Condenado por causar destrozos en una empresa de la que había sido despedido

El exempleado ha sido sentenciado a pagar una multa de 700 euros y a abonar una indemnización de otros 2.000 por los desperfectos que produjo en el mobiliario

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA SAN SEBASTIÁN.

Un trabajador que destrozó parte del mobiliario de la empresa de la que acababa de ser despedido ha sido condenado por un juzgado de San Sebastián a pagar una multa de 720 euros así como a indemnizar con otros casi 2.000 euros por los desperfectos que ocasionó.

Los hechos tuvieron lugar en diciembre de 2016, en una empresa de Andoain, donde, según la resolución judicial, dictada por el magistrado Santiago Romero Buck-Arsud, uno de los gerentes comunicó sobre la una de la tarde el despido al trabajador. La sentencia dictada precisa que el empleado, contrariado por la decisión de la dirección de la empresa, empezó a dar golpes a las puertas y paredes de la oficina.

Los ataques, que provocaron daños en las paredes y en el techo de la oficina, se mantuvieron hasta que el trabajador fue echado a la calle por el gerente y su hermano. La resolución precisa que el acusado causo daños que fueron tasados en 1.936 euros.

En la vista, el acusado negó las imputaciones y rechazó que cuando le comunicaron el despido se pusiera nervioso o agresivo, o que golpeara el techo o la pared. El encausado señaló que, en su opinión, los daños se los imputan a él por orgullo del gerente. No obstante, el empleado admitió haber empujado al directivo.

El gerente y hermano ofrecieron en la vista una visión diferente y reiteraron que cuando dijeron al empleado que le despedían se puso violento. Añadieron que le acompañaron a recoger sus pertenencias y que cuando caminaban por el pasillo comenzó a decirle al gerente que era «un jefe de mierda», al tiempo que le dirigió algunos insultos. Afirmaron asimismo que en un momento dado propinó varios puñetazos a las paredes, lo que provocó que el techo se moviese y cayese.

Versión más verosímil

Ante las versiones contradictorias, el magistrado considera que la versión ofrecida por el acusado no es creíble y añade que es «más verosímil» pensar que las desavenencias entre el trabajador y sus jefes fuesen como consecuencia del malestar que le produjo el despido. Y de ahí que la emprendiese a golpes con el mobiliario de la oficina, «como forma de desahogo».

Aun cuando la Fiscalía solicitó inicialmente una multa de 4.500 euros, el magistrado rebaja la pena hasta los 720 tras valorar «las circunstancias del acusado y los hechos, que no son graves en sí mismos», indica. Argumenta también que el ataque se produjo en un momento de «rabia y frustración» por el despido, al inicio de las Navidades, «por la connotación que ello podría implicar».

La sentencia no es firme y, por lo tanto, es susceptible de ser recurrida ante la Audiencia Provincial de Gipuzkoa.

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