Enfermas de cáncer metastásico: «Un amigo huía de mí tras saber mi diagnóstico. Estaba asustado»

I. M. SAN SEBASTIÁN.

Campañas de concienciación, mayores tasas de curación y propósitos de visibilización son los mensajes que llegan desde las administraciones cuando hablan de cáncer. Son líneas de trabajo imprescindibles y necesarias para lograr que la sociedad acepte y respete a estos enfermos. No obstante, y tras escuchar a estas cinco mujeres, parece que el trabajo va a un ritmo más lento de lo debido. «El cáncer sigue teniendo un trasfondo de culpabilidad muy importante en la sociedad. De 'pobrecita, le quedan dos minutos de vida'. Estamos todavía en ese punto y debemos trabajar para darle la vuelta», se sincera Agurtzane. Su vivencia como enferma le dice que «bastante tenemos con sufrir una enfermedad incurable como para tener que acarrear lo que socialmente conlleva esta mochila. Tenemos que hablar de nuestra dolencia y demostrar que a pesar de todo estamos muy vivas».

Tienen claro que tienen mucho trabajo por delante y uno de sus primeros objetivos es poder decir abiertamente que «tenemos cáncer de mama con metástasis igual que otra persona puede decir que tiene diabetes». Son conscientes además que ese trabajo es de ida y vuelta. Es clara la oñatiarra: «Nosotras también debemos ponernos las pilas. Debemos asumir que muchas veces nos hemos querido esconder».

Las relaciones sociales son desde luego uno de los grandes caballos de batalla de estas luchadoras. Además de lidiar con esta enfermedad tienen que ser capaces de concienciar y educar. Armadas de paciencia, han escuchado más de una vez que «los doctores se han tenido que equivocar con el diagnóstico, porque se te ve sana y tienes buena cara». Otra reacción muy habitual es la que cuenta Nagore: «Cuando decimos que tenemos cáncer, la gente te mira y te dice como si tuvieras un catarro, 'ya saldrás'. Eso sí, cuando añades metástasis les cambia la cara».

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Esto es exactamente lo que le sucedió a Iride con un buen amigo. Cuenta que cuando este se enteró de su enfermedad «huía de mí. Lo veía y ni se acercaba. Mis amigas me dijeron que era porque no sabía qué decirme, estaba asustado. Un día me presenté yo delante de él, me dio un gran abrazo y ya está». El miedo. Lo perciben, lo notan en la gente. Y explican que muchas veces no es necesario decir nada, «con una sonrisa puede valer. Queremos dar visibilidad a nuestra enfermedad para que, entre otras cosas, la gente no nos tenga miedo. Queremos vivir en sociedad, que se acerquen y nos pregunten. Si se habla desde el corazón nos llega. Esas relaciones queremos fomentar». ¿Existen otras? «Sí, claro», responden Taboada y Pastoriza. «Hay personas que salen de tu vida tras saber de tu enfermedad. Dejan la relación», dicen con expresión seria.

La Asociación CMM les sirve a estas mujeres para «hablar el mismo idioma» y fomentar actos solidarios que aporten dinero a la investigación que reclaman. Este año han recaudado ya 60.000 euros para dos proyectos, «uno que se está realizando en el Hospital Vall d'Hebron y otro que lo dirige una oncóloga infantil». ¿Y Osakidetza? Lo primero que dicen al respecto es que la atención sanitaria que han recibido de sus profesionales «es de 10. Pero creo que podemos mejorar nuestra relación con ellos», comentan. ¿Cómo? «Queremos ser un grupo de presión. No para criticar por criticar. Creemos que nuestra aportación puede ser muy valiosa para seguir construyendo un sistema que funcione mejor. Tener una relación directa con Osakidetza sería una gran noticia».

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