Abrir las escuelas a la realidad de la vida

Las profesoras Elena Laiz, Leire Arreseigor y Maite López, en el taller de cocina que han realizado en Txalburu eskola. /
Las profesoras Elena Laiz, Leire Arreseigor y Maite López, en el taller de cocina que han realizado en Txalburu eskola.

Los alumnos de las eskola txikiak de Abaltzisketa y Zizurkil Gora no tienen clases, aprenden en talleres

ELISA BELAUNTZARANABALTZISKETA

A partir de ese momento, por grupos, se dirigen a los talleres que han establecido para este nuevo proyecto. Sí, son talleres, no existen 'clases' en Txalburu herri eskola. Cuentan con talleres de lectura y escritura, arte, movimiento, ciencia y una carpintería mecánica en los que desarrollan las competencias y conocimientos exigidos en el curriículum del departamento de Educación del Gobierno Vasco.

Anetxu Plazaola y Leire Arreseigor son dos de las profesoras de la eskola txikia de Abaltzisketa que comenzaron junto con Maite López, Ane Gurrutxaga y Pilar Maiza el año pasado con el proyecto de trasladar la filosofía de Francesco Tonucci a sus alumnos. Junto a ellas trabaja en este momento Ixiar Atxukarro. La también profesora Elena Laiz es la encargada de coordinar el trabajo que realizan en el centro de Abaltzisketa y San Millán de Zizurkil Gora.

Todo un reto que comenzó el curso pasado y que, según destacan, está dando muy buenos resultados entre los alumnos abaltzisketarras. «Cuando comenzamos el curso pasado, niños y padres sobre todo, tenían grandes dudas ante lo que suponía. Era un nuevo camino, desconocido pero poco a poco nos fuimos adaptando todos y no hubo mayor problema».

El primer paso fue cambiar el 'chip'. «Al principio los chavales se encontraban con un conflicto; ¿se puede disfrutar trabajando?. No marcamos pautas cerradas de lo que deben hacer sino que ofrecemos opciones y la posibilidad de desarrollar lo que más les interesa; no existen fichas o libros en los que hacer sus ejercicios, lo que provocó más de una duda, porque eso de marcar ellos la iniciativa o venir a la escuela a pasárselo bien no cuadraba demasiado».

Pero eso sólo fue al principio. Como es habitual, a los niños les costó muy poco habituarse a la nueva dinámica y «repartidos en diferentes grupos, mezclados por edades, desarrollamos actividades que surgen en cualquier situación de su vida cotidiana. Siempre tenemos en cuenta la realidad que les rodea y se les plantea objetivos en torno a situaciones que ellos pueden vivir».

Sin pautas marcadas

Por ello en su taller de carpintería, «mientras realizamos una baldas o un cajón que necesitamos en el centro para guardar nuestras cosas, preparamos el boceto, practicamos las proporciones matemáticas, ahondamos en el vocabulario que surge en torno al utensilio, al material... en castellano o en inglés, dependiendo del taller».

Las profesoras destacan que este nuevo método «es muy enriquecedor. No se impone nada en clase ni se limita al alumno. Al contrario, se deja que desarrolle todo el potencial que puede ofrecer, cada uno a su ritmo y todos salimos ganando, aprendiendo mucho». Las etiquetas y las comparaciones entre niños han desaparecido.

Además, «es muy destacable el cambio que han experimentado en la actitud muchos alumnos. La desmotivación que mostraban algunos chavales a la hora de entrar en la escuela ha desaparecido. También, hacia las profesoras, la relación ha cambiado, y aunque seguimos insistiendo en el respeto que se espera hacia nosotras, no tenemos que imponernos. Los chavales no se sienten evaluados continuamente, saben que no existen las 'notas' y que es cuestión de mejorar y esforzarse, para aprender pero sin sentirse presionados».

El comienzo del segundo curso siguiendo las pautas del psicopedagogo Francesco Tonucci se presenta como una «nueva etapa de aprendizaje también para nosotros», comentan desde Txalburu eskola, pero_«es un reto muy ilusionante porque el objetivo es enseñar a los chavales a aprender disfrutando».