YUGULAR

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Me temo que, entre los seis candidatos que el martes por la noche debatieron en TVE, una en concreto se creyó que estaba en 'Sálvame'. Mucho menos gritona que Belén Esteban pero con idéntica mala leche (o más), Cayetana Álvarez de Toledo solo parecía tener un cometido: lanzarse a la yugular de sus contrincantes. Y, en especial, a la de María Jesús Montero, representante del PSOE. Le faltó meterse con su atuendo (una especie de homenaje a la bandera portuguesa). Porque Toledo no estaba allí para hablar de su libro, sino para quemar los de los demás. Su nivel de agresividad fue tal que a su lado Gabriel Rufián (un profesional de la bronca) parecía un angelito de la guarda, un sumiso paje de los Reyes Magos del Oriente catalán... Rufián seguramente echó mano del cinismo. Pero, puestos a elegir, no sé si no prefiero que me time un cínico a que me atraque una navajera.

Eso es lo lamentable, que tengamos que decidir entre lo malo y lo peor. Dicen que la cámara no miente, así que en los debates televisados, más allá del candidato, se suele trasparentar la persona. En mi caso, y supongo que en el de muchos espectadores, le concedo casi tanta importancia al programa de gobierno que me venden (casi siempre demasiado demagógico y mal argumentado), como al factor humano. Si el aspirante es capaz de dialogar con respeto, con flexibilidad, tolerancia y, a ser posible, una pizca de autocrítica y de sentido del humor, ya tiene para mí mucho ganado. En cambio, quien discute a dentelladas, insulta, se dedica a repartir carnés de indecencia y a enumerar los errores cometidos por los demás sin reconocer jamás uno propio me provoca un rechazo insuperable. Pienso que si así debate hoy, cómo gobernará mañana...

Defender que en el juego político cualquier tipo de 'hooliganismo' vale me parece un insulto a la inteligencia del votante. Sin embargo, es el signo de los tiempos. Por lo visto, a ciertos jóvenes candidatos no les enseñaron en clase a sumar, solo a restar y a dividir. Bonito panorama... Y ahora encima sin el maestro Alcántara, que desde el cielo de los buenos columnistas seguirá esta atropellada campaña con una sonrisa irónica, escéptica e inevitablemente triste.