Lana Corujo, niña de Lanzarote, creció fascinada y aterrorizada por los volcanes. En las noches de luna llena se perfilaban oscuros, hermosos, amenazantes, y ella ... sentía deseos de acercarse para acariciarlos y de alejarse para que no la devoraran. Sus padres, trabajadores en el aeropuerto, tuvieron que inventar una mentira para calmarle las ansias: si un volcán explotaba, tendrían prioridad para huir en avión. El padre le contó otra: de niño conoció una erupción y no fue nada peligrosa, él incluso saltó y bailó sobre la lava. Cuando la abuela le narraba historias de hadas, las zapatillas de Lana amanecían llenas de flores y caramelos. «Yo quería ser adulta para contar mentiras», dice, «porque de niña no te dejan».
Corujo ha escrito una novela magnífica, 'Han cantado bingo', en la que la niña protagonista y su hermana pequeña inventan un juego vertiginoso con un volcán. La tensión con los adultos se va acumulando en una cámara de magma, silenciosa, insoportable, hasta que revienta el horror (y se prolonga una supervivencia herida). En el festival Letras Verdes de Tenerife, Corujo dialogó con Elena Correa y Juli Mesa, otras autoras canarias que hablan dulce y sueltan dinamitazos. Escriben sobre el peso de la insularidad, las infancias amargas, las voces y los paisajes sepultados por el turismo masivo, la servidumbre, el futuro arrugado, la rebeldía, la alegría y la rabia. Se apropian de las mentiras y las usan para destripar la verdad.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión