Recuerdos del mar en el Día del Carmen

Homenaje a la Virgen del Carmen en el puerto donostiarra/Unanue
Homenaje a la Virgen del Carmen en el puerto donostiarra / Unanue

Cientos de arrantzales guipuzcoanos jubilados fueron homenajeados por sus años de trabajo y sacrificio. La cofradía Karmengo Ama paseó a la Virgen por la bahía de La Concha en la procesión que se celebró por segundo año consecutivo

ANA CHUECA

Las islas Canarias, Irlanda o las Azores, incluso Caracas, son algunos de los lugares hasta los que les ha llevado su trabajo. A pesar de haber tenido la oportunidad de visitar más puertos que la mayoría, al menos lo que era habitual hace años, la dureza del trabajo, las semanas fuera de casa y lejos de los seres queridos no compensan la balanza para algunos de los arrantzales de Gipuzkoa.

Los marinos, «humildes, trabajadores y curtidos por la vida», según describió el padre Xabier Andonegi, fueron homenajeados, como ya es tradición, este martes en el Día del Carmen, su patrona.

La Junta de Homenajes a la vejez del marino de Gipuzkoa recordó a los 380 arrantzales jubilados de Gipuzkoa. De estos, acudieron a la cita en la iglesia de San Pedro del Muelle de Donostia alrededor de 130. El resto no pudo asistir por motivos de salud y movilidad. «Aunque sí recibirán el pequeño obsequio que se entrega a todos los marinos que tienen más de 70 años. Se le entrega a la cofradía de la cada localidad y ellos lo reparten», explicó Xabier Irazusta, que se encarga de la organización del homenaje a los arrantzales jubilados del Día del Carmen desde que en 1965 tomó el relevo de su padre Xotero.

'Torretxo', como lo conocen en su entorno, fue uno de los arrantzales que participó en el homenaje de este martes. «Hemos ido a por atún a Irlanda, las islas Canarias y las Azores. En un viaje a Caracas, en la costa de Venezuela, estuvimos 27 días sin tocar tierra. No podíamos ducharnos ni nada. Imagínate qué difícil era conseguir agua dulce», relató el marino de Orio, que se estrenó como arrantzale con 15 años. Con él, disfrutando de la jornada, estaba su amigo de Hondarribi, Agustín Amunarriz. Este rememoró cómo una las salidas más difíciles era la de los atunes: «Nos íbamos en San Pedro y no volvíamos hasta noviembre. Estábamos medio año fuera de casa». «Lo más duro era estar casado», añadió Torretxo. «Si estabas soltero los días fuera de casa eran más llevables».

Bittor, otro de los arrantzales homenajeados, desveló el motivo por el que empezó en la mar con solo 13 años: «Éramos doce hermanos para mantener y dar de comer. Había que trabajar para vivir y conseguir dinero. Lo que ganaba se lo daba a mi madre». De Getaria, estuvo hasta los 56 años saliendo a faenar. «El trabajo en el barco era muy duro, sobre todo porque hacíamos todo de forma manual, no como ahora que se ha mecanizado casi todo el proceso. Pero nada comparado con ver el hambre y la tristeza en casa. Eso sí que era terrible y no la vida en la mar».

Antes de la misa, los arrantzales jubilados fueron recibidos en el Ayuntamiento, donde varios txistularis y danzaris, además de un bertsolari, actuaron en honor a ellos mostrando su respeto. Los miembros más mayores de cada cofradía (Hondarribi, Pasaia, Donostia, Orio, Getaria y Mutriku) recibieron un pequeño reconocimiento en representación del resto de sus compañeros. Mientras se celebró la misa, la procesión marítima de la Cofradía donostiarra Karmengo Ama, que salió del muelle a las 12.30, llamaba la atención de cientos de curiosos que paseaban por La Concha. El ruido de sirenas y el repiquetear de la campana de la casa de la Torre anunciaron la llegada de la Virgen del Carmen sobre el barco 'Satanas Bi' al muelle sobre las 13.00, coincidiendo con el homenaje popular a los arrantzales jubilados.

