La basura que nos devuelve el mar

El proyecto Life Lema «mapea» las primeras 6 millas de costa en Gipuzkoa para ubicar las zonas sensibles

Las mareas arrastran hasta las rocas del flysch de Zumaia kilos de basura y plásticos que se quedan depositados en algunas calas como en la zona de Sakoneta./Ander Salegi
Las mareas arrastran hasta las rocas del flysch de Zumaia kilos de basura y plásticos que se quedan depositados en algunas calas como en la zona de Sakoneta. / Ander Salegi
Amaia Chico
AMAIA CHICO

«La basura marina es como un iceberg». El 70% contamina el fondo marino, otro 15% 'navega' bajo el agua formando columnas y el 15% restante es el que se ve flotando en superficie o impacta contra las costas. También las guipuzcoanas, donde este años se han recogido ya más de 1.100 toneladas de residuos, la mayoría plásticos. «Aquí no se libra nadie», asume la directora de Geoparkea, Leire Barriuso, que vio con «tristeza» hace unos días cómo una de las calas del flysch de Zumaia, la joya geológica del territorio, volvía a llenarse de residuos devueltos por el mar. Porque esa es la regla básica de funcionamiento. «El mar nos devuelve lo que tiramos a él», recuerdan quienes se afanan por retirar en lo posible esa fracción de peligrosos e indestructibles restos plásticos que matan y alteran el hábitat marino, y quienes se esfuerzan por sensibilizar a la ciudadanía sobre un «problema global» que atañe a todos.

Gipuzkoa está inmersa en ambas tareas. Porque también su costa acumula «mucha basura». Lo constata Oihane Cabezas, ambientóloga y experta en Tecnología Pesquera Sostenible, que integra el equipo de Azti que desarrolla el proyecto Life Lema junto con la Diputación foral, Surfirder Foundation y varias entidades francesas. «Estamos mapeando las primeras seis millas de costa» para identificar dónde se acumula la basura y poder así recogerla de «manera más eficiente», explica. «Es una herramienta digital que tiene en cuenta las mareas, los caudales de los ríos o la precipitación para localizar las zonas de acumulación», añade la directora de Medio Ambiente de la Diputación, Mónica Pedreira.

El mapa estará listo en unos meses y permitirá ofrecer a las administraciones locales una guía para gestionar la recogida de basura marina que navega por el Golfo de Bizkaia, hasta ahora no cuantificada. Es decir, retirar no solo los restos plásticos que las mareas y las olas depositan en algunos puntos de la costa, como playas o el biotopo de Zumaia, sino localizar antes «esos regueros o ríos» de residuos que flotan en el mar, procedentes de los ríos, de los barcos o incluso del otro lado del planeta.

Residuos

1.149
toneladas de residuos se han retirado de las playas de Gipuzkoa en los meses de verano. El dato suma los 696 retirados por la Diputación en lo que va de año y los 453 recogidos por el Ayuntamiento de San Sebastián en verano, tanto en sus tres playas como en la bahía -743 kilos-. El pasado año, el global ascendió a 1.552 toneladas. Se reduce ligeramente el volumen.

«En invierno», explica la experta de Azti, las riadas o las lluvias provocan la llegada al mar de más basura «procedente de tierra» pero «fluye más», ya que las corrientes son «más directas de oeste a este». Pero al llegar la primavera, «no hay ese movimiento y hay puntos donde la corriente da vueltas, hace remolinos y el tiempo de retención de esas partículas es mayor, por lo que se acumulan regueros» flotantes. Esos puntos son los que el proyecto está geolocalizando para ayudar al barco de recogida que casi a diario pesca kilos y kilos de basura -«yo he visto hasta un arcón», dice Oihane-, que luego Azti «monitoriza» para conocer su composición y procedencia. Aún no se ha completado el dato de cuánta basura plástica contamina la costa guipuzcoana, pero la ambientóloga aporta una imagen que permite hacerse una idea: «En un muestreo, echamos una red de un metro de abertura y durante 15 minutos se hizo un arrastre en superficie que dio como resultado la presencia de más de un millón de partículas de plástico por metro cuadrado». ¿Es mucho? Se pregunta la propia experta. «No son los mantos de plástico que vemos en países asiáticos, ni hay tanto como en el Mediterráneo, pero hay basura. Y realmente no somos conscientes de cuánta».

