«¿Quién cuidaría de los txikis si no estuviésemos los abuelos?»

Amelia no pierde la sonrisa cuando está junto a sus nietos, encantados de ir al parque con su abuela./FOTOS: SARA SANTOS
Amelia no pierde la sonrisa cuando está junto a sus nietos, encantados de ir al parque con su abuela. / FOTOS: SARA SANTOS

Melchor, Amelia, Begoña y Jesús explican las múltiples actividades y alternativas que buscan para cuidar pero también disfrutar con los más pequeños de su casa

SARA ECHEVARRIA

«¿Qué pasaría si no estuviésemos los abuelos?». Se preguntan Melchor, Amelia, Begoña y Jesús, un grupo de guipuzcoanos que disfruta de una tarde de verano en el parque de Araba junto a los más pequeños de la familia. Ellos, al igual que muchos mayores, no se separan de los más 'txikis', y menos durante los meses más calurosos del año. «Sus padres trabajan, ellos tienen más tiempo libre y para nosotros no hay mejor plan que pasar tiempo con ellos». Además sostienen que la edad «no es un número, es mental», así que no es un impedimento para aprovechar los rayos de sol y llevar a cabo planes como ir a la playa, al monte, a pescar o contar aventuras. Aunque ir al parque «es sin duda el plan estrella para los enanos».

Entre columpios, txirristras y tirolinas los pequeños hacen nuevos amigos, juegan y disfrutan de los largos días de verano con sus abuelos. Algunos prefieren mantenerse al margen y observan desde la grada. Otros, en cambio se implican y se convierten en «un niño más». Este es el caso de Begoña, una mujer de 65 años que corretea detrás de su nieto por el parque donostiarra. Esta guipuzcoana, que decidió jubilarse «antes de tiempo», afirma que está «en plena forma» para hacer ejercicio. Tuvo la oportunidad de jubilarse antes y no dudó en tomar esta decisión. «Ahora tengo una pensión peor, pero que me quiten lo bailado, he disfrutado de estos años muchísimo». Es una aficionada a la montaña y el primer año de jubilación decidió viajar a Australia, el segundo a Vietnam y el destino del año que viene será Nueva Zelanda. También baila y pertenece a un grupo de tertulia literaria. Pero a pesar de ser una mujer «muy activa y ocupada», tiene una cita a la que no falta nunca. Su nieto pequeño.

Están juntos durante todo el año, pero cuando el pequeño está de vacaciones aprovecha para estar con él «todavía más tiempo». Esta exenfermera apuesta por jugar con los niños para estimularles y activarles. «Yo le regalo juegos didácticos y compito en el columpio con él porque no me gusta estar en un banco, así disfrutamos más los dos».

«El plan que más les gusta a mis dos nietos es, sin duda, ir a pescar todos juntos» Melchor, 74 años, Abuelo de Markel y Aritz

«Hay que jugar con los niños en el parque para que aprendan a sacarle el máximo provecho» Begoña, 65 años, Abuela de un niño de 5 años

«Por el trabajo, muchas veces los padres no les dedicamos la atención suficiente a los hijos» Jesús, 71 años, Padre de Max

«Tengo la suerte de poder compaginar mi trabajo con pasar tiempo con ellos, sino disfrutaría poco de ellos» Amelia, 47 años, Abuela de dos niños de 3 y 7 años

Según la doctora Sacramento Pinazo-Hernandis, vicepresidenta de Gerontología de la SEGG, «la figura de los abuelos es fundamental para el desarrollo personal de los nietos». Por un lado, ejercen de guía y ayudan en la paternidad y maternidad. «A menudo, son modelo de rol para los futuros padres», desde las primeras tareas de cuidado del recién nacido hasta las pautas de crianza o el mantenimiento de límites en la adolescencia.

La doctora también afirma que la abuelidad también es importante para los mismos abuelos. Puesto que ejercer es «una forma de sentirse socialmente integrados, incrementando el bienestar el sentimiento de utilidad, disminuyendo el sentimiento de soledad sobre todo en momentos de pérdidas».

Melchor junto a sus nietos Markel y Aritz. Jesús con su hijo Max, a la sombra de una caseta. Begoña, con su nieto / S. Santos

«Enseñar y aprender»

Otro de los abuelos que disfruta de la tarde junto a sus nietos es Melchor, un guipuzcoano que reconoce disfrutar de «enseñar y aprender con ellos». Markel, el mayor, trepa por las tirolinas mientras que Aritz, el menor de cuatro años, duerme profundamente en la silla de capota. Él está feliz porque «no hay nada mejor que estar con sus dos únicos nietos».

Este guipuzcoano de 74 años sostiene que ir al parque es solo uno de los «mil planes» que lleva a cabo con los enanos. Tienen una agenda muy completa. Dan paseos por el monte, visitan caseríos y los martes y jueves van a la piscina. Aunque Markel, el de seis años, reconoce que su plan preferido es ir a pescar.

