«Hay que adiestrar más al dueño que al perro»

Tener un perro en casa puede no ser tan fácil como parece: que no acuda a la llamada, no poder dejarlos solos en casa y multitud de problemas de comportamiento

Jose Gubia posa con su perro Eko, un pastor belga de tres años, en las campas de Oiartzun donde imparte las clases de adiestramiento. / MICHELENA
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Eko es un pastor belga de 3 años que corretea feliz por unas campas en las afueras de Oiartzun. Es de naturaleza inquieta pero cuando Jose, su dueño, le llama, responde inmediatamente. Si le dice que se siente, se sienta. Y así con todas las órdenes. Jose Gubia (San Sebastián, 42 años) dirige Kide Educación Canina con el objetivo de asesorar a todos los propietarios y amantes de los animales que requieran información sobre los problemas de conducta de sus mascotas. Algunos acuden a sus clases porque sus perros no responden a las llamadas. Otros, porque no saben quedarse solos en casa. Y también los hay que quieren saber cómo pasear tranquilamente por un parque o por la ciudad sin tener que agarrar fuerte de la correa. Como dice él, «cada perro es diferente, cada caso es diferente».

Aunque también acude de forma personal a los domicilios, su lugar de trabajo más habitual y colectivo se halla en el término municipal de Oiartzun, muy cerca del barrio de Ergoien, tomando una pista hormigonada que nace a mano izquierda, después del asador Iriberri y antes del restaurante Fortaleza, y que desemboca en una amplia campa. El día que nos conocemos estamos en el apogeo de la canícula y no parece el mejor momento para hacer saltos, maniobras y piruetas sobre la hierba casi amarillenta, pero salimos adelante con brío. Ese recinto es ideal porque es extenso y está alejado de los coches y otras distracciones.

No responder a una llamada, no saber estar solo en casa y que no tire de la correa, principales problemáticas

Jose, que vive en Hondarribia, cuenta que «los perros me han gustado desde siempre y comenzamos con estas clases en 2014. La gente nos viene cuando ven que las conductas están enquistadas y necesitan una solución. Después de un tiempo -hay perros que necesitan muchas clases, otros menos-, hay un éxito del 90%».

Este donostiarra, que además tiene un pastor alemán de nombre Jazz, confiesa que una problemática muy común llega cuando el perro se tiene que quedar solo en casa. Hablamos de ratos breves, como que su dueño deba atender un par de recados en la calle, pero que provocan nervios, ladridos o lloros en el can. «La palabra es ansiedad. El perro no ve la referencia y se pone nervioso. También son comunes escenarios en el que alguien abre un paraguas y el perro se inquieta. O cuando ve unas muletas. O un petardo cualquiera en las fiestas del pueblo. Ayudamos a tener más controladas ese tipo de situaciones más o menos cotidianas».

Clases de una hora

Las clases en Oiartzun duran entre tres cuartos de hora y una hora y se suelen juntar alrededor de una docena de personas con sus canes. «Lo ideal es ir rotando con ellos, alternar las tareas, trabajar las llamadas y que puedan moverse con libertad. Pero llevamos mucho tiempo hablando de los perros y también hay que hacerlo de los dueños. De hecho, hay que adiestrar más al dueño que al perro».

Para mí lo más importante es trabajar el vínculo entre el perro y su dueño» jose gubia

En el tiempo que estamos en Oiartzun podemos constatar que Eko está bien educado. Se sienta, responde a las llamadas, salta, corre, supera los obstáculos y, en un gesto de inteligencia total, espera en la sombra mientras los periodistas se achicharran a más de 30 grados... Eko, además, es entrenado para competir en IPO, destinado a demostrar la inteligencia y utilidad del perro. Como prueba, mide la estabilidad mental del perro, la resistencia, el rendimiento estructural, la capacidad para rastrear, la voluntad de trabajo, el coraje y la adiestrabilidad en tres pruebas: rastro, obediencia y defensa.

Como cada vez hay más perros en la ciudad, sus dueños también se encuentran cada vez con más problemas. De ahí que estas medidas busquen a través de la psicología y pautas concretas «trabajar el vínculo. La clave es ésa, que el perro quiera estar con nosotros. Y que no se alborote ante cualquier novedad que suceda en su entorno más próximo». Le miramos a Eko y asiente educadamente: «¡Guau!».

 

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