El ciberbullying ya aparece en más del 20% de los casos de acoso escolar

Una víctima, desequilibrio de poder, intencionalidad y que suceda de forma reiterada y recurrente son los elementos del acoso./
Una víctima, desequilibrio de poder, intencionalidad y que suceda de forma reiterada y recurrente son los elementos del acoso.

El Departamento vasco de Educación cuenta con la iniciativa Bizikasi para dotar a los alumnos de recursos y plantar cara al hostigamiento | La Fiscalía Provincial de Gipuzkoa alerta sobre el aumento de los casos ligados a las tecnologías de información y comunicación

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN

. La Fiscalía Provincial de Gipuzkoa, en su memoria del 2017, alerta del aumento de los casos de acoso escolar ligados con las tecnologías de información y comunicación. Mientras los casos de bullying descendieron el año pasado, han crecido los que se enmarcan dentro del ciberbullying. El 'III estudio sobre acoso escolar y ciberbullying según los afectados', que acaba de publicar ANAR -fundación española centrada en la ayuda a niños y adolescentes en situación de riesgo- destaca que la cuarta parte del acoso se produce en las redes sociales, sobre todo a través de mensajes de Whatsapp y en forma de amenazas e insultos. Los datos del Departamento vasco de Educación recopilados el curso pasado también reflejan que en el cómputo total de casos identificados como acoso escolar el 20% de las ocasiones existía una predominancia del ciberbullying. Una misma víctima puede sufrir insultos y amenazas a través del teléfono móvil y, al mismo tiempo, en el centro escolar, sufrir golpes, patadas y robo de objetos escolares.

Las agresiones verbales -insultos o palabras ofensivas directas- prevalecen a través de los años sobre el resto de conductas; ahora mismo están presentes en un 67,9% de los casos. Secundariamente, aparecen amenazas (35,7%), insultos o palabras ofensivas indirectas (28,6%). Con menor trascendencia, también cabe destacar la no inclusión en las redes sociales (17,9%), la exposición de fotos y vídeos comprometidos, difusión de rumores, la suplantación de identidad (estos tres últimos con un 14,3%) y la difusión de información personal.

El ciberbullying se manifiesta en general en todas partes o fuera del centro escolar en un 86,6% de los casos, casi el doble que hace dos años, y en el aula en el 59%, un 28% más que en 2016. Es muy habitual durante el recreo, en los cambios de clases y en la salida o entrada del colegio.

El dato

67,9% de los casos
de ciberbullying están relacionados con insultos y vejaciones orales. El maltrato verbal, según el responsable de Bizikasi, Aitor Albizu, es una forma muy grave de acoso porque «mina la autoestima y hace más vulnerable a la víctima para que reciba otro tipo de violencia».

Aitor Albizu, responsable de la iniciativa Bizikasi, que aglutina diversos programas que se desarrollan en los centros escolares públicos, tanto entre alumnos como profesores, de la Comunidad Autónoma Vasca para hacer frente al acoso escolar, explica que se trata de una práctica «superdañina, atroz, porque todo lo que sucede en internet es un escaparate que se perpetúa en el tiempo», aunque también existe el acoso contrario, el de la exclusión social, el vacío, en donde a los adolescentes les sacan de los grupos de Whatsapp o los que les bloquean en otras redes sociales como Instagram, situaciones difíciles de detectar y tipificar. De todas formas, resalta que el último informe del IVEI que se presentó en marzo de 2017 constaba que en Euskadi hasta esa fecha se daban menos casos de ciberbullying que en el resto de las comunidades del Estado.

Se incrementa el daño

La memoria de la Fiscalía recoge que «debido al uso del teléfono móvil a tempranas edades, los mensajes insultantes y amenazantes a través del sistema de mensajería de Whatsapp incrementan el daño». Además, «el móvil permite que la acción trascienda el ámbito y el horario escolar. Los comentarios despectivos e hirientes de forma aislada pueden no resultar excesivamente graves, pero su persistencia y generalización lo convierten en una situación violenta», resalta.

En Euskadi se dan menos casos de ciberbullying que en otras comunidades

Los centros escolares públicos van a recibir nuevo material para identificar el acoso

Respecto a Instagram, señala que esta red social «delimita también el escenario a través del cual se despliega la acción vejatoria» y añade que «una utilización desviada de su fin originario conduce al intercambio de conversaciones insultantes, amenazantes y en definitiva vejatorias». También añade que «no es extraño que los jóvenes, bien mediante la utilización de programas o por uso directo de la clave de la persona afectada, se metan en su cuenta, alteren el perfil de la víctima y haciéndose pasar por quien quieren vejar y humillar, envíen mensajes de contenido mayoritariamente sexual a los contactos de la persona suplantada».

Otra manera de utilizar Instagram es subiendo fotos y vídeos «inconsentidos y con contenido inapropiado». Y no es raro que quienes realicen estas acciones sean menores de 14 años porque «tienen un fácil manejo del medio digital».

Iniciativa Bizikasi

El reto está en cómo educar a los niños y adolescentes para concienciarlos de que lo que hacen está mal y que tiene unas consecuencias que pueden marcar a la víctima para toda la vida.

En los centros públicos vascos existe una estructura de referencia, BAT, para liderar el proceso de resolución de los temas de acoso, cuyos integrantes reciben una formación constante: primero se instruyó a los responsables de los berritzegunes que a su vez han formado a los docentes. A principios de noviembre comenzará una segunda fase de instrucción. También en breve los alumnos comenzarán a recibir el material didáctico que se ha elaborado y que en breve llegará a todos los centros públicos para que trabajen el tema del acoso en su currículum y que para, tras la conceptualización e identificación del acoso, adquieran el compromiso de forma individual y colectiva de erradicar esa dinámica.

Albizu puntualiza que hay que diferenciar entre maltrato y acoso porque se puede dar el primer caso sin que se llegue a acosar. «Para hablar de acoso se tienen que dar una serie de condiciones: que haya una víctima, una situación de desequilibrio de poder, una intencionalidad y todo esto se tiene que dar de una forma reiterada y recurrente en el tiempo», comenta el responsable de Bizikasi para explicar por qué en ocasiones se da un baile de cifras sobre el acoso. «Hay dos maneras de investigar, con una encuesta que se hace a los chavales en la que reflejan cómo se sienten, pero no deja de ser una percepción subjetiva, y con los datos concretos de acoso constatados en Educación y no todos los casos se denuncian ni llegan a la inspección», matiza. Aunque sí tiene claro que si en los últimos años ha crecido notablemente es porque se está poniendo nombre a lo que antes se entendía como chiquillada «debido a que la sociedad se está concienciando».

Según el responsable de Bizikasi, todos los informes elaborados sobre el acoso escolar, aunque difieran en las cifras, tienen unos elementos comunes, empezando por que todos coinciden en que es necesario romper los códigos de silencio, «que es el mayor aliado del acoso, lo hace imperceptible». Para ello, hay que crear canales de comunicación seguros para los alumnos y otros para que los profesores conozcan lo que sucede en el grupo. También es imprescindible que la escuela sea un entorno que garantice un proceso de aprendizaje agradable. Un tercer elemento es la potencialidad de la educación para transformar actitudes que justifican dinámicas violentas. Además, hay que destacar el papel activo del alumnado, «hay que empoderarlo y formarlo para que plante cara al acoso». Por último, debe quedar muy claro que se trata de una responsabilidad compartida, no solo del sector de la educación sino de las familias, los ayuntamientos y otras administraciones porque «el enemigo es muy fuerte».

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