Aarón Vivancos: «Lo de tener 40 hijos se lo dejo a mi padre»

Con la maleta en la mano. Aarón no vive en casa «más de un mes seguido» desde la adolescencia. / R. C.
Con la maleta en la mano. Aarón no vive en casa «más de un mes seguido» desde la adolescencia. / R. C.

Aarón Vivancos repasa los 16 años de éxito del famoso grupo

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Tiene 38 hermanos y con seis de ellos (hijos de cuatro madres distintas) lleva más de quince años taconeando por todos los escenarios del mundo y poniendo al público en pie. Aunque desde hace dos años los Vivancos han dejado de ser siete. No por desavenencias (eso lo tienen muy controlado), sino porque el menor, Josué, decidió abandonar las interminables giras para dedicarse a sus dos hijos pequeños. El cetro de benjamín se lo cedió Josué a Aarón, de 36 años (37, el 4 de marzo). Bailarín, consumado gimnasta, flautista, guitarrista y ahora también violinista profesional, al discretísimo Aarón nunca se le ha relacionado con Ana Obregón, como le ocurrió a su hermano Israel, ni con Miriam Sánchez, que fue pareja de su hermano Cristo... Él vive entregado al arte. «Al final, hay mucho montaje», lamenta. El grupo está a punto de iniciar una gira por Estados Unidos, donde además concursan en el 'talent show' de la CBS 'World's Best' y ya han conseguido superar la primera fase.

En su espectáculo 'Nacidos para bailar', los Vivancos actúan con traje de luces, en el sentido más literal. No solo se calzan chaquetillas de torero, sino que su vestuario incluye prendas de alta tecnología dotadas de leds que permiten, en una sola coreografía, hasta cuatro millones de combinaciones lumínicas. Un ingeniero de la NASA ha supervisado la estructura desde la que los bailarines se cuelgan a más de seis metros sobre el suelo, y la hélice gigante sobre la que bailan... «El límite no existe -afirma Aarón-, hay que seguir sorprendiendo, porque el día que pierdes esta motivación las cosas no salen igual y eso se nota».

Con esa pasión por el espectáculo, que su padre les inoculó desde que echaron los dientes, los Vivancos han llegado a convertirse en fenómenos. Israel posee el récord Guinness en taconeo con 1.317 golpes por minuto. «Lo presentamos a él porque tiene mucha potencia, pero más o menos todos taconeamos así de rápido. Yo mismo -dice Aarón riendo- me animaría a retarlo». Aunque nunca se ha visto en el papel cuché, como sus hermanos Cristo e Israel, el más joven del grupo también se ha codeado con famosas. Entre ellas, Estefanía de Mónaco. «La conocimos en el festival de circo que ella organiza en Montecarlo. Fue muy divertido. Estuvimos de copas, de risas y hablando de tonterías... Lo normal después de una función. Es sencillísima, justo lo contrario de una princesa altiva. Y el circo realmente lo vive».

Los Vivancos se acaban de embarcar en una gira por Estados Unidos

Aarón Vivancos sabe que su nombre significa 'hombre de la montaña' e 'iluminado'. «Digamos que estoy a mitad de camino entre la caverna y la iluminación», bromea. Nacido en Reus (Tarragona), viajó a los dos años a Canadá, cerca de Vancouver, para instruirse en todo tipo de artes bajo la batuta de su prolífico (y polémico) padre. De la secta Raschimura, que montó el ya desaparecido Pedro Vivancos, dice no tener noticia... «Eso fue antes de que yo naciera. Solo puedo decir que me crié en armonía, en un ambiente artístico y familiar sano. Estar 35 años juntos creo que ya dice mucho...». Vivancos padre tuvo siete mujeres. Y Aarón asegura rotundo que «él y ellas, para nosotros, fueron unos padres de Premio Nobel».

«La armonía se impone»

No obstante, el bailarín no pretende emular a su progenitor. «Yo solo aspiro a ser la mejor versión de mí mismo. Ahora no tengo pareja. Y me encantaría vivir la experiencia de tener un hijo más adelante, pero lo de tener 40 se lo dejo a mi padre». A los Vivancos los criaron vegetarianos, «pero ahora ya le entramos al jamón», precisa Aarón. Viven desde la adolescencia con una maleta en la mano y «no pasamos más de un mes en casa». En esa gira perpetua, la convivencia se antoja difícil. Sin embargo, ellos aplican a sus diferencias una inteligencia emocional que ya quisiéramos para nuestros políticos... «Hemos aprendido a ceder un poco todos, a no tomarnos las discusiones como algo personal y a respetar todas las opiniones. Al final, la armonía se impone porque todos tenemos claro que la amistad, la familia y la unión son para siempre y que no podemos romper esas conexiones que nos hacen cuidarnos unos a otros».

Animados por esta filosofía de vida, los Vivancos crearon en 2016 'Taconeo Solidario', un proyecto con el que el año pasado recaudaron más de 43.000 euros que repartieron entre distintas fundaciones. «Hemos bailado en hospitales de niños con cáncer para sentir de cerca su reacción -explica-. Verles sonreír es un alimento para el alma».