Un calderón malherido se refugia en Getaria

El ejemplar, un zifio del norte, se hirió al chocar con las rocas del puerto. / FOTOS AMBAR

El ejemplar, de 6 metros, llegó el sábado al puerto y deambuló un día entero hasta volver al mar |

AIENDE S. JIMÉNEZ SAN SEBASTIÁN.

¿Un cachalote? ¿Una ballena? ¿Un delfín? Pues ninguna de las tres. El animal que se ha refugiado este fin de semana en los puertos de Zarautz y Getaria es un calderón de hocico boreal, también conocido como zifio del norte. El ejemplar, de unos seis metros de largo, llegó malherido al puerto zarauztarra el sábado por la tarde, y después se dirigió hasta el muelle getariarra, donde ayer permaneció deambulando hasta media tarde, cuando pudo por fin volver al mar por sus propios medios.

La expectación creada por el cetáceo fue mayúscula. El ejemplar fue avistado por primera vez en la zona del espigón del puerto de Zarautz a primera hora de la tarde del sábado. La cantidad de sangre que desprendía y que teñía el agua de rojo a su alrededor llevó a pensar en que el animal estaba herido, aunque se desconocía el alcance de sus lesiones, por lo que fue requerida la presencia de miembros de Ambar, la sociedad para el estudio y la conservación de la fauna marina en Euskadi. No obstante, el animal logró salir del puerto antes de que pudiera ser examinado de sus heridas.

Si bien se pensó que el calderón habría emprendido su regreso al mar, apenas nadó unos metros hasta el cercano puerto de Getaria, en el que se adentró a última hora de la tarde de ayer y donde permaneció refugiado un día entero.

Ante la presencia del cetáceo, que vagaba desorientado entre las embarcaciones, varios vecinos trataron de guiarle hasta la bocana con sus barcos, pero los esfuerzos fueron inútiles.

Heridas y cortes

El calderón pasó la noche del sábado en el puerto de Getaria, y en la mañana de ayer varios miembros de la sociedad Ambar se acercaron hasta allí para valorar el estado del animal, que presentaba numerosos cortes y heridas en su piel. Tal y como explicaron, el animal se habría provocado dichos cortes al sumergirse en el puerto y rozarse contra las rocas del fondo, así como al chocar con las embarcaciones fondeadas en el mismo.

Durante toda la jornada de ayer se trató de devolver al cetáceo al mar. Hasta el lugar se trasladaron dotaciones del servicio marítimo de la Guardia Civil, que durante horas intentaron guiar al animal hasta la salida del puerto. No obstante, ante la negativa del animal a abandonar el lugar, las instituciones presentes optaron por dejar que permaneciera allí hasta que decidiera volver por su propia cuenta al mar. «Se estaba estresando mucho y la situación se estaba volviendo peligrosa para el calderón, por lo que hemos optado por dejarlo tranquilo», explicaba ayer Enrique Franco, miembro de Ambar.

La táctica funcionó. Sobre las seis de la tarde, el cetáceo abandonó por fin Getaria rumbo al mar, aunque no se descarta que pueda ser avistado de nuevo en aguas de la zona debido a las numerosas heridas que presentaba.

No es habitual ver a un calderón de hocico boreal cerca de la costa, ya que se trata de una especie que se distribuye solo en aguas del Atlántico Norte, y por lo general siempre en aquellas que superan los 1.000 metros de profundidad y que poseen cañones y fosas submarinas. Desde Ambar creen que el ejemplar habría buscado refugio en el litoral guipuzcoano porque se encontraría débil.

El zifio del norte fue catalogado como especie protegida en 1977. Puede alcanzar los 9 metros de longitud y más de 7.500 kilos de peso en edad adulta. Se caracteriza por su gran frente bulbosa (llamada melón), más pronunciada en individuos viejos y, sobre todo, en los machos. A diferencia de otros zifios, el calderón de hocico boreal sí presenta pico prominente.

Suele permanecer dentro del agua de 14 a 70 minutos, aunque si se ve amenazado o busca alimento en aguas profundas puede bucear hasta más de dos horas. Esta especie se alimenta básicamente de calamares, aunque de forma ocasional también puede cazar pequeños peces, erizos y estrellas de mar.

La tortuga laúd

La visita de este ejemplar de 6 metros poco habitual de las costas no ha sido la única que ha habido en los puertos guipuzcoanos esta semana. El pasado jueves los arrantzales de Hondarribia se sorprendieron por la aparición en el puerto de una tortuga laúd, la más grande de su especie y considerada una de las joyas del fondo marino. El ejemplar fue liberado por los bomberos de la Diputación, después de que quedara enganchado en uno de los amarres de fondeo existentes en el Puerto Refugio de Hondarribia.

La tortuga, de 1,5 metros de diámetro, fue avistada a las once de la noche del jueves en el puerto. «El animal permanecía enganchado por una aleta y la cabeza a una cuerda de fondeo y no podía salir por sus propios medios», explicaron los bomberos, que consiguieron liberarle de las ataduras. No obstante, la laúd comenzó a deambular por el puerto y al poco tiempo volvió a engancharse con otras cuerdas, aunque tras volver a ser liberada abandonó el puerto.

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