y conmoción. Más si cabe cuando el crimen se produce en otro país, en circunstancias extrañas y finalmente no se resuelve. Este es el caso de Cipriano Echeverría, de 43 años. La madrugada del 13 de julio de 1930 recibió un disparo por la espalda en uno de los peores barrios de París. El crimen, que nunca se resolvió, y sobre la que la principal hipótesis fue un robo que salió mal a cargo de una prostituta y su proxeneta, tuvo un amplio eco mediático tanto en Francia como en España.
Cipriano Echeverría había nacido en Altzo. Hacia cuatro años aproximadamente que era coadjutor de la parroquia de Hernani. Antes fue cura en Orendain, donde fue ordenado. Los que le conocían le describían como un hombre poco fornido, de carácter afable, bondadoso, campechano, apocado, de trato tolerante e incapaz de mantener con nadie una discusión. Era conocido en Tolosa porque tenía un hermano llamado Francisco que regentaba un almacén de granos y en San Sebastián, porque acudía mucho a la capital guipuzcoana por motivos eclesiales.
Cipriano Echeverría viajó en julio de 1930 a un París que se encontraba sumido en una grave crisis económica, tras los 'felices años 20', como consecuencia del impacto de la Gran Depresión de 1929, que motivó una creciente conflictividad social y política. Pese a todo ello, la 'Ciudad de la Luz', seguía atrayendo a miles de personas por sus monumentos históricos, como la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, la Catedral de Notre Dame y la Basílica del Sagrado Corazón, sin olvidar los Campos Elíseos y el majestuoso Palacio de Versalles. La capital francesa vivía una efervescencia cultural gracias al Museo del Louvre y al gran número de artistas que huían del auge del estalinismo y del fascismo.
La famosa vida nocturna de París
También era famosa su cosmopolita vida nocturna, con cabarets como el Moulin Rouge, ubicado en el corazón de Montmartre, y burdeles de lujo. Sin embargo, oculto de lo pretencioso y del glamour existía un mundo sórdido, con prostíbulos para clases medias y bajas en todos los barrios de la ciudad, sobre todo los más populares, y mujeres que ejercían la 'profesión más antigua del mundo' de forma clandestina o en plena calle, casi todas ellas bajo la estrecha vigilancia de un proxeneta. La Iglesia Católica era la religión mayoritaria, pero el secularismo francés ya había relegado la religión al ámbito privado, con un Estado que mantenía una postura de laicidad.
Cipriano Echeverría tenía 43 años, era coadjutor de la parroquia de Hernani y antes fue cura de Orendain
En un principio se informó de que el padre Cipriano Echeverría había llegado a París el 9 de julio, miércoles, con motivo de la peregrinación de la Medalla de la Virgen Milagrosa, que tenía su origen en las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré en París en 1830. Entre los peregrinos se encontraban vecinos de Hernani, de otras localidades guipuzcoanas y de varias provincias. Todos ellos estaban acompañados por sacerdotes, religiosos y monjas de distintas órdenes.
En la investigación policial tras su asesinato se comprobó que el sacerdote había viajado desde Hendaia hasta la capital francesa 24 horas antes. Se confirmó que se trataba de una visita de carácter privado, por asuntos particulares y no relacionados con su labor eclesiástica. Tenía previsto pasar varios días en la capital francesa, como ya había hecho en otras ocasiones. Se alojó en el Hotel Oriente, situado en la calle L'Abbe Gregoire, al no lograr habitación en el Hotel Aviatic, donde sí se hospedaron los peregrinos.
Un barrio con 'casas de citas'
Alrededor de las cuatro de la madrugada del 13 de julio un comerciante apellidado Oger se topó con el cadáver de un hombre frente al portal de su domicilio en la calle Blottiere. Pertenecía al popular barrio de Plaisance, conocido por sus 'casas de citas' o 'casas del placer', además de albergar a muchas prostitutas callejeras, y tener una alta tasa de criminalidad. El tendero alertó a la Policía y el cuerpo fue trasladado al Hospital Brousssais, donde el médico de guardia no pudo más que certificar la defunción. En sus bolsillos había un pasaporte extendido a nombre de Cipriano Echeverría, sacerdote natural de Altzo y vecino de Hernani de 43 años de edad. Estaba vestido con «un traje deportivo, de corte elegante, chaqueta y pantalón de color beige, camisa blanca de cuello abierto, zapatos de color y una gorra cuadros blancos negros», según reveló en la prensa. Esta última prenda la adquirió, al parecer, en un comercio de Burdeos, ya que se había alojado en un hotel de la ciudad labortana unos días antes de emprender su fatal viaje a París.
