«Itziar es mis manos, mis pies, mi todo»

Merche Ramos, de Irun, sufre una enfermedad neurodegenerativa y recurre a ayuda externa

A. A. IRUN.

«Itziar son mis manos, mis pies, mi todo. Es toda aquella parte de mi cuerpo que me falla». Merche Ramos encuentra la definición perfecta para describir a Itziar García. Según la Ley de Dependencia, técnicamente es su asistente personal, la persona que le cuida y que le ayuda a mantener una vida lo más autónoma posible en su casa desde hace siete años. Merche, nacida en Cáceres pero instalada en Irun desde que tenía nueve años, sufre una enfermedad hereditaria rara llamada Ataxia de Friedreich, «primo hermano» de la esclerosis múltiple, explica.

El diagnóstico llegó cuando nació su hija, hace 35 años. Hoy tiene 57. Dos de sus hermanos ya habían desarrollado esta dolencia neurodegenerativa. Ella y su otra hermana pequeña acabaron también por desarrollar los síntomas. «Es una enfermedad hereditaria. Entonces no se tenía conocimiento de esas cosas y mis padres no sabían que ambos portaban un gen que podía transmitir la enfermedad. Mi padre ya falleció, pero mi madre, que tiene 90 años y cuida de uno de mis hermanos, se siente culpable. Nosotros le decimos que no tiene ninguna culpa, pero sabemos que sufre por nosotros», una losa familiar que, por suerte, Merche y su marido, Juan, no han transmitido a su descendencia.

La mujer lleva ya años en silla de ruedas, desde la que se empeña en mantener la mayor autonomía posible pese a sus limitaciones. «Hasta se agacha para recoger las cosas que se caen al suelo. Ya le digo que no, pero ella hace todo para mantenerse lo más independiente posible», refleja Itziar. «Va en mi carácter», sonríe Merche.

Espontánea y resuelta, con esas armas 'fichó' a Itziar en plena calle. La intuición no le falló. «Entonces cuidaba a una persona dependiente y le ayudé con la mudanza a este barrio. Merche me vio y me preguntó si estaría interesada en trabajar en su casa». Empezó unas pocas horas para tareas de limpieza, pero a medida que se fueron acentuando las necesidades físicas de Merche, su función también se fue haciendo cada vez más necesaria. Su marido, Juan, también le cuida, pero trabaja, y no hubo duda de que necesitaban ayuda externa.

Hoy Itziar se hace cargo de «lo que haga falta», desde tareas del hogar a labores de costura. Le ayuda a Merche a sentarse en su silla de ruedas, a moverse en el baño con seguridad en la hora de la ducha, o a pintar, una afición que Merche ha ido practicando en la sede de la asociación de afectados por esclerosis múltiple de Gipuzkoa, Ademgi (www.ademgi.org), de la que solo tiene buenas palabras. «Son encantadores».

«Tengo más trabajos en los que estoy sola -Itziar es trabajadora autónoma y se dedica a la limpieza-. Es distinto trabajar con personas. Yo les llamo a todos mis jefas y mis jefes. Se crean lazos y Merche es una buena amiga. Además, somos mucho de hablar», se echan a reír las dos a carcajadas mientras Yaki, un yorkshire que salta y araña las patas de la silla de ruedas, reclama su dosis de caricias.

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