«Un abuso sexual en la infancia no se olvida pero el daño se puede reparar»
El psicólogo clínico Kike Esnaola asegura que el apoyo de la familia es básico en la reparación, pero también complejo ya que el abusador a menudo es del entorno
O. O. G.
San Sebastián
Martes, 18 de noviembre 2025, 00:00
La experiencia clínica recoge que una de cada cinco personas ha sufrido abusos sexuales durante la infancia, pero «seguro que son más porque esos estudios ... se basan en autoinformes, es decir, personas que revelan la información. Y sabemos que esta problemática se tiende a ocultar», asegura Kike Esnaola, el psicólogo que durante cuatro años ha tratado a Olatz Telleria en su proceso de recuperación. A su juicio, «un abuso sexual en la infancia, o sus consecuencias, nunca se olvidan, aunque el daño se puede reparar».
Para alcanzar esta reparación de cualquier proceso traumático que permita a la víctima recuperar una vida normal, considera «importante el tratamiento psicológico, pero también que todo el círculo que rodea a esa persona, y la sociedad en sí, contribuya en la reparación». El problema, advierte, es que, en un volumen muy alto, el autor de un abuso sexual infantil pertenece al entorno más próximo de la víctima. Y cuando se enmarca en el círculo intrafamiliar, «las familias tienen grandes dificultades para apoyar a la víctima. De alguna manera, sienten que revelar este hecho supone faltar al honor o a la lealtad de la familia».
Esnaola subraya que esa empatía de la familia debe ser «incondicional; no basta con creer a la víctima, sino con hacerle ver que estoy contigo, no te juzgo, me intereso por ti y te ayudo en aquello que necesites para reparar aquello que ocurrió». «Lamentablemente», apunta, «hay mucho tabú de la sexualidad infantil» en el ámbito doméstico. Y advierte de que «cuando no existe apoyo familiar, el pronóstico de la evolución de la víctima es muy malo».
Gotera eterna
A su centro de psicología sanitaria en Donostia, Forapsico, llegan «muchísimos casos» vinculados a abusos sexuales en la infancia o la adolescencia, una etapa del desarrollo evolutivo de las personas «muy frágil y de una gran vulnerabilidad porque estamos en plena construcción de la identidad». Para ilustrarlo, compara el abuso sexual infantil con una grieta en un edificio, de forma que «continuamente va a ir apareciendo una gotera porque la estructura está dañada. Y cuando sucede algo tan traumático como un abuso, el daño a nivel estructural es grande y la reparación va a requerir un proceso muy complejo y largo».
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