El cadáver fue llevado al Instituto Médico Legal para serle practicada la autopsia. Presentaba una herida de bala del calibre 8,35 milímetros disparada por una pistola automática de la marca Browning. El proyectil impactó en el lado izquierdo de la espalda, debajo de la paletilla. Atravesó el brazo, la aorta, los riñones y el bazo. Asimismo, presentaba rastros de sangre en la pechera de la camisa, y en cara y manos varias equimosis causadas por un traumatismo o un golpe. Este último hizo sospechar que el sacerdote sostuvo una lucha violenta con otra persona. El disparo fue realizado a cierta distancia y por la espalda. Este dato, y al no haberse encontrado arma alguna en el lugar, llevó a la Policía a descartar la hipótesis de un suicidio. Además, el sacerdote guipuzcoano conservaba un reloj de oro y en los bolsillos de la chaqueta 215 francos y dos billetes de banco españoles, de 23 pesetas cada uno, algo inusual si hubiera sido víctima de un robo, como se sospechaba desde un principio.
El cuerpo presentaba una herida por una bala disparada que impactó en el lado izquierdo de la espalda
El hecho de que fuera un sacerdote y el crimen se cometiera a miles de kilómetros de su lugar de residencia despertó rápidamente el interés y el morbo de los diarios parisinos. Algunos, como el 'Petit Parisien', llegaron a informar de que en primer lugar convendría aclarar si la víctima era en realidad Cipriano Echeverría o si los documentos hallados en sus ropas estaban destinados a desorientar las pesquisas policiales. Sin embargo, la Policía Judicial francesa confirmó que el asesinado era efectivamente el cura guipuzcoano. Otros periódicos, como 'Le Matin', no descartaron que el móvil fuera político, hecho que también fue desmentido por las autoridades.
Dinero bajo la almohada de su cama
Los periódicos donostiarras y madrileños fueron más cautos que los parisinos, tal vez al disponer de menos detalles que la prensa gala. Informaron de que el señor Badin, comisario de la Policía Judicial, se hizo cargo de la investigación. Transcendió que el padre Echeverría salía cada día muy temprano del hotel en el que se alojaba y no regresaba al mismo hasta las once o doce de la noche. Además, gracias a lo declarado por empleados del establecimiento, se supo que el sábado, 12 de julio, abandonó el edificio alrededor de las 23.30 horas vistiendo «un traje de sport». Antes había cenado con cuatro vecinos de Hernani y recibido en un salón a cuatro jóvenes hernaniarras que trabajaban en París como criadas y que preguntaron al sacerdote sobre sus familias. Las jóvenes aseguraron a los policías que su interlocutor vestía ropa seglar, por lo que no entendían que fuera hallado muerto con prendas de sport. Otro dato que desconcertó a los investigadores fue que debajo de la almohada de la cama de su habitación (otras fuentes apuntan al colchón) se encontraba una cartera con 215 francos y dos billetes de quinientas pesetas. Algunos vecinos de Hernani desvelaron que el padre Echeverría había recibido recientemente una gran cantidad de dinero, pero que ignoraban su procedencia y montante exacto.
En el curso de las diligencias policiales para esclarecer el crimen se interrogó a dos mujeres de la calle Blottiere, situado muy lejos del Hotel Oriente, donde estaba hospedado el clérigo. Señalaron que la madrugada del sábado al domingo, día 13, salieron de una casa «de mala nota» para despedir a un amigo y se percataron de que un individuo se encontraba tendido en el suelo, al parecer gimiendo. Remarcaron que no le dieron mayor importancia al creer que se trataba de un hombre borracho. Añadieron a que a muy poca distancia, en un callejón sin salida y muy mal alumbrado, vieron a un hombre y a una mujer que se ocultaban en el quicio de una puerta. Esta versión, corroborada por otros vecinos del barrio, alimentó la hipótesis de que el padre Echeverría había sido atraído por una prostituta para sustraerle sus pertenencias y luego asesinado de un disparo por su cómplice, probablemente un proxeneta.
Varios testigos vieron en el lugar del crimen a una mujer y a un hombre, tal vez una prostituta y su proxeneta
El comisario Badin también interrogó al padre Daniel Vega, de 40 años, misionero lazarista en San Sebastián, que se encontraba de paso en París. Declaró que quince días antes el padre Echeverría, del que dijo era «un modelo de virtud y de celo sacerdotal», le visitó en San Sebastián para pedirle direcciones de hoteles de París para alojar a los fieles guipuzcoanos de la peregrinación de la Medalla de la Virgen Milagrosa.
