«Me confundieron con otro, me detuvieron y pasé la noche en el calabozo»

Un vecino de Astigarraga denuncia su detención «por error» tras confundirle con un estafador de igual nombre

El vecino de Astigarraga Joan Ernesto Maya, ayer frente a la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Donostia. /Lusa
El vecino de Astigarraga Joan Ernesto Maya, ayer frente a la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Donostia. / Lusa
Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

Se llama Joan Ernesto Maya Contreras. Nació hace 38 años en Valencia (Venezuela), aunque desde hace once reside en Gipuzkoa, actualmente en Astigarraga. Es profesor de 'pole dance' en una academia que tiene en el barrio donostiarra de Intxaurrondo. Vivía una vida tranquila hasta que el martes pasado dos policías fueron a su casa y le detuvieron acusado de una estafa piramidal cometida en Perú, un país «que nunca he pisado», afirma. Los policías portaban una orden tramitada por Interpol, dirigida contra una persona con su mismo nombre e idénticos apellidos, nacida el mismo año y en la misma ciudad. Pero que no es él.

Alguien ha suplantado su identidad y Joan se ve ahora envuelto en una «locura surrealista» en la que parece obligado a demostrar que el Maya Contreras buscado por la Policía nada tiene que ver con él. Joan, el de Astigarraga, ha pasado en una semana de gozar de plena libertad a ser sospechoso de un delito y tiene que comparecer dos veces al mes. «La Policía tenía que haber hecho mejor su trabajo y no solo limitarse a detenerme. Tengo todas las pruebas que demuestran que nada tengo que ver con el autor de esa estafa», afirma, al tiempo que expresa su malestar por una situación que le ha obligado a pasar una noche en los calabozos del Cuerpo Nacional de Policía.

Eran las seis y veinte de la tarde del pasado día 6 cuando agentes de la Policía tocaron el timbre de su casa. «Uno de ellos preguntó a través del interfono por mí. Pensé que como había efectuado una compra por internet venía a traerme el pedido. Le abrí y subieron dos personas. Dijeron que eran policías y que les tenía que acompañar. Les respondí que para qué, porque tenía que ir a trabajar. Ellos me replicaron que sería algo rápido, que solo querían que fuera a declarar», relata Joan Ernesto.

Ajeno a todo lo que posteriormente iba a suceder, imaginó erróneamente que la actuación policial estaba relacionada con un presunto caso de violencia contra la madre de un amigo suyo. «Me vestí y me fui con ellos. Al entrar en el coche me dijeron que estaba detenido. '¿Pero por que?' les pregunté. Me explicaron que estaba reclamado por un delito contra el patrimonio, estafa y contra el orden monetario y financiero cometido en Perú. Yo no sabía de qué estaban hablando. Me llevaron a San Sebastián. De repente, en apenas unos minutos, pasé de estar libre a detenido, era como una película», explica.

Extradición

Una vez en dependencias policiales, «y sin abogado», precisa, «me preguntaron si había estado en Perú. Les dije que jamás». La orden de Interpol que los agentes portaban tenía por objeto detener y poner a disposición judicial para su posible extradición al Joan Ernesto Maya Contreras que dirigía en el país andino una corporación involucrada en una estafa piramidal por valor de 300.000 soles peruanos, unos 78.000 euros.

El Maya guipuzcoano continuó su relato a los agentes cuando desde las dependencias policiales, dentro del protocolo habitual, fue trasladado al Cuarto de Socorro. «Me llevaron esposado por el centro de Donostia y luego dentro estuve también con los grilletes, como si fuera un delincuente y me vieron muchas personas. Soy una persona pública, ya que me dedico al 'pole dance' y la única escuela de esta disciplina que hay en Donostia la dirijo yo en Intxaurrondo. Pasé mucha vergüenza porque la gente me vio detenido, como si fuera de los peores criminales, y me sentí humillado. Eso sí, los policías me trataron muy bien, como si fuese un delincuente de cuello blanco».

Joan pasó la noche en los calabozos de la comisaría. «Me dieron tres pastillas, una para dormir y dos para la ansiedad. Me dieron de cenar pero solo comí unas galletitas y en el desayuno tampoco tomé casi nada, solo lo que había en el envoltorio cerrado».

Posteriormente, fue trasladado a la sede de los juzgados en Donostia. «Me llevaron esposado y me metieron en otros calabozos. Eran como unas peceras. Estuve tres horas», explica. Compareció por videoconferencia ante el magistrado de la Audiencia Nacional Ismael Moreno que debía resolver la petición de extradición de las autoridades del país andino. Joan estuvo asistido por un letrado de oficio. «Todo duró unos dos minutos y me preguntaron si estaba de acuerdo en ser extraditado a Perú».

