Un guerrero que agota su batería

Servando Castelló, entre los guerreros de terracota expuestos en Casa Ciriza de Trintxerpe./Arizmendi
Servando Castelló, entre los guerreros de terracota expuestos en Casa Ciriza de Trintxerpe. / Arizmendi

Servando Castelló recorre España y Portugal para hacer visible la enfermedad que padece. Ayer «se recargó» visitando al ejército de Xian

Elena Viñas
ELENA VIÑASPasaia

El valenciano Servando Castelló inició hace trece días un viaje por la península ibérica que ya suma más de 6.500 kilómetros. Su objetivo es dar a conocer la encefalomielitis miálgica que padece, una rara enfermedad, mal llamada síndrome de fatiga crónica, que carece de cura. La auténtica odisea de Servando, que en la actualidad tiene 42 años, comenzó hace siete, cuando empezó a sufrir «lo que parecía una gripe fuerte» que cambió para siempre su vida. Hasta entonces gestionaba empresas de centenares de trabajadores y se caracterizaba por ser una persona llena de energía y amante del deporte. Ningún médico fue capaz de diagnosticar durante cuatro años lo que padecía.

Su dolencia reúne sesenta síntomas, que van desde la intolerancia a la luz, a los olores y al frío o el calor, a la imposibilidad de estar determinado tiempo en pie o hablando, pasando por un aumento de las posibilidades de sufrir cáncer y otras patologías. «Es una enfermedad muy cruel», asegura. Se estima que sólo en España existen más de cien mil casos, aunque muchos no están diagnosticados. El 80% de los afectados son mujeres. «A muchas no se les cree y acaban suicidándose. Aquí el Estado no nos reconoce, a diferencia de Estados Unidos, Australia e Inglaterra, y en ocasiones ni las propias familias. Creen que nos lo inventamos. Por eso quise hacer este viaje, porque soy hombre y mi posición económica no precisa de ayudas», declara.

Así nació su aventura conduciendo una furgoneta con la que recorre España y Portugal, anunciándose con el apodo de 'Low Battery Man'. Es el reflejo de lo que siente, «que te quedas sin batería y no la puedes recargar descansando». Según explica, «decidí hacer algo antes de que me quede impedido. La enfermedad tiene tiene cuatro fases. Yo estoy en la leve y ya ha bajado mi calidad de vida. La de los enfermos severos es denigrante. Mi idea es conocerlos y una vez termine el viaje, dar a conocer sus historias, la de personas que han visto truncados sus sueños».

«Llevamos un titán dentro»

Servando hizo escala ayer en el distrito pasaitarra de Trintxerpe, donde visitó la exposición de los guerreros de terracota, abierta al público en Ciriza. «Me han impresionado muchísimo. Me han tenido que recargar, porque no suelo estar tanto tiempo bien», confesaba. Los paralelismos con los soldados de Xian eran evidentes. «En el fondo, todos llevamos un guerrero dentro, un titán, porque para nosotros levantarnos cada día es una tarea increíble», manifestaba.

La parada en Pasaia le permitió también conocer a tres guipuzcoanos que sufren el mismo mal: Aner Anduaga, Susana Tobalina y Arantxa Rueda. «Mientras la música suene, tenemos que seguir bailando», les animó Servando, quien se comprometió a continuar su ruta para que la sociedad les brinde la comprensión que necesitan y la comunidad médica continúe investigando.

«Otro de los propósitos de este viaje es recaudar fondos para Open Medicine Foundation, donde se integran tres premios Nobel. No pararé hasta que la enfermedad tenga solución. Aunque sea tarde para nosotros, que llegue la cura para nuestros hijos», prometió.