Gipuzkoa, una parada en el viaje de sus vidas

La estación de autobuses de Donostia recibe inmigrantes a diario, aunque su objetivo es cruzar la frontera hacia Europa

Bianzi Stephan tiene 19 años, llegó en patera a Tarifa y el martes pasó la noche en la terminal donostiarra junto a una decena de compañeros/LOBO ALTUNA
Bianzi Stephan tiene 19 años, llegó en patera a Tarifa y el martes pasó la noche en la terminal donostiarra junto a una decena de compañeros / LOBO ALTUNA
AIENDE S. JIMÉNEZ

En su teléfono móvil Bianzi Stephan tiene un vídeo grabado desde un barco de rescate en alguna zona del Estrecho del Gibraltar. En las imágenes se observa el júbilo de los nueve ocupantes de una zodiac medio deshinchada y con el motor estropeado, en la que avanzan mediante cuatro remos de madera, al ser encontrados en su temeraria travesía por el mar. Bianzi es uno de esos nueve chicos. Tiene 19 años y es de Camerún, aunque el martes pasó la noche muy lejos de su casa. Concretamente durmiendo en el suelo de la estación de autobuses de Donostia.

Esta es una de las historias que se esconden detrás de los inmigrantes que en las últimas semanas están llegando a la capital guipuzcoana procedentes de Andalucía, donde se están produciendo llegadas masivas de extranjeros procedentes de las costas del Norte de África. Euskadi y más en concreto Gipuzkoa se han convertido en parte del itinerario de viaje de estas personas, un punto caliente de paso antes de atravesar la frontera hacia Francia u otros países europeos, donde se encuentra el destino de la mayoría.

Es el caso de Bianzi y sus compañeros. Una decena de jóvenes que el martes llegaron desde Barcelona en autobús, y para los que Donostia es una parada más en un largo camino que emprendieron hace semanas desde sus países de origen, situados en la África subsahariana. El objetivo es Francia, donde les esperan familiares o amigos que ya completaron ese viaje antes.

Lo mismo ha sucedido con buena parte de los inmigrantes que han llegado en los últimos días a la estación donostiarra. El 18 de junio fueron 46 personas, y el viernes pasado llegaron algo más de 30. La mayoría, tras recibir las primeras asistencias por parte de Cruz Roja, decidieron seguir su camino y se cree que prácticamente la totalidad habrían abandonado ya Gipuzkoa. Al igual que el caso de los grupos que han llegado hasta Bilbao, otro de los puntos de tránsito donde se están produciendo numerosas entradas de inmigrantes.

Si bien la Cruz Roja en Euskadi recibe los avisos de su delegación en Andalucía cuando se produce el traslado en autobús de un gran grupo de migrantes, son muchos los que llegan por su cuenta o después de haber hecho escala en otras ciudades del Estado. Un flujo imposible de controlar por las administraciones y que provoca situaciones de desprotección como la de inmigrantes durmiendo en las terminales vascas a la espera de reunir el dinero suficiente para comprar un billete de autobús o a ser recogidos por sus contactos en Francia.

Un viaje «peligroso»

Cuando mira el vídeo de su móvil, Bianzi reconoce que el viaje en esa balsa fue «muy peligroso». Un auténtico suicidio en el que muchos pierden la vida. Pero no importan los riesgos; lo que dejan atrás es aún peor. A sus 19 años abandonó Camerún para emprender el viaje que podría aportarle una vida mejor. Se subió a la zodiac en Marruecos, y tras ser rescatado llegó a Tarifa, desde donde Cruz Roja le trasladó a Barcelona. Allí cogió un autobús que el martes le llevó hasta Donostia, y su próxima parada es Burdeos. «Allí quiero pedir el asilo internacional», explica. Una vez conseguido espera completar su periplo de miles de kilómetros y llegar hasta París, donde vive un amigo suyo.

Junto a Bianzi viaja Sanogo. También tiene 19 años, pero es de Costa de Marfil. Se han conocido en la estación de Donostia y el primero hace las veces de intérprete, ya que es el único que habla un poco de inglés. Su único equipaje es una bolsa de plástico donde llevan algo de ropa. Uno de ellos conserva el petate que les ofrece la Cruz Roja nada más pisar suelo español, que tiene a su vez impreso el distintivo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. El contenido, escrito en la bolsa, está compuesto por un chandal, una camiseta, un par de calcetines y ropa interior.

Sanogo porta además un documento expedido por un juzgado de Málaga en el que se decreta la devolución a su país, por haber tratado de llegar a España de forma irregular. En el mismo se detalla que llegó al puerto malagueño el pasado 23 de junio, en una embarcación en la que viajaban otras 146 personas. Está constantemente pendiente del móvil, comunicándose con las personas que le esperan en Francia.

Su desconocimiento del lugar y de sus recursos es evidente. Es por ello que acuden en ayuda de todo joven de origen africano que encuentran en la estación. Es el caso de Osmane, un senegalés que lleva cinco años viviendo en Donostia. Les aconseja que cojan un autobús a Bayona para poder pasar la frontera con mayor seguridad. «Sé muy bien por lo que están pasando», asegura. Antes de coger un autocar hacia Bilbao se despide de ellos. «Valor, tíos», les dice. Sabe que lo van a necesitar.

