Arqueología fantástica

En 2018 Euskadi propuso a Europa incluir 37 construcciones en la Ruta Europea del Patrimonio Industrial. El funicular de Igeldo, la vía férrea de Lasao...Hay mil más

Siempre Eibar. Decían que la piel de la llamada 'Ciudad-Taller' era de hormigón armado. Hoy su arquitectura se estudia en las facultades europeas. /
Siempre Eibar. Decían que la piel de la llamada 'Ciudad-Taller' era de hormigón armado. Hoy su arquitectura se estudia en las facultades europeas.
Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Ferrerías, vías férreas, cementeras, presas, azudes, molinos, centrales hidroeléctricas, papeleras, talleres mecánicos, cargaderos de mineral, astilleros, carreteras construidas por los perdedores de tantas batallas y de una guerra. Armerías. Tranvías aéreos. Funiculares. Teleféricos industriales. Compañías mineras. De Tolosa. Y su sucesora, La Compagnie Minière d´Alava et Gipuzcoa. Depósitos. Hornos. Chimeneas. La larga recta entre los pabellones de Patricio Echeverria. Fundiciones. Vestigios de talleres hoy inhabilitados se vislumbran en Herrera, por el camino viejo, en el entorno de Roteta, San Bábara y Arrizar. En lo que fue cantera (y campo de fútbol) de Jolastokieta, no lejos de donde desde los años 70 se asienta Zardoya Otis, empresa de ascensores y componentes para elevadores que en un futuro se trasladará a Eskuzaitzeta, aún deslumbran los restos de una torre industrial racionalista que pronto será historia, memoria, piedra molida. Son muchos los ingenios de musgo y salitre. Llegar a Zerain y adentrarse en la Montaña de Hierro. O, doblando el mapa de Gipuzkoa y con la gasolinera Caravel de referencia, acercarse, camino de Fagollaga/Ereñozu, a la Real Fábrica de Anclas de Gipuzkoa. Fundada en 1750 y hoy totalmente abandonada, fabricó anclas fabulosas para la Armada Española. Los árboles crecen en su tejado destruido y los nogales se enredan en viejas maromas entre cajas de cerveza. Patrimonio industrial guipuzcoano. Turismo industrial. Rutas sorprendentes para quien ya visitó iglesias, museos y viñedos de txakoli. Entre la nostalgia y el asombro. Entre la sorpresa, la Historia y las historias.

Fabulosos vestigios de ingenios increíbles como el tren minero aéreo que de Asteasu llegaba a Zarautz

En Narrondo, que según la enciclopedia Auñamendi es una 'entidad de población del municipio de Zumaia, partido judicial de Azpeitia que se encuentra ubicada a los 1° 25' 40'' y 43° 17' 20'', al O. del término y SO. de la capital del mismo, en la orilla izquierda de la ría de Zumaia, restos magníficos de La Zumayana. Magníficos por cómo han sido 'okupados' por los habitantes del lugar, ese lugar entre la gasolinera y el bar de los increíbles bocadillos de tortilla, sean de patata, sean de atún y guindilla. Ruinas de esa antigua cementera que en el XIX fue motor industrial de la villa de la Telmo Deum y de su entorno; una fábrica que fue arrasada por los avances tecnológicos del momento. Surgieron otras formas de hacer cemento. Llegó el 'porland', pereció la Zumayana. Queda la chimenea. Quedan las paredes. El ladrillo. Junto al arroyo musgoso hay una barca varada en el verde. Y dentro de las cuatro paredes alguien tiene una parrilla para las chuletas o el besugo. Otro alguien guarda componentes de atomóvil. Duermen en sus casetas los perros de caza y caminando corriente arriba, entre cabras y ovejas aparecen un puñado de casas casi de patio veneciano. Lindo ver cómo La Zumayana resiste. Ruinas 'okupadas' por la vida. Y por el recuerdo a un ciclista de los alrededores. Un buen tipo, un buen amigo a quien la comisión de fiestas rinde homenaje en un templete donde se guarece de la tormenta una estatua de San Cristóbal rodedada de velas apagadas por la galerna. El resto no existe ya. Ni la grúa de Arbustain ni la fábrica de Arbillagaen la plaza Amaia ni los pabellones de Carmelo Unanue en Ardantzabide. Se los llevó el Tiempo, los avances industriales, la desidia. Y la incompresión antigua de quienes nunca pensaron que podía ser tesoro y memoria aquello donde tan duro habían bregado y solo querían olvidar. Sus descendientes opinan lo contrario: esas ruinas,cascotes y suelos industriales invadidos por la Naturaleza poderosa cuentan la Historia, Las historias.

Recuerdos ocultos de quienes perdieron la Guerra. Pabellones para los condenados a trabajos forzados en la subida al monte Jaizkibel

1933, los Muñoa de Bidania

En el año 1933 los vecinos de la localidad de Bidania Juan y Miguel Muñoa Pagadizabal construyeron una fábrica local de cerámica. Tal como cuenta Edurne Aguirrezabala Lizarazu en un intenso artículo publicado en 2017 en 'La Linde', Revista Digital de Arqueología Profesional, eligieron para ello un terreno en propiedad denominado Muñaberri. Y lo hicieron porque disponía de suministro de agua para la electricidad y barro rojo en abundancia. Se llamaría la fábrica, La Alfarería Guipuzcoana. Sus fundadores eran descendientes de indianos que al volver con bien de 'hacer las Américas' se habían convertido en benefactores de su pueblo, haciendo importantes donaciones para su bienestar. Juan y Miguel soñaron con que la Alfarería Guipuzcoana pudiera compararse con las fábricas de porcelana de media Inglaterra. Y con la de Limoges. De hecho, hicieron venir de allá a un técnico de muy alto rango para que construyese el mejor de los hornos. Que en aquellos tiempos era el llamado 'Four des Casseaux', construido con ladrillos y reforzado con hierros. Tan altos eran los objetivos de los Muñoa que para el departamento artístico contrataron a Dionisio Azkue, es decir, al mítico 'Dunixi' que acabaría dando nombre al no menos legendario cine del barrio donostiarra de Egia. Y anduvieron en tratos con el mismísimo Oteiza. Pero todo quedó en fiero desacuerdo.

Brutalismo arquitectónico o el hormigón eibarrés

Y de pronto estalló la guerra. Y los Muñoa no estaban, precisamente, en el bando de quienes la ganarían. Y fueron represaliadoa. Su alfarería y su horno pasaron a manos más afectas al nuevo regimen. Se mantuvo productiva hasta los años 70. Hoy, quien camina por sus ruinas pisotea cientos de trozos de platos, jarras, jofainas y tazones. Ls piezas que sobrevivieron enteras son, por contra, objeto de veneración en las colecciones del Museo Vasco de Bilbao donde están catalogados varios juegos de tocador, platillos y ceniceros.

De Andazarrate a Bruselas

Mejor suerte para la memoria de nuestro territorio histórico ha corrido la prodigiosa obra de ingeniería que representó en 1906 la construccion del sistema de transporte que uniría la mina de hierro de San Miguel con el cargadero marítimo que la 'Compagnie Minière d´Alava et Guipúzcoa con sede en Bruselas construyó en la punta de Mollarri, Zarautz, para dar salida al material extraído de la citada mina de Asteasu. Teleférico industrial, tren aéreo sobre el Cantábrico salvaje, hoy es paseo para propios y extraños y cuenta hasta con un centro de interpretación. Restos de cables, puntas de hierro y piedra en las rocas siguen contando las historias de la Historia de nuestro Patrimonio Industrial.