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-¿Qué quería ser de mayor?
-Quería ser lo que he sido. Quería vivir de la radio, que es lo que había cuando yo era pequeño. Ahora soy feliz por ello.
-Y hoy, ¿qué le preocupa del futuro?
-La capacidad que tiene el ser humano de no avanzar nada en sus relaciones sociales, de no resolver los problemas. También la brecha demográfica del mundo, con un Sur lleno de jóvenes, que es una guardería, y un Norte que parece un asilo, repleto de ancianos. También me preocupan la desigualdad y la injusticia; y todo lo relacionado con el planeta, ya que vivimos con una ceguera espectacular.
-¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Estoy empeñado en saber envejecer bien, en vivir con dignidad. Quiero verme vivo, pero manteniendo la habilidad.
«Es extraordinario que la autoridad pública quiera liderar Etorkizuna Eraikiz. Me gusta una barbaridad»
-¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?
-Tengo una fe enorme en Gipuzkoa. Tiene un gran sentido de la comunidad, una gran preocupación por conservar su raíz y, al mismo tiempo, una fuerte apuesta de modernización y futuro. Muchas iniciativas son punteras y piensan en actividades de tipo social. Gipuzkoa está con los pies en el suelo, en su raíz, y con la mente muy proyectada hacia la modernización. Tiene un problema, y es que tiene una población muy envejecida, pero el porvenir es formidable.
-Hablando de envejecimiento, estamos dando años a la vida, pero ¿cómo damos vida a esos años?
-Ése será uno de los grandes problemas del futuro inmediato: gente que está viva, pero que no vive; gente que no acierta a morir, pero que no puede dar contenido a su vida… La ciencia corre mucho más prolongando la vida que la sociedad elaborando sistemas que puedan organizar la vida de otra forma.
-¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?
-La acción pública se entrega en tantas, tan variadas y heterogéneas actividades que, a veces, se olvida de que su misión primera es mantener el bienestar colectivo. Pero creo que nuestra sociedad tiene una gran sensibilidad y conciencia para ello. Todos los partidos políticos tienen ese tacto tan especial con lo referido al bienestar colectivo. Donaciones de sangre, ayudas a discapacitados, a la tercera edad… En Gipuzkoa hay una movilización rápida y automática.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-Es muy de pasado. Ahora se puede decir que el presente es mujer, aunque eso no quiere decir que debamos dar por finalizada ninguna batalla. Pero el futuro, o es con las mujeres en otra posición, o no existirá.
-¿Qué opinión le merece Etorkizuna Eraikiz?
-Me gusta una barbaridad. He viajado mucho y casi siempre este tipo de programas procedían de grupos empresariales o empresas privadas. Es extraordinario que lo quiera liderar la autoridad pública. Suele suceder que, desde sectores, llamen a la puerta de la Administración Pública para que se involucre en determinadas materias, pero en este caso es justamente ella la que se pone al frente, saca la bandera y moviliza. A mi juicio, eso le da una posibilidad mayor de salir adelante; no se estrellará ante puertas cerradas.
«Es en los 'big data' donde se libra la batalla más trascendental de cara al futuro»
-Estamos sobre-informados, pero no por ello mejor informados: ¿Cómo separamos el grano de la paja?
-No es fácil para nadie. Cuando pasen 40 años, veremos qué pasa, pero ahora se produce ese gran terremoto. Todas las estructuras periodísticas se están transformando: con un 'clic' te pones en contacto con el universo entero. Se ha inaugurado una nueva realidad y, de momento, estamos en estado de estupor. Asistimos a millones de señales que nos llegan a nuestro cerebro y nos cuesta saber si son ciertas o falsas. Las 'fake news', además, no son sólo un indeseable efecto; son ya una industria.
-Por esa sobre-información se está imponiendo una visión muy catastrofista del mundo actual: ¿Cree que se ajusta a la realidad?
-Los medios de comunicación observamos las anomalías de la realidad: la noticia es que una persona mata a otra, pero no que más de 40 millones se han levantado en son de paz. Los medios siempre transmiten lo más llamativo, pero en este momento, son muchos y con esa histerización y amarillismo galopantes, nos están llegando los mensajes más tenebrosos con una intensidad superior a la habitual.
-¿Cómo ve el futuro del periodismo? ¿Y el de los medios?
-No sé si los medios de hoy van a tener un futuro, van a cambiar mucho o van a ser sustituidos por otros. El periodismo va a tener un gran futuro, porque, como consecuencia de todas esas señales, el ciudadano necesita encontrar referencias de solvencia. El periodismo tendrá mucho futuro, pero con una estructura que no se parecerá a la que conocemos.
-Tenemos más información, pero las administraciones y empresas saben más sobre nosotros. ¿Es el 'big data' un nuevo poder?
-Es el gran poder; la gran batalla se libra en los 'big data' y en su control. Ahora estamos en medio del terremoto, donde todas las nuevas tecnologías son a la vez una puerta de esperanza y un paso de esclavitud. A través de Internet tenemos unas posibilidades de circulación en libertad hasta ahora desconocidas, pero también se van apoderando de nuestros movimientos y nuestro cerebro a una velocidad extraordinaria. A mi juicio, es en los 'big data' donde se libra la batalla más trascendental de cara al futuro.