Solo este verano el servicio de limpieza donostiarra que gestiona el concejal Miguel Angel Díaz ha retirado 453 toneladas de residuos de las tres playas y 734 kilos de la bahía. Una cantidad ingente aunque menor que la del año anterior. «Se ha retirado menos basura de la arena y más de los contenedores de recogida selectiva», agradecen. También en el resto de playas de Gipuzkoa, dependientes del departamento de José Ignacio Asensio, ha disminuido ligeramente el volumen, aunque llevan sumados este año 696 toneladas.

En las playas, no obstante, no suelen hallarse ni las chancletas, suelas, botellas, latas, ruedas o juguetes... que aparecen en las zonas más sensibles y difíciles de limpiar. La playa de Ondarbeltz, en la desembocadura del Deba «es el único lugar donde ha habido más residuos», constata Pedreira. Espacios a 2 o 4 millas de Hondarribia o de Getaria; la zona «intermareal» de Sakoneta, donde el surfero Oier Bartolomé grabó el vídeo que se hizo viral; o la de Pikote, también en el flysch, una cala «supramareal» donde las olas no cubren por completo las rocas y los residuos no van y vienen sino que se quedan son algunos de los rincones de Gipuzkoa ya identificados.

«La basura no conoce de espacios protegidos», asume la directora de Geoparkea, donde se integra el biotopo, que está al cuidado de la Diputación. La entidad que gestiona el entorno natural de Mutriku, Getaria y Zumaia trabaja también en campañas de concienciación y organiza jornadas de limpieza cuando pasan las mareas «más bravas». «El año pasado sacamos cuarenta sacos de residuos de las rocas con ayuda de un helicóptero», indica Leire. Y al final del invierno volverán a movilizarse.

Surfrider Foundation, junto a la Diputación, también lo hace en las playas. Y constata que «las colillas y los bastoncillos para los oídos -prohibidos por la UE a partir de 2021-» son los 'hallazgos' más comunes, aporta María Ballesteros. Es decir, basura procedente de tierra, como el 80% de la que se recoge. Procedente del «mal uso del plástico», añade Pedreira. Y es que, más allá de la «tristeza» que produce ver una botella o un trozo de neumático en el flysch, lo más grave, advierte el responsable foral de Life Lema, Iker Azurmendi, es la degradación en «microplásticos» de esos productos o de otros cotidianos como la ropa de polyester, cosméticos o incluso los gránulos de pasta de dientes. «Los peces o aves quedan atrapados, las tortugas comen plásticos creyendo que son medusas y mueren de inanición porque están llenas...», añade la experta de Azti. Y hay más. También los plásticos son culpables de la invasión de especies en entornos lejanos. «Ocurrió tras el tsunami en Japón. Más de 300 especies 'niponas' llegaron a las costas de EE UU adheridas a cascotes que arrastró la corriente».

Campañas de recogida, ecodiseño del plástico y reciclaje para darle otro uso

«Lo más ineficiente para los bolsillos es tener que llevar un barco a recoger en el mar una botella que debería estar en un contenedor»

Sensibilización. Concienciación. Son las palabras que más repiten tanto la directora de Medio Ambiente de la Diputación, Mónica Pedreira, como la directora de Geoparkea, Leire Barriuso, o la integrante del proyecto Life Lema de Surfrider, María Ballesteros. Conciencia para hacer un uso responsable del plástico, para no tirarlo donde no se debe, para promover otros diseños que permitan su reciclaje o su biodegradación y para saber que «lo más ineficiente» para los bolsillos de todos los ciudadanos -expresa Iker Azurmendi- es tener que «llevar un barco para recoger del mar una botella que debería estar en un contenedor».

Todas las entidades colaboran para organizar jornadas de recogida de residuos en playas o calas más inaccesibles como las del flysch o la de Murgita, en Ulia, también identificada como sensible. Pero Pedreira aboga también por promover el «ecodiseño» de los plásticos para que sean biodegradables, por campañas de reciclaje selectivo y de reutilización de plásticos en instrumentos musicales o en carpetas u otros productos de uso común. «No es un problema que se pueda resolver a corto plazo ni de forma local», advierte Pedreira, pero cada ciudadano debe saber qué impacto tienen sus pequeños gestos.

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