Un intento de robo que salió mal
Conforme avanzaba la investigación policial, cobraba cada vez más fuerza la teoría de que el sacerdote había sido víctima de un intento de robo que salió mal. El hecho de que ningún vecino de la calle Blottiere hubiera escuchado el disparo, según dijeron a la Policía, ni siquiera los empleados de un garaje cercano que estaba abierto las veinticuatro horas, hizo sospechar a los investigadores de que tal vez el crimen se cometió en otro lugar, en alguna zona de Montmarte, y posteriormente el cadáver fue trasladado a la calle en la que fue descubierto en un turismo o en un taxi. Otra hipótesis que se barajó era que el asesino fuera un español al que conocía el sacerdote hernaniarra y que habían quedado citados en el barrio de Plaisance de madrugada para dirimir sus diferencias. Otra conjuntura señalaba que tal vez los asesinos no eran más que una pareja de ladrones que intentaba salir adelante con robos a transeúntes o quien sabe si un matrimonio que tenía que delinquir para sacar a delante a su familia. Nunca se supo y seguramente nunca se sabrá quiénes fueron los autores de la muerte del eclesiástico.
La prensa de París se preguntaba qué hacía un sacerdote, además español y que no hablaba francés, en uno de los peores barrios de París, «refugio de gente maleante, patibularia y prostibularia, lugar de vicio barato, sucio, hediondo». Describieron Blottiere como «una siniestra calle del suburbio parisino». Un medio, incluso, publicó que «la propaganda de los hoteleros y clericales francés prende fácilmente entre los católicos españoles». Fue más allá al asegurar que la Policía había encontrado en un bolsillo del sacerdote «un papel con direcciones de establecimientos especiales de aquel barrio y del de Montmartre, donde había pasado la noche anterior».
Dejando a un lado las especulaciones, lo cierto es que el trágico final del sacerdote Cipriano Echeverría provocó una honda conmoción en toda Gipuzkoa, y sobre todo en Hernani. Algunos peregrinos, que habían finalizado su viaje a Francia con una visita al santuario de Lourdes, se enteraron del asesinato cuando llegaron en tren a San Sebastián y fueron abordados por periodistas locales ávidos de conocer más detalles sobre el brutal crimen. Muchos vecinos de la localidad se sorprendieron al conocer que el sacerdote había viajado a París por asuntos privados y no como acompañante de los miembros de la peregrinación.
Conmoción en Hernani
El párroco de Hernani, Miguel Mendicute, descartó, a preguntas de los periodistas, que el móvil del asesinato fuera político y también mostró su extrañeza porque en el momento de su muerte el padre Echeverría vistiera un traje de sport y no el hábito de cura, aunque admitió que «a menudo los sacerdotes utilizamos trajes seglares cuando viajamos al extranjero». También le costaba admitir que su coadjutor pudiera ofrecer resistencia ante un supuesto atraco en plena calle, «ya que era muy delgado, incapaz de sostener lucha con nadie. Hubiera dado el dinero a la primera amenaza», enfatizó. Sobre el hecho de que realizara salidas nocturnas en solitario, señaló que «era un hombre extraordinariamente curioso y aprovecharía su estancia en París para conocer los más diversos lugares».
Al párroco de Hernani le extrañó que vistiera de sport cuando fue asesinado y que ofreciera resistencia ante el agresor
También el alcalde de Hernani, Julio Ubarrechena, se mostró muy afectado, puesto que, según remarcó, le unía una «entrañable amistad» con el fallecido. Mantuvo que este «era un hombre de carácter abierto y alegre, por lo cual contaba con la simpatía de todos cuantos le conocían». Insistió en que no podía aceptar la hipótesis de una venganza, ya que «nadie le conocía un solo enemigo». Resaltó, asimismo, que siempre se mantuvo alejado de las luchas políticas. «Era un hombre comprensivo, de espíritu amplio y nunca le oí emitir opiniones políticas», mantuvo. «Me resisto a creer que él sea el asesinado. Creo que habrá sido víctima de un robo», zanjó el regidor.
Desgraciadamente, nunca se resolvió un brutal crimen que sigue envuelto en el misterio. Tal vez el trágico final del sacerdote Cipriano Echeverría fue cuestión de mala suerte. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.