Las rederas también cuentan

Como desde hace cinco años aproximadamente, en la recepción del Ayuntamiento también se quiso recordar a la rederas, parte muy importante del trabajo en el mar ya que se encargaban de arreglar y coser cualquier avería en la red de los arrantzales. «Ellas también han trabajado y mucho. Aquí se nos tiene en cuenta a todos por igual, nadie destaca por encima de los demás», hizo hincapié Irazusta. En esta ocasión fue Pilar Goikoetxea la homenajeada, redera de Orio.

Irazusta también quiso reivindicar que la cita de este martes, que lleva celebrándose 92 años, es mucho más que un homenaje a los arrantzales jubilados. La celebración entorno a los marinos el Día del Carmen es una oportunidad de hacer valer lo «que representa la pesca para el pueblo vasco». «Los arrantzales han estado muy mal reconocidos a lo largo de la historia. No los compensamos con grandes rentas, por lo menos que durante un día sean ellos los protagonistas y se recuerde su esfuerzo y trabajo», pidió Irazusta.

Para ellos es además una ocasión de juntarse, ver a viejos amigos y compañeros y recordar tiempos pasados que no siempre fueron mejores. «El homenaje se acaba convirtiendo en un reencuentro con gente de distintos pueblos que han trabajado durante mucho tiempo juntos».

Tras la misa en la iglesia de San Pedro, el homenaje popular a los arrantzales corrió a cargo del grupo de dantza Kresala. Ellas vestidas de sardineras y bateleras, ellos con el traje tradicional, interpretaron un 'Agurra' y formaron arcos bajo los que desfilaron los arrantzales.

Los arrantzales jubilados navegaron con la imagen de su patrona en Pasaia

Autor: Elena Viñas

Vestidos con atuendo típicamente arrantzale, los hombres y mujeres que durante décadas se ganaron la vida en la mar tomaron parte este martes en la procesión organizada en honor a la Virgen del Carmen, su patrona, en Pasaia. La imagen, decorada con flores, fue llevada a hombros por varios marineros ya retirados desde la iglesia a la que da nombre hasta el 'Gure Iker', el barco en el que navegó por aguas de la bahía.

«La de veces que nos hemos encomendado a la Virgen cuando salíamos a faenar. Me acuerdo, sobre todo, de aquellos viajes a Terranova, que nos mantenían durante meses alejados de nuestras familias. Y cuando las cosas se ponían feas, le rezábamos a ella», rememoraba Joaquín, un viejo lobo de mar ya jubilado mientras la veía zarpar desde el puerto. Su vista se empañaba con la emoción de unos recuerdos que siguen tan vivos como entonces.

Otras tres embarcaciones de distinto calado se sumaron a la singladura. Dos de ellas, propiedad de Itxas Zerbi, portaron a más de medio centenar de vecinos que no quisieron perderse el desfile por mar, recuperado para el público este año tras una larga ausencia. A la tercera, el barco museo 'Mater', subieron los integrantes de la Tamborrada Marinera, dispuestos a llenar de rataplanes la travesía.

Las naves llegaron hasta la Torre de San Pedro, donde el párroco Javier Berzosa pronunció unas palabras y bendijo a todos los allí presentes. De regreso al muelle del Hospitalillo, los barcos fueron recibidos por centenares de personas que aguardaban para presenciar la llegada y acompañar a la patrona de los arrantzales en la segunda parte del recorrido, ahora ya por las calles del centro de la población.

Las abanderadas abrían la marcha, a la que ponían banda sonora tambores y barriles. A ella se sumaron las chupineras Garbiñe Eizagirre e Itziar Fernández, apurando las últimas horas de un reinado que han disfrutado desde que el pasado viernes se dio inicio a las fiestas del Carmen.