Con tres palabras

El sultán y la modelo, rodeados de bellas jóvenes y ramos de flores el día de su boda. /  R. C.
El sultán y la modelo, rodeados de bellas jóvenes y ramos de flores el día de su boda. / R. C.

El ex rey de Malasia se divorcia de la 'miss' rusa por la que abdicó y ella no se da por enterada

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Talaq, talaq, talaq'. En Malasia pronuncias tres veces esa palabra y te conceden el divorcio. Aquí dices 'Talaq, talaq, talaq' y, como mucho, te acercan un martillo... El sultán Mohammed V de Kelantan, que es malayo, ha recurrido a esa curiosa fórmula para divorciarse de su despampanante mujer, una exmodelo y exMiss Moscú de 25 años con la que se había casado solo siete meses antes. Lo sorprendente (además de todo lo anterior) es que encima había renunciado al trono por ella. A un trono de oro macizo nada menos. Eso sí, con fecha de caducidad, porque allí en Malasia los sultanes se reparten la corona de manera rotatoria. Y a Mohamed, con esposa rusa o sin ella, el reinado se le terminaba en 2021.

De cualquier forma, es muy chocante que quien ha resuelto abdicar por amor cambie de idea tan pronto. Se supone que una decisión así no se toma a la ligera, que el sultán a sus 49 años habrá comprobado si hay agua antes de lanzarse a la piscina, aunque ya sabemos que el amor es ciego y tiende al descalabro. El motivo del divorcio de momento es un misterio. Pero parece haber sido todo menos amistoso. «Eviten utilizar títulos reales para referirse a ciertos individuos», advierte el sultán en un escrito. Y aquí en concreto la individua es su ex, Oksana Voevodina, que ya no podrá escribir con letras doradas el título de reina de Kelantan en sus tarjetas de visita.

La pareja tiene un hijo en común, que nació solo seis meses después de la boda, y a quien su madre ya se refiere (con indesmayable optimismo) como «el futuro rey de Malasia». Y es que a Oksana a ínfulas no le gana nadie. Apenas se casó con el sultán decidió cambiar de nombre. Eligió llamarse Rihana (quizás porque Beyoncé le sonaba menos árabe). La joven en realidad ya había ostentado un cetro. Fue Miss Moscú en 2015. Y parece que desde entonces le había cogido apego a lo de llevar corona. De hecho cuando conoció a su marido y él le dijo que era el rey de Malasia, ella le replicó: «Sí, y yo soy la reina de Moscú».

Padres de un niño, el matrimonio les ha durado solo siete meses

Un poco bandida

Hija de un cirujano ortopédico y de una antigua reina de la belleza en la Rusia de los 90, a Oksana no le pareció un obstáculo que su marido malayo le doblara la edad y, menos aún, que le centuplicara la cuenta corriente. Se convirtió al islam sin rechistar y se dio de baja en sus redes sociales para borrar un pasado peligrosamente mediático. Su trasmutación no quedó ahí. Ya convertida en Rihana, la joven Oxana confesaba que antes de conocer al sultán había sido «un poco bandida»... De hecho, la noticia de que en su Rusia natal había participado en un 'reality' donde aparecía manteniendo relaciones sexuales ante la cámara fue lo que provocó la abdicación de su marido solo dos meses después de la boda.

La reacción de la joven tras el divorcio ha consistido en volver a sus viejas costumbres. Ha reabierto una cuenta en Instagram en la que de momento se limita a publicar fotos familiares y elogios al padre de su hijo. Su representante legal asegura que «la separación es cosa de un medio sensacionalista». Dice que Oxana se casó por amor (sin especificar amor a qué o a quién) y que ella sigue casada. Se ve que, como occidentales, ni él ni su representada acaban de asimilar la fórmula del triple 'Talaq'... En el fondo es comprensible, aunque aquí no somos tan diferentes a los malayos. A nosotros también nos bastan tres palabras para proceder a un divorcio irrevocable: ¡Ahí te quedas!