El enjambre de abejas se posó en un carro de niño en La Concha atraído por un potito

El apicultor procede a la retirada del enjambre posado en el carro. / DV

La mujer que iba a dar de comer a su hijo en la playa donostiarra avisó a la Guardia Municipal, que acordonó la zona durante algo más de una hora

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

Abejas hambrientas, un apetitoso y dulce potito y un carro de niño abandonado y acordonado en medio de la playa. Con estos tres elementos a Woody Allen le sobrarían motivos para rodar una película y lo mejor de todo es que no tendría que irse demasiado lejos para dar con la localización de la escena.

Los protagonistas fueron una madre y su hijo, rodeados de un buen puñado de extras, que ayer disfrutaban de un soleado día en la playa de La Concha y que presenciaron la escena en directo y sin cortes de cámara. Todo sucedió poco antes de las dos de la tarde, cuando al pequeño le entró hambre y la mujer se dispuso a darle de comer. Se dirigió al carro, donde tenía guardado uno de los potitos de fruta y giró la tapa hacia la derecha, como tantas otras veces había hecho. Se disponía a introducir la cuchara en la crema cuando de pronto, según fuentes consultadas, se introdujo en la escena un enjambre atraído por el dulzor del alimento.

Lo que en un primer momento parecía ser la molestia de un par de insectos que sobrevolaban de forma accidental la toalla en la que se encontraban madre e hijo, se convirtió en cuestión de segundos en una invasión a conciencia por parte de estas abejas que, siguiendo los pasos de la reina, instalaron su campamento base en la parte trasera de la capota del carro, sin ninguna intención de moverse de allí. No fue el caso de la mujer y su hijo, que rápidamente se apartaron de la silla y pusieron los hechos en conocimiento de la Guardia Municipal. Pasadas las 14.00 horas, varios agentes se presentaron en el arenal de la playa donostiarra y marcaron un perímetro de seguridad, dejando el carro en medio de la zona acordonada. Un apicultor fue el encargado de acceder hasta la silla, rociar el enjambre levemente con agua para que no alzaran el vuelo e ir trasladándolas con la mano a una caja, hasta su retirada total poco más de una hora después. Los servicios de la playa acordaron con la madre que le avisarían cuando la situación estuviera controlada y pudiera ir a recoger la silla, lo que sucedió unas horas después.

Es la segunda actuación similar en la zona que se produce en menos de una semana. El pasado viernes, el bidegorri de La Concha a la altura de La Perla permaneció cerrado durante todo el día, después de que se descubriera que un enjambre se había posado bajo la silla para niños de una bicicleta. El apicultor que se encargó de retirar el enjambre ya señaló a este periódico que está siendo un julio «atípico». «En lo que va de mes ya he retirado otros treinta».