Al término de la diligencia, Joan quedó en libertad provisional y está obligado a comparecer los días 1 y 15 de cada mes, según el auto dictado por el magistrado del Juzgado Central de Instrucción número 2. «Todo esto me parece una chapuza. El sistema judicial funciona fatal. No se han recabado suficientes pruebas como para detenerme. Yo no me dedico a las finanzas. Soy auxiliar de enfermería, quiromasajista e hice un curso de ajustador mecánico en el mismo año en que se cometía la estafa en Perú», explica .

Pero, además, el ahora investigado ha constatado un error en la documentación que la Policía le mostró. «Las fechas de nacimiento entre el Maya reclamado por Interpol y yo no son las mismas. Yo soy del 30 de julio el otro es de febrero. Cuando esto mismo se lo expuse a la Policía, el agente se quedó planchado porque estaba convencido de que había cazado al pez gordo».

Duplicidad de documentos

Aunque Joan no descarta de manera concluyente que pueda existir una coincidencia de identidades entre el presunto estafador y él, sospecha que le han robado la identidad. «En Venezuela suceden este tipo de cosas porque los funcionarios se dedican a vender identidades para lucrarse. Al menos es lo que me han dicho. Esto mismo ya se lo he explicado aquí a la Policía».

Maya Contreras está en posesión de las pruebas que certifican que no es el autor de los delitos que le imputan. «No he estado nunca en Perú. Basta con mirar los pasaportes que me han expedido. Los tengo todos guardados. No hay ningún sello de entrada en aquel país».

Joan Ernesto lleva en España desde el 18 de octubre de 2007. Permaneció siete meses en Madrid y luego recaló en Gipuzkoa, donde incluso ha contraído matrimonio. «He trabajado como bailarín, tuve una tienda de 'chuches' en Zarautz y me he dedicado al cuidado de personas mayores. Mi vida, por lo tanto, nada tiene que ver con la de un estafador que pudiera haber venido cargado con miles de dólares. Es más, las matemáticas se me han dado siempre fatal y eso de los porcentajes no lo entiendo. Es imposible que yo haya podido montar una empresa financiera, no tengo formación para ello», afirma.

Ahora, la esperanza de Joan Ernesto Maya pasa por que la Policía o las instituciones revelen la imagen del Maya delincuente. «Confiamos en que el pasaporte del otro Joan haya podido ser escaneado en algún aeropuerto o aduana, porque imagino que la foto que utilizó sería la suya real, no la mía. La Policía debería investigar eso y comprobar que él y yo no somos la misma persona». Bastaría igualmente con remitir una fotografía del vecino de Astigarraga a las autoridades peruanas y que estas trasladen su imagen a las víctimas para que certifiquen que no es el delincuente buscado.

Esta es la «surrealista» historia del verdadero Joan Ernesto Maya Contreras, el de Astigarraga. «Estoy indignado.Ahora no me siento seguro en ninguna parte. Y a cualquier venezolano le diría que introduzca su nombre en internet e investigue si, como a mí, algún funcionario le ha duplicado la identidad», señala Joan, quien confía en que pronto se archive el proceso contra su persona, y todo quede atrás.

Una estafa que afectó a una veintena de inversores peruanos

La presunta estafa piramidal que el 'otro' Joan Ernesto Maya Contreras cometió presuntamente en Perú afectó a 21 personas y el monto de lo defraudado ascendió a 300.000 soles, unos 78.000 euros. Por estos hechos, un juzgado de la localidad andina de Ilo condenó a cuatro años de prisión a una mujer que captaba depósitos mediante Inter Trade Corporation S.A, sociedad fundada por el otro Joan Maya. La firma ofrecía el pago de altas tasas de interés mensuales que fluctuaban entre el 12% y el 20% por los depósitos que los inversores realizaban. Argumentaban que el dinero entregado sería invertido en petróleo, oro y divisas, situación que nunca se acreditó que se llevase a cabo.

La acción penal se dirigió contra Joan Ernesto Maya y contra la mujer condenada. Ambos fueron imputados de un delito «contra el Orden Financiero y Monetario-Instituciones Financieras Ilegales, en agravio del Estado».

El proceso penal se inició como resultado de la intervención que realizó la Superintendencia de Banca en diciembre de 2011, conjuntamente con el Ministerio Público, acción que fue realizada simultáneamente en las ciudades de Arequipa, Abancay, Ica y Trujillo, donde esta empresa tenía oficinas de captación ilegal. La operación permitió incautar documentación que acreditaba la captación de dinero habitual del público y que más tarde sirvió como prueba para el proceso judicial. Tras la operación, el procesado Joan Ernesto Maya no compareció a los requerimientos judiciales, por lo que se dictó una orden internacional de detención. Actualmente, el sospechoso se halla en paradero desconocido.

 

Fotos

Vídeos