«La ama no cocina, hoy me toca a mí»

«La ama no cocina, hoy me toca a mí»

Madres e hijos compartieron reivindicaciones en la concentración del Boulevard para poner en valor el papel de las mujeres

ANA VOZMEDIANO/ JUDITH URQUIJOSAN SEBASTIÁN.

Sergio González, un funcionario interino de la Diputación de Gipuzkoa, era bastante optimista respecto a sus habilidades culinarias. Porque ayer le tocaba desplegarlas y ocuparse de la casa, porque su madre, Nieves Miguel, no iba a cocinar. Ayer no tocaba. Los dos estaban de huelga y acudieron juntos a la concentración de las 12 de la mañana en el Boulevard, ella orgullosa de su chico, y él convencido de que las mujeres sufren discriminaciones, que su propia madre y su hermana las han experimentado y de que las cosas tienen que cambiar. «Yo no quiero protagonismo en una jornada como ésta, eso es para ellas, pero sí quería mostrar mi apoyo a una sociedad igualitaria en la que las mujeres no tengan que recordar que están ahí y que quieren respeto y oportunidades porque la gente lo asuma como normal».

Desde el pasado noviembre, Nieves está jubilada de su trabajo de funcionaria y está dispuesta a seguir en la pelea a favor de los derechos de las mujeres. Ayer esperaba que su hija también pudiera llegar a la masiva concentración donostiarra, aunque como siempre que se habla de mujeres, a ella le había surgido un obstáculo en su jornada de reivindicación. Vinculado, además, con el aspecto más peliagudo de la convocatoria: el cuidado de pequeños y mayores. «Es que el niño no tenía comedor y ha tenido que ir a recogerle. Yo creo que por fin llegará».

Muy cerca de ambos, una pancarta que había portado una chica de unos veinte años descansaba en un banco. «Nos queremos vivas, libres, orgullosas y empoderadas», rezaba el cartel morado. «Hay mucho que reivindicar», comentaba Nieves.

Valorar a las mujeres

«Creemos que tenemos que salir a la calle para que se nos escuche, esto ya se está yendo de las manos y las mujeres tenemos que protestar». Así se expresaban ayer Maite y Ane, una madre y una hija, de 43 y 21 años, que se unieron a las miles de mujeres que se concentraron en el Boulevard.

Estas dos donostiarras trabajaban juntas en una empresa de automoción en Navarra hasta que su hija Ane fue despedida. «Es un sector en el que solo se les valora a los hombres, mientras que a las mujeres se les obliga a encargarse del trabajo de oficina. He visto muchos feos y diferencias de género mientras trabajaba allí», contaba la joven.

Asimismo, su madre recordaba que la brecha salarial entre sexos es «un problema crónico» en Euskadi que a su juicio se ha agravado por el mal comportamiento de los sectores con mayor presencia femenina, en los que los sueldos son más bajos que en otras ramas de actividad.

«Mi madre, mi hermana, mujeres que conozco se han visto discriminadas»

«Nos hace ilusión ver que somos muchas y que todas luchamos por lo mismo»

«La brecha salarial en Euskadi es un problema con el que tenemos que acabar ya»

Los datos indican que la ganancia media anual por persona trabajadora en la Comunidad Autónoma Vasca es de 31.088 euros en los hombres y 23.537 euros en las mujeres. Por sectores, las mayores diferencias se producen en el sector servicios, el que mayor número de mujeres emplea.

Aunque ambas creen que la huelga de ayer es necesaria y es un buen comienzo para acabar con la desigualdad de género, creen que el machismo está aún muy presente en el País Vasco y que es difícil cambiar las cosas pese a que están dispuestas a dar los pasos.

«Son secuelas de nuestra educación y de los productos culturales que nos han formado como personas desde hace mucho tiempo. Es algo que he visto en las actitudes de mi padre durante toda la vida», explicaba Maite.

Su hija Ane, por otra parte, hacía hincapié en los micromachismos, ejemplos de discriminación débiles e imperceptibles con los que se encuentra habitualmente, como les ocurre a tantas mujeres: «No podría enumerarlos todos, son detalles con los que te encuentras en numerosas ocasiones. Pienso que no debemos pasarlos por alto. No podemos pensar que son normales y aceptarlos sin más».

No fueron las únicas que se sumaron al parón en familia, abordando la jornada junto a hija o madre. Algunas, incluso, sumaron tres generaciones, abuela, hija y nieta, aunque las interpeladas por este periódico prefirieran limitarse a decir que no querían fotos y que habían acudido a la concentración a reclamar sus derechos.

Alzar la voz

Inés y Raquel también son madre e hija y se acercaron juntas al Boulevard. Con silbatos y la cara dibujada con pintura morada se mimetizaron en el entorno.

«Me ha hecho mucha ilusión ver que somos tantas y que todas luchamos por lo mismo. Queremos vivir en igualdad. Me parece horrible cómo se nos trata a las mujeres, todos los obstáculos que nos ponen en el camino en lo profesional y muchas veces en lo familiar. Los hombres lo tienen todo hecho, muchas más facilidades para todo que nosotras. Hemos estado pisadas toda la vida por lo que creo que es el momento de alzar la voz de una vez y reclamar nuestros derechos», argumentaba Inés, a sus 63 años.

Raquel, asentía a todo lo que decía su madre. «Estoy totalmente de acuerdo con ella, aunque he de reconocer que yo he tardado en darme cuenta de muchas cosas de las que pasaban a mi alrededor. Empecé a sensibilizarme hace unos años. Estamos tan acostumbradas a que el micromachismo sea normal que ha sido hace bien poco cuando me he puesto las gafas. Lo que ocurre es que ya no me las puedo quitar. A mis 37 años y con esta nueva visión de las cosas veo ejemplos de micromachismo en numerosas ocasiones y me hierve la sangre».

Aunque la joven aseguraba no haber notado desigualdades en su trabajo (es profesora en un colegio de Donostia), sí reconocía que el machismo «está presente en muchos sectores aunque no sea igual en todas partes. Los datos están ahí y la brecha salarial es un problema real con el que nos encontramos».

Madre e hija aprovecharon para hacer también un llamamiento a todas aquellas mujeres que caen en algunas de las trampas del machismo sin darse cuenta.

«Es momento también de empezar a ser críticas con nosotras mismas y pararnos a pensar en los comentarios que a veces nos hacemos entre nosotras. Pese a las reivindicaciones históricas, hay pequeños detalles que muchos (y muchas) siguen teniendo interiorizados y que solo sirven para seguir poniendo palos en la rueda. Eso tiene que terminarse».

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