Las chimeneas han causado la mayoría de los 11 incendios en caseríos registrados este mes

Los bomberos luchan contra las llamas en el caserío Amenabar de Asteasu./
Los bomberos luchan contra las llamas en el caserío Amenabar de Asteasu.

La falta de limpieza y mantenimiento después de meses sin frío multiplica el peligro de siniestros

JAVIER GUILLENEASAN SEBASTIÁN

Los bomberos de la Diputación de Gipuzkoa han intervenido en lo que va de año en once incendios declarados en caseríos. En cinco de los siniestros las llamas destruyeron los edificios, mientras que en el resto se trató de fuegos pequeños que pudieron ser sofocados antes de que se extendieran. En casi todos los casos el culpable fue la chimenea.

Los caseríos son un territorio propicio para los incendios, sobre todo cuando llega el frío. Cada vez que descienden las temperaturas los bomberos saben que más temprano que tarde deberán acudir a alguna zona rural para extinguir un fuego. Es lo que ha sucedido en los últimos cinco días en Asteasu, Leintz Gatzaga e Irun.

«El más grave fue el de Asteasu. El incendio empezó en la chimenea y se propagó por las vigas de madera de alrededor», explica Arkaitz Orbegozo, jefe del Servicio de prevención y extinción de incendios y salvamentos de la Diputación. En pocos minutos el tejado del caserío Amenabar se vio envuelto en llamas. La segunda planta del inmueble quedó destruida y la primera sufrió cuantiosos daños debido al agua empleada por los bomberos.

El paso del calor al frío es un momento crítico. Después de meses con buen tiempo y temperaturas templadas los propietarios de los caseríos se apresuran a encender las chimeneas para calentar su hogar pero en muchas ocasiones lo hacen sin comprobar su estado. «Están llenas de hollín y porquerías por falta de uso», afirma Arkaitz Orbegozo. Son obstáculos que impiden un correcto tiro y provocan que el conducto del humo alcance temperaturas elevadísimas.

Pequeñas fisuras

A la falta de limpieza se le une un escaso mantenimiento de los conductos de la chimenea que, a su vez, suelen estar rodeados por vigas de madera. «Los conductos pueden tener pequeñas fisuras por las que se escapa el calor y la madera coge mucha temperatura», señala Arkaitz Orbegozo.

Recientemente el caserío Begiñarru, en Leintz Gatzaga, comenzó a arder. El propietario de la vivienda intentó apagar las llamas con una manguera, aunque finalmente fueron los bomberos quienes sofocaron el fuego. El interior del inmueble no se vio afectado por el incendio, lo que no ocurrió con el caserío que ardió el martes en el barrio Bidasoa de Irun. Su planta superior quedó destrozada.

«Los viejos caseríos tienen una estructura antigua de madera y arden enseguida», afirma el jefe de bomberos de la Diputación. Además de chimenea, muchos de ellos tienen cocinas económicas que aumentan las posibilidades de un incendio. Y por si fuera poco, sus instalaciones eléctricas son muy viejas. «Es muy peligroso sobrecargar enchufes con calefacciones», advierte Arkaitz Orbegozo.

En Leintz Gatzaga el dueño del caserío trató de apagar el incendio, algo que no aconsejan los expertos porque en estos edificios «el desarrollo del fuego es muy rápido». En las casas de pisos que tienen estructura de hormigón siempre se recomienda a los vecinos que no intenten bajar por las escaleras y que se encierren en sus hogares hasta que lleguen los bomberos. En el caso de los caseríos el consejo es el contrario. «Lo importante -explica Arkaitz Orbegozo- es salir cuanto antes al exterior para evitar intoxicaciones y cerrar la puerta del habitáculo donde ha empezado el incendio, aunque lo habitual es que el fuego no quede confinado y se extienda».

«Lo peligroso -insiste el jefe de bomberos- es intentar apagar las llamas si no se tienen medios adecuados». Utilizar cubos con agua para luchar contra el fuego no solo es inútil en un entorno repleto de madera seca sino que pone en riesgo la vida de quien trata de salvar su hogar.

La actitud más sensata es la prevención. «Ahora que empieza el frío hay que llamar a un deshollinador para que limpie el interior de las chimeneas y también hay que aislar los conductos y repasarlos por si hay grietas». «Tampoco conviene acumular madera cerca de la chimenea y si se almacenan productos químicos como nitratos -añade Arkaitz Orbegozo- lo mejor es hacerlo fuera del caserío porque son muy inflamables».