Etorkizuna Eraikiz

«Gipuzkoa es referente en muchos ámbitos y eso es fruto del trabajo bien hecho»

Edurne Pasaban, en Donostia. /LUSA
Edurne Pasaban, en Donostia. / LUSA
Edurne Pasaban, alpinista y conferenciante
IZASKUN SALGADO

–¿Qué quería ser de mayor?

–Es bastante gracioso, quería ser limpiacristales. Desde pequeña me llamaba la altura, veía a los trabajadores colgados y a mi madre le decía que quería ser eso.

–Y hoy, ¿qué es lo que más le preocupa del futuro?

–Me preocupa ser buena madre, saber transmitir a mi hijo los valores que a mí me han transmitido. Poder estar orgullosa del trabajo que he hecho con él y que él sea feliz. En general, me preocupa que no seamos capaces de no cargarnos nuestro planeta. Pienso que vivimos en un mundo en el que hay mil ideas y todas son respetables. Todos los conflictos de guerras y políticos me preocupan; también la tecnología, porque es el futuro.

–¿Cómo se ve dentro de 10 años?

–Doy muchas charlas a chavales y les digo que no piensen tanto a diez años, sino que hay que pensar más a tres años. El tiempo corre tan rápido que nos tenemos que ir adaptando a lo que pasa cada día. Me veo en el papel de madre y también me gustaría ir aportando algo, por pequeño que sea, a esta sociedad para poder cambiarla.

–¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?

–La evolución de un territorio depende mucho de quienes gobiernan. Si éstos escuchan al pueblo, conseguiríamos muchas cosas. Pero lograrlo me parece muy complicado. Creo que Gipuzkoa tendría que ser referente en esto. Nos tenemos que dar cuenta de que es algo que hemos hecho muy bien hasta ahora. Gipuzkoa es un referente en muchos ámbitos. A nivel deportivo, por ejemplo, con lo pequeño que es, la gente te pregunta: «¿Cómo puede ser que hayan salido tantos deportistas con tan buenos resultados?». Y eso es porque lo hemos hecho bien, hemos sabido gestionar el deporte base, los recursos… Es consecuencia de un trabajo bien hecho en años.

–¿Qué se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?

–Cuando alguien llega a las instituciones, si cumple las promesas que ha hecho y las hace realidad, es un paso importante. Los políticos deben mirar especialmente por nuestro bienestar, el de la gente de aquí, no estar pendientes de que un día nos nombren la mejor ciudad del mundo, por ejemplo. Debemos preocuparnos primero de lo nuestro. Tenemos que darnos cuenta de que estamos en una globalización que antes no tenía Gipuzkoa; ahora somos un punto en el mapa de un mundo que sabe que existimos. Es importante que la gente que esté gestionando todo esto sepa de lo que estamos hablando, que esté preparada.

–«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?

–Me parece una utopía. Aunque estamos logrando muchísimos avances, no lo veo real todavía. Primero, porque la sociedad no está preparada, porque las generaciones que nos han precedido no lo veían así. Tienen que cambiar muchas generaciones para que todas estén pensando en la misma onda y el mismo mensaje. Culturalmente, por desgracia, aún encontramos gente que no piensa así... Hay que seguir.

Tenemos que concienciarnos las propias mujeres de que podemos hacer cosas. Cada una puede decidir el camino a tomar. Cuando entendamos esto y seamos capaces de hacerlo, lo conseguiremos.

–¿Cuesta ser aceptada en las cordadas de los 'ochomiles' siendo mujer?

–Sí. Es una cuestión de demostrar; al principio nadie cree en ti. Si ponías paralelamente a un chaval en mi misma situación, yo tenía que demostrar más y se observaba todo lo que hacía. También he tenido la suerte de encontrarme con gente que me ha valorado mucho y gracias a ellos, he llegado hasta aquí.

–En su objetivo de subir los 14 'ochomiles', ¿supuso una presión extra retrasar una posible maternidad?

–A los 31-32 años me llegó el instinto maternal. Siempre tuve claro que quería ser madre y me tuve que plantear muchísimas cosas. Eso me hizo estar muy enferma, con una depresión. Era una pelea interna sobre qué hacer con mi vida: escuchar el instinto de 'quiero ser madre' o seguir con mi carrera como deportista, que era imposible de compaginar con tener una familia. Seguramente, si en aquel momento hubiera optado por tener niños, nunca habría terminado los 14 ocho miles.

– La maternidad condiciona la trayectoria profesional de las mujeres, pero esa reflexión no se hace con los hombres.

–Es muy injusto. El hecho de ser mujer todavía condiciona los puestos de trabajo. El día que vayas a una entrevista de trabajo y al que está enfrente no le pase por la cabeza «ésta se me va a quedar embarazada en dos días», será entonces cuando estemos en igualdad.

– En octubre vuelve a Nepal para apoyar a unas mujeres de una zona en la que están muy discriminadas...

–El Himalaya y estas cosas me llaman mucho la atención y quiero seguir haciendo cosas. En octubre voy a ir a una pequeña expedición de un mes. Por suerte, mi pareja entiende muy bien que nosotros compartimos una vida, pero que también cada uno tiene que tener su vida. Él entiende que yo necesito ir al Himalaya, y voy a ir a escalar una montaña de 7.000 metros con unas mujeres nepalíes. Es un proyecto mucho más social que deportivo, porque es en el oeste de Nepal, donde ni llegan los trekking-es, ni es una zona muy popular. Allí las mujeres están muy infravaloradas.

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