Melchor es un aficionado a la pesca y desde bien pequeños ha enseñado a toda su familia a pescar. «Primero fueron mis hijas y mis hijos y ahora mis nietos. No se puede perder la tradición». Es más, a su nieto mayor le gusta tanto este deporte que se ha vuelto «todo un profesional». Ha participado en varios concursos y no se ha bajado del pódium en ninguno. «El otro día pesqué una muxarra, una lubina y una kabutzia», dice Markel entusiasmado.

Este abuelo presume de poder estar con sus nietos todo el año y es consciente de que muchos no tienen la misma suerte. Es más, no deja de pensar posibles planes que puede realizar con ellos. Uno de ellos, que no se quita de la cabeza, es poder ir a una casa que tienen en Palencia. De donde es Melchor. «Para que no se les olviden sus raíces».

Melchor cuenta que «en el pueblito todo es diferente». Ni mejor ni peor, distinto. Por este motivo le gustaría que Markel y Aritz pudiesen disfrutar de una semana junto a sus abuelos. A diferencia de la ciudad «ahí hay más libertad. Los niños corren de un lado a otro libres, sin tener que agarrarles de la mano continuamente para que no les atropelle un coche o se pierdan». Es otro modo de vida.

Una de las abuelas que no tiene los mismos privilegios que Melchor es Amelia, una mujer de 47 años. A diferencia de otros, ella no puede estar junto a sus nietos durante el año. Les ve a través de la pantalla del ordenador, porque están en otro país. Por este motivo, hace un par de años, empezó a traerles los veranos. Ella nació en Polonia, donde viven sus nietos de 3 y 7 años. Por motivos económicos no puede estar junto a ellos, así que no duda en traerles para que puedan disfrutar juntos del verano.

Amelia llegó a Donostia hace 10 años en busca de trabajo. Sigue con su búsqueda, porque no ha tenido suerte. Aunque eso no le ha impedido «tener trabajos esporádicos» que le han permitido estar tanto tiempo en San Sebastián, además de poder traer a sus nietos durante los meses de verano. Es profesora de punto y a veces vende las prendas que teje con sus propias manos.

No les quita ojo a sus nietos desde uno de los bancos del parque Araba. Aunque tampoco desprende sus manos de la nueva 'chaquetita' que tricota. Según esta abuela, el trabajo que tiene ahora le permite estar tiempo con sus nietos, ya que no depende de un espacio físico y tiene flexibilidad en los horarios.

El año pasado vinieron por primera vez y les gustó tanto que este año han vuelto a repetir. «Espero que sea así por mucho tiempo, porque aunque consiga trabajo de lo mío haré lo imposible para poder seguir disfrutando del verano con ellos».

«La edad es mental»

La edad «no es un número, es un sentimiento» y así lo demuestra cada día Jesús. Acurrucado en una de las casetas del parque con Max cuenta que es padre y abuelo, pero no de la forma convencional. Este sociólogo de 71 años tiene dos hijos de 35 y 40 años, pero también es padre de Max, un niño de cinco años sonriente, extrovertido, bromista y sociable.

Jesús además de padre de Max es también un profesor de universidad que nunca se termina de jubilar porque sigue escribiendo obras. Actualmente vive en París con su mujer y el pequeño Max, pero siempre que puede reconoce que hace «una escapadita» a su ciudad natal, Donostia.

Este año podrán disfrutar más que nunca de la capital guipuzcoana ya que su mujer ha sido invitada a realizar una investigación en la Universidad de Deusto durante tres meses. Un plan al que no han dudado en apuntarse padre e hijo. Mientras la profesora trabaja en la universidad, Jesús y Max aprovechan cada segundo. Por la mañana el pequeño va al colegio para que siga aprendiendo castellano y, al mediodía su padre le va a buscar para realizar cada día un plan diferente. «Aunque vayamos al parque cada día es diferente».

Jesús dice ser «un privilegiado» porque puede pasar con su hijo «todo el tiempo del mundo». Cuando los pequeños de la familia tienen vacaciones, gran parte de los padres optan por «contratar a una niñera, llamar a los abuelos o apuntarles a alguna extraescolar». La consecuencia de todo ello es «el nacimiento de abuelos esclavos», aquellos que cuidan de los nietos porque se ven obligados a hacerlo y no tienen capacidad de poner límites a las demandas de los hijos. Es más, «alrededor de 12% de los abuelos que cuidan de sus nietos dicen que son ellos quienes lo deciden. Así lo afirma el estudio 'La figura de los abuelos y las abuelas esclavos' promovido por Mémora.

El padre de Max confiesa que en muchos casos los abuelos «son quienes miman, educan y disfrutan de los nietos», mientras sus padres trabajan. Pero él es todo en uno.