Behobia, parada obligada para acopio de Ricard y Gauloises

Numerosos viajeros, la mayoría de origen francés, echan  un vistazo a los bolsos expuestos en los escaparates . /
Numerosos viajeros, la mayoría de origen francés, echan un vistazo a los bolsos expuestos en los escaparates .

Miles de viajeros, la mayoría franceses, hacen un alto en la frontera para llenar el maletero de tabaco y alcohol

IÑIGO VILLAMÍA IRUN.

Behobia es un barrio singular en Irun. Sus habitantes bromean al considerarse una 'república independiente'. Su lejanía del centro y su vocación fronteriza hacen que en ocasiones parezca que el visitante se encuentra más en Francia que en la propia ciudad irunesa. Si habitualmente sus calles comerciales se llenan de compradores franceses los meses veraniegos la cifra de viajeros que hace una parada obligatoria en la frontera de Behobia se multiplica.

Agosto es el mes por excelencia de las compras en Behobia. Las estrellas continúan siendo el alcohol y el tabaco -por aquello de que son más baratos a este lado de la frontera-, pero también ha ido aumentando la oferta de nuevos productos, desde la ropa infantil a la perfumería. Mónica Marzo, de Chez Pepe, afirma que «prácticamente un 99% de nuestros clientes son franceses. Se deja ver también algún portugués y son muy pocos los españoles que nos visitan». Esto obliga, cuenta, a ofrecer un horario muy amplio porque el ritmo de vida de los franceses es distinto al de aquí. «Por eso en verano estamos abiertos desde las 8.00 horas hasta las 22.00, y en invierno de 8.00 a 20.00». La meteorología es también importante, porque los días de playa el público se agolpa a partir de las siete y media de la tarde. Al referirse a los productos preferidos por la clientela, cita principalmente el alcohol, en especial el Ricard y el whisky Sir Edwards. Este verano están arrasando también las gomitas para elaborar pulseras y se demandan también vestidos de playa.

Whisky y sangría

Asimismo, la venta de alcohol es el punto fuerte de Alfredo & Olga, según comenta su responsable Alfredo Mariño. «El alcohol supone un 90% de nuestras ventas. También adquieren conservas, dulces y frutos secos». Pero Mariño considera que en este verano las ventas han descendido ligeramente. «Antes la gente venía y llevaba productos para tres o cuatro meses. Nosotros dependemos en gran medida de la situación de la economía francesa, y se está notando la crisis. No vendemos como hace unos años», concluye.

Una opinión similar defiende Susana García, del bar Patis. «Hemos notado mucho el descenso en los últimos tres o cuatro años. Ahora muchos clientes piden un vaso de agua y poco más». También se refiere a la diferencia de horarios. «Podemos empezar a dar comidas a las 11.30 y encontrarnos con que a las 16.30 nos llegan nuevos comensales». En bebidas, el Ricard y la sangría se llevan la palma. «Aprovechan los buenos precios de nuestro alcohol. Recuerdo a un cliente que a las nueve y media de la mañana pidió un café. Después se bebió un whisky con coca cola de trago y pidió un segundo para disfrutarlo con más calma». Por la tarde, el ambiente baja sensiblemente.

Norma Ainara Jiménez, responsable de Chez Flamenco, asegura que «gente hay, pero de poco dinero. Cuidan mucho sus gastos. Además, la temporada ha empezado tarde, prácticamente en agosto. Miran mucho el euro». Según dice, las estancias veraniegas son más cortas. Lo que hace unos años era una quincena se ha convertido ahora en siete días. «Y es que el mal tiempo ahuyenta al turismo que busca el sol. Por eso este año están siendo algo más bajas las ventas». Pese a ello, Jiménez mantiene el optimismo. «El próximo año seguro que será mejor. Además, en nuestro caso, dedicándonos al flamenco, tenemos un trabajo mayor en invierno. Hay muchas asociaciones y escuelas de baile que nos encargan trajes. En agosto las compras son más juveniles y más baratas, como imanes o recuerdos».

En el apartado de quejas, confluye con muchos de los comerciantes de la zona. «Es Irun pero parece distinto. Prueba de ello es que hasta los domingos tenemos OTA», critica. Y es que las dificultades de aparcamiento constituyen una de las preocupaciones principales de la zona comercial.

Menos tabaco

Junto al alcohol, el tabaco es otro de los productos más demandados. En vacaciones se pueden ver largas colas de franceses adquiriendo cartones de JPS, Gauloise y las marcas punteras de Philip Morris. Pero el consumo ha descendido. Según la responsable de uno de los estancos de la zona, «en invierno Behobia ha bajado mucho. Ya no es lo de antes ni por asomo. Las compras de los transportistas se han acabado y la subida del precio de la gasolina disuade a muchos franceses de visitarnos». Y es que éste es su gran público. «El español no viene aquí porque puede comprar lo mismo en cualquier estanco de Irun. A veces vienen buscando algún puro especial o marcas raras que no pueden encontrar allí, pero son siempre una minoría».

Naiara Arambarri, del restaurante Enrique, hace un balance más favorable. «Agosto está funcionando bien, aunque es verdad que antes de la crisis teníamos cola». El restaurante reconoce que los franceses «no tienen unos horarios tan estables de comida como los de aquí». Dentro de las anécdotas, recuerda a un estrambótico que pidió «un flan casero con código de barras».

Behobia mira hacia el futuro con esperanza. Confía en que la recuperación de la economía europea, y en especial la francesa, sirva para volver a los mejores tiempos.