Una ciudadana que les observa se acerca a prestarles su ayuda. Les facilita el teléfono de la Cruz Roja en Gipuzkoa y la dirección de las oficinas ubicadas en Ategorrieta, donde se encargan de la atención de las personas inmigrantes que necesitan asistencia de cualquier tipo. Bianzi reconoce que no quieren más información. Aunque no le dirían que no a dormir en una cama. «No queremos volver a dormir aquí, en el suelo. No está bien», afirma señalando el rincón donde ha pasado la última noche. «Desde hace semanas vemos muchos chicos africanos durmiendo en la estación durante más de una noche. Cuando vinieron grupos grandes vino la policía, pero es algo constante», señala Marta Cadenas, del quiosco 'El bus del lector' de la estación de Donostia.

A diferencia del grupo que llegó el viernes pasado a Donostia, a quienes miembros de la Cruz Roja esperaban en la estación para darles la primera asistencia y aportarles toda la información que solicitasen, inmigrantes como Bianzi y Sanogo llegan cada día por su cuenta sin el control ni el respaldo de instituciones humanitarias. Desde Cruz Roja Gipuzkoa explican que una vez que llegan al Estado y pasan el primer control policial cada persona elige la ruta migratoria que quiere realizar. «La asistencia in situ que estamos realizando por ejemplo en las estaciones de Donostia o de Bilbao son consecuencia de la situación actual, pero cada día llegan migrantes en patera y se mueven por su cuenta, sin que sepamos cuál va a ser su itinerario», señalan las mismas fuentes.

Goteo constante

No obstante, insisten en que la mayoría de ellos están en Euskadi de tránsito y que generalmente «no muestran ningún tipo de interés en solicitar medidas de protección o de asilo, ya que su objetivo es pasar la frontera». Algunos incluso recalan aquí porque han alegado que cuentan con alguna red familiar en la zona que les va a prestar ayuda.

Ayer mismo una veintena de inmigrantes aguardaba a última hora de la tarde en la estación de autobuses de Gipuzkoa. Otros deambulaban por las instalaciones de Tabakalera, donde aprovechaban para recargar la batería de sus móviles para no perder el contacto con sus familiares. Muchos de ellos pasarán la noche en la terminal. El goteo de llegadas es constante y la situación en las costas del Estrecho auguran un verano en el que la situación no va a cambiar.

Euskadi asume un «déficit» en la atención urgente para grupos

Euskadi contará con un nuevo recurso de alojamiento urgente para los inmigrantes que lleguen a Bizkaia. Así lo acordó ayer el Gobierno Vasco en una reunión mantenida con la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, después de que el secretario general de Derechos Humanos y Convivencia, Jonan Fernández, reconociera Euskadi tiene un «déficit» de centros de primera acogida o de acogida urgente para inmigrantes y refugiados, en concreto para la atención de grupos grandes como los que han llegado a las capitales vascas en las últimas semanas.

Bizkaia será la primera en contar con uno de estos dispositivos de alojamiento de urgencia que tendrá capacidad para 48 personas y que gestionará Cruz Roja Bizkaia. Asimismo se va a crear un servicio de acogida e información en el punto de llegada de inmigrantes que oriente a las personas que llegan y que también será supervisado por la institución humanitaria.

Las instituciones vizcaínas persiguen además la creación de otro dispositivo que albergue a otras 40 personas, aún por concretar. Para la financiación de estos recursos el Gobierno Vasco aportará 100.000 euros, la Diputación de Bizkaia 30.000 y el Ayuntamiento de Bilbao 20.000.

Respecto a otros territorios como Gipuzkoa, fuentes del Gobierno Vasco señalan que se está trabajando para crear recursos similares, si bien señalan que los principales problemas de plazas de acogida se concentran en Bizkaia. Y es que a diferencia de lo que ocurre en el caso guipuzcoano, donde los inmigrantes apenas pasan una o dos jornadas para seguir su camino y cruzar la frontera, Bizkaia asume un número mayor de inmigrantes que se quedan en el territorio durante más tiempo.

Problema «profundo»

Jonan Fernández afirmó ayer a este respecto que desde el 20 de junio han llegado a Euskadi un total de 545 personas, si bien aseguró que «la inmensa mayoría de ellas tienen un proyecto migratorio que no consiste en quedarse aquí». Así, del total de estas personas «solo han decidido aceptar la ayuda para pernoctar en albergues o centros 245», apuntó. Asimismo, Fernández señaló que «el 95% de las personas que han ido llegando a Euskadi en autobuses desde el 20 de junio se han marchado, y los que se quedan más de tres días son el 5%».

El secretario general de Derechos Humanos y Convivencia se refirió a la llegada masiva de inmigrantes como «un problema muy profundo, que supera la realidad del ámbito vasco, incluso el estatal y el europeo. Se trata de algo de dimensión internacional estratégica y que no va a plantearse como una problemática de corto plazo, sino de medio plazo y que puede incrementarse», advirtió.

En ese sentido señaló que «hay que ir creando recursos que nos permitan responder a las nuevas realidades» y reconoció que «no disponíamos de recursos para dar alojamiento de repente a 50 o 60 personas el mismo día».

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