El regalo de vivir en una familia

Un patinete fue el regalo de Reyes que pidió el chaval que Mila Mendizabal tiene en acogida en su casa de Mutriku./
Un patinete fue el regalo de Reyes que pidió el chaval que Mila Mendizabal tiene en acogida en su casa de Mutriku.

Dos hogares cuentan la ilusión de celebrar el día de Reyes con los menores que han acogido

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN

Un patinete, una muñeca a la que cuidar, «una bolamundi», y toneladas de afecto. En casa de los Brotons Almandoz y de la familia Mendizabal, los regalos que dejaron ayer los Reyes Magos tienen un poder especial: además de abrirlos y disfrutarlos, también se abrazan y se achuchan, y a veces hasta se riñe con ellos. Compartir la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar en una casa repleta de gente y cariño es el sueño cumplido para los niños que viven en familias de acogida, como las de Isabel y Mila, las protagonistas de estas historias junto a los menores que un día pasaron a formar parte de sus vidas. Para todos ellos, el regalo del día de Reyes se convierte en un gran acontecimiento diario. El de poder estar en familia, que en el fondo es el deseo más común.

La peculiaridad de ser un hogar de acogida no ha cambiado la rutina de estas fechas en casa de Isabel Almandoz, en Donostia. Los regalos se abren siempre por orden de edad, de menor a mayor. Así que el honor de ser la primera recayó ayer en la pequeña que tienen acogida y que ya ha cumplido 8 años. Había pedido una muñeca, una mochila y una «bolamundi», la carta que habrían escrito otras muchas crías de su edad.

Campaña

'Abrazos de carne y hueso': La campaña lanzada por la Diputación busca familias de acogida

(www.abrazosdecarneyhueso.eus). Los interesados pueden

contactar en el teléfono

943112522 o por mail familiaharrera@gipuzkoa.eus

Nuevas familias: Desde el pasado mes de octubre, cuando se puso en marcha la campaña, la Diputación ha recibido más de cien llamadas de personas interesadas en el acogimiento familiar. 65 han acudido ya a las charlas informativas (en Arrasate, Beasain, Tolosa e Irun), de las cuales 35 han participado en la formación previa y 26 ya han iniciado los trámites para acoger en sus domicilios a alguno de los sesenta niños y niñas tutelados y que ahora mismo viven en centros bajo el amparo de los servicios sociales forales.

«Cuanto más juegue mejor, más niña será», dice Isabel para reflejar la madurez demasiado temprana que estos niños, separados de sus padres biológicos para garantizar sus cuidados, desarrollan en infancias complicadas. 354 menores tutelados por la Diputación ya han encontrado un hogar de acogida en Gipuzkoa, y se necesitan más, recuerdan desde el Departamento de Política Social en una semana complicada después de que el pasado jueves una mujer se llevara a la fuerza a su hijo, tutelado por los servicios sociales forales, una situación excepcional.

«El mes de oro»

El 11 de febrero hará cuatro años que los Brotons Almandoz dieron la bienvenida en su casa a la pequeña, superado el proceso de varios meses de 'acoplamiento', como se llama a la fase en la que las familias voluntarias conocen al menor hasta que finalmente pasa a vivir con ellos. «Al primer mes lo llaman el mes de oro, porque todo es nuevo y maravilloso para estos niños que pasan de vivir en un centro a tener su propia habitación, a conocer a la familia que le acoge, a los primos, abuelos...», recuerda Isabel. Pero luego el año, «sobre todo los primeros seis meses, se hace duro. Porque también tienen sus apegos, desde su compañera de habitación en el centro en el que vivía hasta por supuesto su familia biológica», con la que en este caso mantiene contacto.

«Su madre tiene su sitio. Su ama es su ama. A mí me llama mami, o madrina. Un día, muy al principio, no sabíamos bien cómo presentarla y me dijo: 'Yo no quiero que la gente crea que eres la ama'. ¿Te parece bien madrina, le dije? Y me respondió que sí. Al final, se acostumbra a tener dos amas. Hasta suele decir que tiene suerte de tener dos familias, porque sus preocupaciones no suelen ser materiales». Hoy hablan con naturalidad de esta situación particular que les unirá al menos hasta que la cría cumpla los 18 años y ya pueda volar sola legalmente. «A veces me hace preguntas sobre el futuro, y yo le digo que no se preocupe, que se forme bien y que vayamos sobrellevando los problemas, como hago con mis tres hijas -Isabel, Paula y María-».

Los recuerdos del primer día

La Navidad, propicia para la nostalgia, resucita aquel primer encuentro entre Mila Mendizabal y un bebé de 11 meses que vivía en un centro de acogida. «Me interesé a través de un amigo y llamé a la Diputación. Justo estaban con varias reuniones informativas sobre el acogimiento familiar y me presenté. Quería dar la oportunidad de que un niño pudiera vivir en una familia». Han pasado casi doce años de aquel 'flechazo'. Y el chaval, ya crecido, estrena un patinete que le han traído los Reyes Magos.

Mila, soltera, vive en la casa familiar junto a su ama a quien consultó aquella idea de involucrarse en la crianza de un menor tutelado. «No es lo mismo que vivan en un centro que en una casa, por muy bien que estén cuidados». Recuerda perfectamente «los nervios y la incertidumbre durante el proceso de acogida. «No sé lo qué es un parto, pero sí la responsabilidad de que un día llegue un bebé a casa, a su cuna. Un momento muy emotivo», un sentimiento que perdura.

 

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