Cristina López Escribano (Doctora en Ciencias de la Educación): «Los niños con altas capacidades son el gran revulsivo del aula»

López Escribano, en el colegio San Luis-La Salle de Donostia./
López Escribano, en el colegio San Luis-La Salle de Donostia.

La directora de la Unidad de Altas Capacidades de Asturias apuesta por la detección en niños en edades tempranas y una respuesta coordinada

ELENA VIÑASsan sebastián

Con apenas 3 años, saben leer sin que nadie les haya enseñado. Son capaces de enumerar todas las capitales del mundo cuando sus compañeros de clase aprenden un par de ellas. Algunos se revelan como auténticos especialistas en la Grecia clásica, mientras en el aula ni siquiera se han dado las primeras lecciones de Historia. Son ejemplos de niños con altas capacidades, un ámbito en el que Cristina López Escribano es experta. Hace unos días compartió su experiencia en el Colegio San Luis-La Salle de Bidebieta, dentro de unas jornadas sobre atención a la diversidad en edades tempranas.

-Cuando hablamos de un niño con altas capacidades, ¿a qué nos estamos refiriendo realmente?

-La definición es compleja, porque existe discrepancia entre diferentes autores, aunque hay un fondo común. Son personas que tienen una inteligencia elevada, un coeficiente intelectual alto, desde 130, que es lo que marca la Organización Mundial de la Salud, que en Asturias hemos asumido desde 125. También hay que tener en cuenta su creatividad elevada y la personalidad. Aprenden de forma diferente y su necesidad de crítica, de ver el final, su vocabulario y esa curiosidad, les hace ser distintos.

-¿Es sinónimo de superdotado?

-Dentro de las altas capacidades hay tipologías totalmente distintas. La superdotación, desde mi punto de vista es una parte dentro de las altas capacidades. Es una tipología.

-Pero hay otras tipologías...

-Está el talento simple, que puede ser el talento verbal, el musical, el matemático, el deportivo... Tienen una base común, pero entre ellos no se parecen en nada. Luego está el talento complejo, como el artístico figurativo y el muy tecnológico. No hay que olvidar el talento académico, que es el que antes reconoce un docente, porque es el del chico que saca todo sobresalientes y a veces tiene dificultades en educación física e incluso en artística. Quedan los extremos de curva, entre los que se incluirían la mente prodigio y el genio, aunque son casos muy reducidos.

-Y habiendo tantas tipologías diferentes entre sí, ¿cómo se puede detectar un caso de alta capacidad?

-En Asturias, en un primer momento de la detección, tenemos a los niños censados como altas capacidades por precocidad. Esa precocidad es evolutiva y como tal, evoluciona hacia las altas capacidades en general en la tipología que sea o bien, se regula con sus pares de edad cronológica. Es cierto que no existen muchos casos que se regulen, pero existen. Se va adaptando a la sociedad y disminuye su problemática, porque un precoz tiene problemas.

-¿De qué tipo?

-Es tan curioso, que quiere saber, quiere aprender. Es el típico niño que se presenta en el cole con 3 añitos y ya sabe leer porque ha aprendido él solo, mientras otros niños están aprendiendo a hacer la 'o' redondita. Si vamos evolucionando con él, se va regulando hacia la media y puede seguir siendo alta capacidad o sencillamente no, porque regula sus funciones haciéndose similar a sus pares, aunque no pierde inteligencia. Eso ocurre cuando la inteligencia cristaliza. En mi opinión, la detección debe realizarse en época temprana por parte de sus docentes y sus familiares. Luego ya entra el orientador.

-¿Antes de que cristalice la inteligencia?

-Sí, para poder dar respuesta a sus necesidades. En Asturias estamos haciendo informes para ello. Si más tarde el informe psicopedagógico indica que ese niño necesita más ayuda, debemos de pensar que nuestros centros son educativos y no clínicos. Posteriormente, hacia los 10 años, que es cuando nos obliga la ley, hacemos un nuevo informe para valorar si ese niño es precoz o se ha regulado como sus pares o si tiene altas capacidades. A veces tratamos de ver también la tipología en esas edades prematuras.

-¿El actual sistema educativo está preparado para dar respuesta a estos casos? ¿Sabe tratar las dificultades que puedan surgir?

-Debe conocerse para que la respuesta sea idónea. Esas dificultades o falta de ellas, las trae el niño. El docente debe conocer cómo aprenden sus alumnos, para darles respuesta. Hay dificultades serias, como la disincronía, tener una velocidad cognitiva y otra motriz. La que a mí me preocupa muchísimo más es el bloqueo emocional, que puede llegar a poner un cinturón en la boca y en las manos del niño. Es tan complejo que necesita un técnico, un experto, para saberle dar respuesta.

-¿Qué pasos tienen que dar los padres que sospechan que su hijo tiene altas capacidades?

-En primer lugar, hay que acudir a los docentes, que suelen tener algún trabajo o cuestionario para detectar. Se le comienza a observar teniendo en cuenta las características: si es crítico, si tiene un vocabulario elevado, si es muy curioso, si tiene interés por temas que no se dan en las aulas... A continuación, hay que aunar la respuesta educativa que se da en el centro y la que se da en la familia, porque de ese modo se multiplican los esfuerzos. Además, hay que subrayar que el niño por tener alta capacidad necesita normas. No nos vale con prohibiciones y cambios metodológicos.

-¿Cómo reaccionan las familias cuando se les comunica que sus hijos tienen altas capacidades?

-Para ellas es muy doloroso. Porque genera expectativas y un mayor nivel de exigencia. Tienen que confiar en el centro y tener serenidad suficiente para manejar la situación. Me gustaría transmitir a los padres que no se preocupen. Un niño precoz necesita un trato diferenciado, una respuesta según su precocidad, pero no pierde elemento cognitivo ni inteligencia ni creatividad por el hecho de regularse con sus pares cuando su inteligencia cristaliza. No se pierde, se regula.

-¿Puede tener problemas en la relación con sus compañeros de colegio?

-Puede, por eso muchos niños evitan reconocer lo que saben, para que los demás no perciban en él algún tipo de rareza. Hay que regular ese tipo de conductas de manera que los demás le aporten a él dinámicas que mejoren su sentir humano, mientras este niño puede aportar a los demás contenidos y metodologías que él hace de forma natural. Son los grandes revulsivos del aula. Si se dan problemas mayores, es el clínico el que debe intervenir, colaborando con el centro educativo.

-Usted se lamentaba hace unos años de que estos niños son los grandes olvidados del sistema...

-Por suerte se ha avanzado mucho desde entonces. Hay un interés serio en el aprendizaje de temas relacionados con las altas capacidades. Mi preocupación es que la gente no se obsesione, que no piense que la inteligencia queda en barbecho y se pierde. Es conveniente informarnos, perder temores y ser padres que buscan el bienestar de su hijo, pero no a cualquier precio.

 

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