«Ya vemos la salida del túnel, antes de fin de año queremos zarpar en el 'Aita Mari'»

Los tripulantes del 'Aita Mari' muestran su satisfacción por poder poner rumbo en breve al Mediterráneo./Arizmendi
Los tripulantes del 'Aita Mari' muestran su satisfacción por poder poner rumbo en breve al Mediterráneo. / Arizmendi

El barco guipuzcoano supera el «bloqueo» burocrático y enfila los últimos trámites para salir al rescate de personas en el Mediterráneo central

Amaia Chico
AMAIA CHICOSan Sebastián

Quince personas mueren en un barco que llevaba 12 días a la deriva en la costa de Libia. Es la última tragedia conocida en el Mediterráneo central, el corredor de la muerte para cientos de migrantes que siguen intentando buscar una vida en Europa. Y la prueba evidente, añade Iñigo Gutiérrez, de que la comunidad internacional ha cruzado una «peligrosa» línea que lleva a barcos mercantes o pesqueros a no cumplir con la «obligación» de salvar vidas en alta mar «porque no saben si podrán desembarcar». El último caso del 'Nuestra Señora de Loreto', diez días sin rumbo con once inmigrantes a bordo, es otro ejemplo. «Es de locos», resume el vicepresidente de Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), con más ganas que nunca de soltar las amarras del 'Aita Mari' y cumplir la misión para la que llevan tanto tiempo preparándose.

Porque sí, el barco guipuzcoano podrá zarpar en breve, «queremos estar navegando antes de que acabe el año». Ha recibido la documentación de Capitanía Marítima que necesitaba para «salir del bloqueo» burocrático en el que llevaba meses. Y ahora solo le falta cumplir los últimos trámites, indispensables, para que el 'Aita Mari' abandone el puerto de Pasaia y ponga rumbo al Mediterráneo central. «Nunca ha sido una opción tirar la toalla, pero sí es cierto que ahora vemos la salida del túnel y solo nos queda el último arreón», cuenta desde el barco Gutiérrez, que junto a Iñigo Mijangos, el presidente de SMH y compañero de travesía en la primera expedición, respira satisfecho por haber superado la primera barrera administrativa y dispuesto a encarar las siguientes. «Esto es un juego diabólico, primero hay que conseguir llegar y una vez allí, sabes cuándo sales pero no cuándo volveremos».

Ambos serán parte de la primera tripulación. Fomento les ha exigido embarcar a dos marineros profesionales más, hasta siete, a los que ya tienen localizados; y junto a ellos, navegarán seis voluntarios de rescate «con experiencia», dos patrones de lancha y dos socorristas por cada una de ellas; dos sanitarios (médico y enfermero/a), un cocinero y dos periodistas. «Tenemos las dos tripulaciones completas, la que trabaja y la que se queda en 'stand by'», explica Gutiérrez, que asume el esfuerzo final para cumplir la nueva meta temporal autoimpuesta.

Su previsión más optimista es que cada misión se prolongue quince días. Pero tampoco eso depende de ellos. «Ahora tenemos que buscar el puerto base, si es Malta serán 15 días pero si es Baleares, las misiones tendrán que ser de 25, porque se tardan 4 días en ir a la zona y 4 en volver». Una diferencia sustancial, a la que se añade «la incertidumbre» sobre qué pasará una vez lleven a cabo un rescate y necesiten un puerto seguro para desembarcar. «Todos los que vamos somos conscientes de ello», afirma.

«Tenemos que buscar puerto base, si es Malta las misiones serán de 15 días, si es Baleares, de 25»

Gutiérrez se suma en este punto al reproche severo que Mijangos lanza contra los Estados europeos por «incumplir los acuerdos internacionales» que les conminan a establecer «dispositivos» para evitar ahogamientos. «Reclamamos lo que dice la ONU, que haya un protocolo donde se garanticen los derechos de las personas, que se cumpla la ley, y que los Estados y gobiernos cumplan con su función: que la gente no se muera». El presidente de SMH recalca que «nosotros no tendríamos que estar aquí, nuestra labor debería ser de apoyo y observación a mercantes, pesqueros y dispositivos oficiales» responsables de que las personas inmigrantes no se ahoguen. Y expresa su contrariedad por que «tengamos que estar explicando a responsables» gubernamentales un hecho tan básico.

Bandera blanca

El equipo, no obstante, está preparado para zarpar, para aguantar «la presión y tener la paciencia» que necesitarán cuando empiecen a «trabajar» en alta mar. «Hemos salido del bloqueo, pero aún faltan pasos para concluir el trámite de despacho» y zarpar con «todas las garantías».

Uno de ellos es la inspección de Sanidad, que con la documentación de Capitanía Marítima en la mano, ya pueden solicitar. Lo harán en cuanto ultimen alguna reparación que el 'Aita Mari', ha precisado tras las pruebas de navegación. «Nos pueden sacar algún defecto que subsanaremos de inmediato, lo importante ahora es que todo está ya en nuestras manos», subraya Mijangos mientras se reconoce algo «agotado» tras una larga batalla administrativa que dura meses y que aún no ha acabado.

Además de encontrar puerto y de esa última inspección de Sanidad, el barco guipuzcoano debe superar también la «inspección de bandera blanca». La categoría en la que está catalogada según el sistema internacional compuesto por blanca, gris y negra, y que debe ser reconocido en cualquier puerto del mundo. «Nos hacen una revisión de arriba abajo en el barco, pero es mejor que nos exijan ahora cualquier arreglo que llegar a un puerto extranjero y nos retengan por una alarma o porque no les parece bien la pasarela...», explica Mijangos. El presidente está confiado en salvar en unos días estos últimos detalles, y agradecido, igual que Gutiérrez y el resto de voluntarios ya en guardia para embarcar antes de las campanadas, por el último aliento recibido de las 164.600 personas que han firmado la campaña lanzada hace un mes.

El antiguo pesquero 'Aita Mari', reformado completamente para acoger hasta 150 migrantes, espera llegar cuanto antes a la zona y unirse al trabajo de salvamento que ahora solo realizan tres barcos de ONG. «Hace tres años fuimos a Quíos para prestar atención médica a los inmigrantes, y vamos a seguir allí», pese a los obstáculos. Igual que en el Mediterráneo.

 

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